El pasado 6 de abril el Tribunal Oral Federal (TOF) condenó a María Angélica Nieva (64) y a Mario Osvaldo Moreno (65) a la pena de siete años de prisión domiciliaria, tras haber sido hallados culpables en el delito de “trata de personas por acogimiento con fines de explotación sexual, doblemente agravado por abuso de la situación de vulnerabilidad y por el número de víctimas”. Para el juez federal Juan Carlos Reynaga quedó demostrado que ambos acusados acogieron a ocho mujeres, que ejercían trabajos sexuales, abusando de su situación de vulnerabilidad. La whiskería Las Rejas, donde regenteaban a las mujeres, quedaba ubicada sobre calle Buenos Aires al 800, en la zona sur capitalina. Si bien el magistrado concedió el beneficio de la prisión domiciliaria, a la vez dispuso la integración de una junta médica para que practique un exhaustivo control médico a ambos imputados a los fines de indicar si éstos pueden permanecer o no en el Servicio Penitenciario Provincial.
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Abusaban de su situación para explotarlas sexualmente
De acuerdo con la fundamentación a la que El Ancasti tuvo acceso, Nieva y Moreno ‘ampararon’ a ocho mujeres con fines de explotación sexual en la “whiskería” “Las Rejas”. Allí “las mujeres ejercían como meretrices-alternadoras -con supuesto consentimiento-, y eran explotadas aprovechándose de su especial estado de vulnerabilidad, con claros y unívocos fines por parte de los procesados de explotarlas sexualmente para lograr a través de ello un rédito netamente lucrativo”, remarcó.
Durante el debate, María Nieva había declarado que “las chicas que necesitan trabajar iban. El local tenía una habilitación, ella tenía un trato con las chicas del cual le quedaba un porcentaje, muy rara vez mantenían relaciones sexuales allí, que ellos ganaban dinero con las copas, con las bebidas, no con los pases. Pero sí le daban un porcentaje por la habitación”. Se le había preguntado si recibía dinero por la actividad sexual que realizaban las chicas y respondió que sí.
A su turno, Moreno detalló que ganaban el 50% de la actividad sexual de las chicas, además de las bebidas. “Las veces en que las chicas quedaban afuera ellos pedían el documento de los clientes como garantía y lo guardaban en la casa, por seguridad”, indicó.
Para Reynaga, las propias declaraciones realizadas por parte de los acusados resultaron una prueba fundamental de la existencia del hecho y su participación material de los procesados que se les imputó. A la vez, señaló que constituyó de sumo valor probatorio una conversación entre el acusado y una mujer: “… Bueno, llevo el hiv que tengo acá y el coso, el carnet”, dijo ella y Moreno le respondió: “Y bueno… ya yo creo que tengo ahí un carnet, un papel”. De esta manera, para el magistrado quedó demostrado que Moreno no solo administraba comercialmente la “whiskería”, sino que también ejercía un control sobre la salud de las víctimas a las cuales acogía para explotarlas sexualmente abusando de su situación de vulnerabilidad”.
A la vez, indicó que con apoyo de la División Trata de Personas de la Policía de la Provincia se logró constatar que efectivamente en el local denominado “Las Rejas” estaban las mujeres, todas mayores de edad, a quienes explotaban sexualmente, ante las necesidades económicas que revestían. “Los acusados acogieron a ocho mujeres, que ejercían trabajos sexuales, abusando de su situación de vulnerabilidad, simulando su consentimiento para aprovecharse, siendo esto confrontable con los propios dichos de las víctima”, advirtió.
Testimonios
Una de las mujeres rescatadas contó que cuando su hija pequeña se enfermó “me vi en la obligación de buscar este trabajo. Yo como la conocía a esta señora Nieva María Angélica y por necesidad de trabajo… le pedí que me prestara dinero y que luego yo trabajaría en el local comercial. Algunos pases se hacían en el local, y por seguridad en la primera pieza, a la par del baño. Había personas que no querían estar en esa habitación y nos pasaban a otra, los clientes manejaban esa situación… yo empezaba a trabajar desde las nueve de la noche hasta las cinco de la mañana… Los padres de mis hijos no me ayudaban. Yo estoy angustiada porque no tengo trabajo…”.
Otra mujer contó que su familia estaba integrada por cinco niños y su mamá.
“Yo llegué a trabajar al local Las Rejas cuando empecé a ayudarla a la dueña a vender bebidas, luego empecé a hacer copas porque ganaba mucho más… y como yo veía que las demás chicas ganaban más empecé a trabajar de alternadora. Por los pases se cobraba según el tiempo y la cara del cliente, se cobraba entre 200 y 300 pesos. Yo a los pases los hacía afuera del local porque mis clientes me buscaban en el lugar, y cuando yo salía del local para hacer un pase la dueña le anotaba la patente del auto y le pedía que deje un documento en garantía. Ahora que no trabajo no tengo nada y necesito trabajar. Yo cobro un plan de asignación por hijo, el padre de mis hijos no me pasa plata. Yo a mis hijos los crié sola, por eso entré a trabajar de eso…”, recordó.
Una tercera mujer rescatada contó que era madre de dos niños pequeños. Uno de sus hijos estaba viviendo con su abuela materna en el interior catamarqueño. “Yo empecé a trabajar en el local Las Rejas de copera. La comida la pagaba cada una, yo pedía comida y comía en el local. Yo lo que necesito es trabajar, necesito tener plata para mis gastos y los de mis hijos”, comentó.
Con estos testimonios, el magistrado entendió que las víctimas revestían un delicado estado de vulnerabilidad, debido a las precarias condiciones económicas que atravesaban, “ello en la mera razón de no poder hacer frente a sus obligaciones familiares, constituyendo ellas ser el único sostén económico, situación ésta que se vio aprovechada por los procesados en autos para valerse de las mujeres víctimas del hecho para explotarlas sexualmente en el local denominado 'Las Rejas'”.
La investigación de “las casas de tolerancia”
En noviembre de 2010 el Ministerio Público Fiscal dispuso como primera medida que la División Trata de Personas de la Policía de la Provincia iniciara trabajos de inteligencia criminal sobre los locales comerciales denominados “casas de tolerancia”, en los cuales se ejercían la prostitución. El 18 de febrero de 2011, se informó que se pudo constatar la existencia de cinco locales comerciales del rubro “whiskerías”, entre los que se encontraba el denominado “Las Rejas”. De la investigación se pudo determinar que en este local se encontraban trabajando mujeres como “alternadoras-meretrices”. Por su propio relato, se supo que realizaban dicha tarea por necesidad, debida a su situación económica.
Finalmente, el 20 de diciembre de 2014, cerca de la 1.22, la División de Trata de Personas con personal del Programa Anti-impunidad dependiente del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Catamarca allanó este local. No solo estaban los propietarios sino también las mujeres explotadas, el empleado de seguridad de la whiskería y seis clientes. En dicho registro se pudo proceder al secuestro de una cantidad considerable de preservativos, geles íntimos, anotaciones referidas a “pases”; además de carnés sanitarios y dinero en efectivo.