Celia Aparecida Moreira Pinheiro es una mujer de 40 años, de nacionalidad brasilera, que reside desde hace algún tiempo en Tinogasta. Se sentó en el banquillo de los acusados del Tribunal Oral Federal (TOF), imputada por el delito de trata de personas, acusada de haber explotado sexualmente a otras cuatro mujeres, en la whiskería La Torre, hace más de cinco años.
La acusada, frente al juez federal José Camilo Quiroga Uriburu, se declaró inocente. “Trabajaba tanto como las mujeres. Trabajábamos juntas y no le sacaba la plata”, aseguró. Recordó que el primer dueño era Carlos Aurelio Palacios, pero al morir él, “hicimos una sociedad con las mujeres”. Por ello, expresó que no se sentía “tan culpable” de lo que se la acusaba. “No es tan así”, advirtió.
A su turno, el fiscal federal subrogante Santos Reynoso remarcó que la acusada tiene otra causa pendiente posterior, de 2014. A preguntas de Reynoso, recordó que junto con las mujeres “hacíamos pases y copas. El trabajo sexual lo hacía la que quería”. La mujer reconoció que cuando Palacios era el dueño de la whiskería ella estaba de encargada. Vivía “con las chicas” y se encargaba de la limpieza y de prepararles la comida.
“Las chicas eran una de Mendoza, otra de Tucumán y dos de República Dominicana. Llegaron solas y tenían libertad para ir y volver”, indicó.
A preguntas de su abogado defensor Asim Assad, contó que en el local “estábamos seguras, protegidas, nos cuidábamos entre nosotras. Estábamos sin los peligros de la calle”.
Al mismo tiempo, remarcó que ninguna de las mujeres se encontraba en una situación vulnerable. “A veces no tienen un buen manejo del dinero y vuelven (a la prostitución). Quien lo hace por necesidad, por un plato de comida, no vuelve”, aseguró. En este sentido, insistió en que no había explotación sexual. “No se puede explotar a una persona si se hace lo mismo”.
Moreira Pinheiro detalló que “armamos una sociedad y repartíamos la plata en partes iguales. Al principio, manejábamos un mes cada una”. Luego, según su testimonio, por su experiencia como administradora, sus compañeras le pidieron que quedara al frente de la administración.
También, tras las preguntas de su defensor, declaró que Palacios tenía vínculos, sin precisar de amistad o de negocios, con un policía de apellido Pereyra. Moreira Pinheiro recordó que Pereyra le había pedido dinero prestado a Palacios. Al mismo tiempo, indicó que dos gendarmes eran clientes de la whiskería. “Conocía (a los gendarmes) porque iban a local. Después me llamaban y me preguntaban qué chicas estaban o si había mucha gente para no ir en ese momento. Si había poca gente, no iban y pedían que le mandara a la casa alguna chica. Los dos eran gendarmes”, remarcó.
En esta audiencia, se presentó un testigo, Antonio Agustín Suárez (65). El hombre era propietario de un terreno vecino de la whiskería. Contó que siempre encontraba preservativos tirados en su predio, pero que no se animaba a reclamar porque el ambiente “era muy pesado”. El debate pasó a cuarto intermedio hasta la semana próxima.