La noticia del fallecimiento de un cadete de la Policía de La Rioja, quien murió a causa de los serios problemas de salud que le generaron los extremos entrenamientos a los que fue sometido durante la instrucción, no es para nada ajena a Catamarca.
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En Catamarca se "abandonó" a los aspirantes “bailados” en la Escuela de Suboficiales
Hace poco más de un año, seis jóvenes estudiantes de la Escuela de Suboficiales de nuestra provincia debieron ser internados en grave estado por las mismas causas. También fueron víctimas de los denominados “bailes” y pasaron meses recuperándose y luchando para poder superar el trastorno físico y mental que les quedó tras la exigencia a la que habían sido sometidos. Y en esos meses, según afirman, no recibieron colaboración alguna por parte de las autoridades provinciales.
Afortunadamente, y a diferencia de La Rioja, en aquella oportunidad no hubo víctimas fatales y quizás por eso el hecho se fue olvidando. Sin embargo, los últimos acontecimientos ocurridos en la vecina provincia, lo volvieron a poner en el centro de atención.
Uno de los alumnos que fue internado hace un año, más precisamente el 6 de enero de 2017, se comunicó con elancasti.com.ar y denunció que fueron “abandonados por las autoridades”. Aseguró que nadie pregunto cómo estaban o como habían quedado luego de lo ocurrido.
“Ya pasó un año de nuestra traumática experiencia y hasta el día de hoy nadie se hizo cargo de nosotros, jamás nos brindaron ayuda y tampoco volvieron a preguntar de nuestro estado de salud. Salud que quedó deteriorada y con secuelas comprobadas y estudiadas por los médicos que nos salvaron la vida en el hospital San Juan Bautista”, contó Dante Exequiel Moya, quien llegó a estar muy grave y tuvo que ser sometido a diálisis.
“En mí caso sufrí deshidratación, falla renal aguda –fallaron los dos riñones-, perdida muscular total del tren inferior –en ambas piernas- . Fui sometido a nueve sesiones de diálisis de cuatro horas cada una, estuve tres días en terapia en grave estado. Tengo historias clínicas, diagnósticos de psicólogos y así también estudios de las secuelas que dejó el terrible estado de salud por el que pase”, contó y luego denunció que “jamás las autoridades hicieron nada por nosotros, ni siquiera preguntar por nuestro estado de salud. Cada uno de nosotros tenemos familia a cargo y en ese entonces era nuestra única esperanza poder ingresar a la fuerza policial para tener una mejor calidad de vida”.
Pero Moya no fue el único en ser víctima de estos “bailes”. En aquella oportunidad hubo cinco jóvenes más internados: Carlos Sequeida, Matías Restelli, Martín Barrionuevo, Darío Rodríguez y un joven de apellido Pacheco, de Recreo.
“Después de salir de la internación que fue a fines de enero, tuve serios problemas psicológicos post traumáticos como pérdida de sueño y pesadillas, también tuve problemas de presión (por la falta de sal en el cuerpo), padecí problemas gástricos, intestinales, físicos. Me costó mucho recuperar mí motricidad, volví a correr a los dos meses casi . Hoy en día puedo decir que estoy bien, que puedo trabajar y hacer deporte, nada en exceso pero lo puedo hacer. Le debo todo a los médicos y especialistas de hospital San Juan Bautista que hicieron todo para que salgamos del cuadro deplorable en el que caímos, y también agradecido a nuestras familias que estuvieron días y noches al lado nuestro”.
Tras el hecho, los familiares realizaron las denuncias correspondientes, pero la causa sigue en proceso judicial. Por su parte, desde las Secretaría de Seguridad y la Policía de la provincia solo se tomó la decisión de remover al director de la Escuela de Cadetes, Marcelo Gutiérrez, y al jefe de instructores, subcomisario Romano. Esta es otra considerable diferencia con la vecina provincia, donde el gobernador, Sergio Casas, removió a toda la cúpula de autoridades incluyendo al secretario de Seguridad.