jueves 20 de agosto de 2026
el otro misterio de la merced

Pasaron 11 meses y nadie sabe quien mató a Varela

Su cuerpo apareció maniatado y su casa consumida por las llamas. No hay ningún sospechoso por su muerte.

Por Redacción El Ancasti

La Merced es un pueblo de Paclín que queda a 45 minutos de la Capital y está ubicado a casi 55 kilómetros. Sin embargo, pareciera que se trata de una tierra de misterios o de crímenes sin resolver.

El 25 de febrero del año pasado apareció el cuerpo de Segundo Varela maniatado y a pocos metros de casa, que resultó quemada. Era campesino y tenía 65 años. Hoy nadie está acusado o es sospechoso por su muerte. 


Era el sábado por la tarde, cerca de las 18, cuando vecinos alertaron a la Subcomisaría de La Merced que en el paraje El Totoral, en cercanías de Los Túneles de La Merced se encontraba un hombre sin vida. El personal policial llegó rápido al lugar pero el acceso era difícil porque había llovido mucho. Se encontraron con un panorama aterrador: el cuerpo estaba maniatado, tirado como de costado y tenía sus manos atadas con precintos; se encontraba a unos metros de la vivienda en medio de matorrales.

El cuerpo se encontraba en avanzado estado de descomposición y la escasa iluminación no permitió a los peritos revisarlo en el lugar. Tuvieron que trasladarlo a la morgue para la practicarle la autopsia. La Policía informó sobre el desafortunado hallazgo al fiscal Luis Baracat, que se encontraba de turno en esa fecha.


En un primer momento fue difícil precisar si el hombre tenía heridas de arma de fuego, de arma blanca o golpes, si podría haber fallecido a causa de un infarto. Todo dependía de la autopsia para revelar la causa real de muerte.


La pequeña vivienda se hallaba totalmente quemada. Los restos del incendio, más el estado del cuerpo hicieron presumir a los investigadores que la muerte y también el siniestro datarían de varios días. Según se conoció, el hombre vivía solo en el lugar pero era conocido en la villa de La Merced. Se dedicaba a la crianza de animales y a la agricultura.


Los peritos trabajaron toda la noche en el lugar para reunir elementos de prueba pero la copiosa lluvia caída podría haber borrado las huellas en la escena del hecho. Otro grupo de policías de Homicidios trabajaron en el levantamiento de testimonios entre los allegados y amigos. Versiones señalaron que Varela ya había sido víctima de un robo semanas atrás. En este sentido, el móvil del hecho que manejan los investigadores era el de robo. Debido al avanzado estado de putrefacción la operación autopsia no arrojó un diagnóstico concluyente acerca de la causa de muerte de don Varela (65). Sin embargo, los investigadores estimaron que habría fallecido por asfixia, causada por estrangulamiento o por broncoaspiración. Sin embargo, el médico forense detectó un traumatismo que sería coincidente con un puñetazo aunque no sería el causante de la muerte. En el resto del cuerpo no se descubrió otro tipo de agresiones.


A esa altura, una de las hipótesis con que trabajó la División Homicidios era que dos o más personas serían las que participaron del asesinato, el cual habría sido consumado el jueves previo entre la mañana y la tarde. Estos desconocidos habrían sorprendido a Varela en el ingreso a la finca y luego lo redujeron a golpes, hasta finalmente maniatarlo entre los pastizales, a unos 30 metros de la vivienda que habitaba. Allí lo dejaron tirado, agonizando y luego se habrían dirigido a la casa en donde los investigadores sospechan que habrían ingresado buscando dinero, ya que un televisor y otros elementos de valor no habían sido llevados por los delincuentes. Finalmente causaron el incendio y se dieron a la fuga. El fuego arrasó con todo lo que había en ese inmueble. 


Hubo dos sospechosos pero la Justicia debió disponer el cese de arresto. Ante las complicaciones del caso, el jefe de la Policía de la Provincia, Orlando Quevedo, hizo un llamado público a los habitantes de La Merced para que aporten cualquier dato sobre el hecho. Dijo comprender “el silencio de los pobladores ante estos hechos desgraciados, ya que atraviesan por un profundo duelo por dos crímenes muy violentos que los marcaron”.


Ante la falta de respuestas, los vecinos de La Merced habían salido a la calle para pedir justicia. Continuaban con temor por lo ocurrido en esa localidad cinco años antes por el otro horrendo crimen de las hermanas Barrionuevo, que también permanece impune.

 

Dos muertes que tampoco tienen respuestas

La muerte de don Segundo se suma a una lista de crímenes impunes y la comunidad de La Merced cuenta tres asesinatos sin respuestas. En marzo de 2012, los cuerpos sin vida de las hermanas Trinidad y Petrona Barrionuevo habían aparecido en un charco de sangre. Las habían matado a golpes. El único imputado por el horrendo doble crimen fue José Orlando “Maturano” Barros pero en febrero de 2016 los jueces de la Cámara Penal de Segunda Nominación lo absolvieron por el beneficio de la duda. En julio del año pasado, la Corte de Justicia de Catamarca ratificó el fallo y finalmente “Matu”, como lo conocen los mercedinos, fue liberado del todo de culpa y cargo.


Los camaristas Rodolfo Bustamante, Rodrigo Morabito y Fabricio Gershani Quesada con disidencia, lo absolvieron.  “… el asesino se asemejó a un reptil, llegó callado, casi arrastrándose, sin anunciar su ira, sin dar lugar para la defensa”, se asentó en la fundamentación de la sentencia.


La elaboración del voto de los fundamentos de la sentencia estuvo a cargo de Gershani Quesada y Morabito adhirió. Se describió al único imputado por este doble homicidio: Barros no comprende la magnitud de las situaciones; sus asociaciones e idealizaciones son pobres; no tiene capacidad de fabulación ni tampoco un mecanismo intelectual sofisticado para fabular. En conclusión, “Matu” posee una inteligencia menor al promedio. En cuanto a sus aptitudes físicas, al momento del crimen Barros tenía 52 años y pesaba 125 kilos; tiene una cojera y diabetes. Su estado de salud no era óptimo.


“Una persona indigente, con las manos sucias de por sí y probablemente ensangrentadas, no se apoyó en ningún lado, a pesar de su discapacidad, se movió en la escena del crimen como si pesara la mitad o tuviera la mitad de los años o no tuviera problemas de salud o motricidad. A esta altura, la duda se vuelve insuperable. Resulta mucho más sencillo pensar que Barros no estuvo en el lugar del hecho que sostener la hipótesis anterior, que estuvo superando todos los escollos para entrar, y que además no dejó huellas dactilares”, señalaron.


El fallo fue apelado pero la Corte de Justicia de Catamarca resolvió no hacer lugar a este recurso. Por parte del máximo tribunal de justicia, la elaboración del voto estuvo a cargo de la ministra Amelia Sesto de Leiva y sus pares José Ricardo Cáceres y Luis Raúl Cippitelli acompañaron. 


“Los jueces que conformaron la mayoría de ley en la absolución cuestionada dieron razones para concluir que la prueba producida no autorizaba tener al imputado como autor del hecho descripto, al menos, no con el grado de certeza que requiere un pronunciamiento condenatorio”, destacaron.

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