El martes había ingresado caminando a la Cámara Penal de Tercera Nominación. Se sentó en el banquillo de los acusados por “abuso sexual agravado por la convivencia”. Negó los hechos y se abstuvo de declarar. Ayer volvió a ingresar a la sala de audiencia para ocupar el mismo asiento. Su abogado defensor, Pedro Vélez, pidió la absolución pero el fiscal subrogante Luis Baracat pidió una pena de cinco años y seis meses. El delito que se le imputó prevé una escala de 3 a 10 años de prisión.
El debate se desarrolló de manera unipersonal y el juez Marcelo Soria, tras escuchar los alegatos, dio el veredicto: prisión por tres años y seis meses. El hombre salió de la Cámara esposado y escoltado por policías. Se había ordenado el inmediato traslado al Servicio Penitenciario de Miraflores, Capayán.
Por tratarse de un delito de instancia privada, el debate se desarrolló a puertas cerradas para resguardar a la niña. El hecho se produjo en 2011, cuando la víctima tenía cinco años, en una localidad del departamento Ambato. De acuerdo con información a la que pudo acceder este diario, este hombre manoseaba a la niña y obligaba a que lo tocara. Quizá se aprovechó de la situación: ambos convivían en la misma casa, había un vínculo de confianza por parte de la víctima hacia el adulto. El lugar que debió ser un refugio para esta nena se convirtió en una especie de trampa para que este hombre pudiera satisfacer sus impulsos a costa de un ultraje.
La madre de la niña advirtió al bañarla que su hija tenía su zona íntima enrojecida. Enterada de lo sucedido, denunció el hecho. Una de las pruebas fundamentales fue la Cámara Gesell, que ratificó el testimonio de la pequeña.
Según se explicó, la imputación se agravó porque la víctima y el agresor convivían en el mismo domicilio. Se trató, lastimosamente, de un nuevo caso de abuso sexual infantil. En estos casos, el hogar resulta un lugar peligroso, como puede suceder en otros escenarios donde chicos y chicas suelen desarrollar su vida cotidiana, como la escuela, el club o la iglesia.
Hace unos meses, UNICEF Argentina, a través de la Guía sobre Abuso Sexual contra Niños, Niñas y Adolescentes para Tomar Acciones y Proteger sus Derechos, señaló que si bien la mayoría de las víctimas de abuso sexual e incesto paterno filial son niñas y adolescentes del género femenino, también los varones sufren abusos que callan por temor a ser cuestionados respecto a su orientación sexual y por miedo a ser vistos como agresores sexuales.
En la mayor parte de los casos judicializados los abusos son cometidos por conocidos y familiares, que acceden con facilidad al niño y aprovechan la confianza nacida en la convivencia. Suelen reiterarse en el tiempo, durante meses e incluso años, antes de ser descubiertos, se advirtió.
El incesto paterno filial, violación del tabú primordial, es el caso que reviste mayor gravedad debido a las consecuencias devastadoras que provoca sobre todos los aspectos de la vida cotidiana, destruye tanto la subjetividad como la configuración familiar. Cualquiera sea la etnia, edad, condición sociocultural o género de la víctima, estos casos de abuso no pueden ser justificados y nunca son culturales. Expertos en el tema alertaron que existe el mito que afirma que "los niños fantasean, inventan historias y dicen mentiras" pero la realidad es que los niños no pueden inventar algo que nunca conocieron, como la sexualidad adulta.