martes 4 de agosto de 2026
Una ecuación sin resolver

No hay números sobre las agresiones sexuales al grupo LGTB

Dentro de este colectivo se sabe, por el boca a boca, de historias que no se llegaron a denunciar.

Por Redacción El Ancasti

A ella no le gustaba el color rosa ni jugar con muñecas o a la maestra. Tampoco le gustaba lucir vestidos ni trenzas en el pelo. Quería usar shorts, el pelo bien cortito y jugar a la pelota. Una vez dibujó un corazón que unía dos nombres femeninos. Algunas personas no compartieron sus preferencias y la fueron dejando de lado y otros se sintieron con derecho a lastimarla. La quisieron hacer sentir mujer a la fuerza, para que le gusten los hombres, y con la complicidad del silencio guardó esos ataques para que nadie lo supiera.

Historias como éstas, detalles más o detalles menos, son conocidas en el colectivo de la diversidad sexual. Las agresiones sexuales hacia personas que manifestaron otra elección sexual, diferente a lo que se conoce como ‘la normalidad’, se suman a la cifra negra de los abusos sexuales.

Pedro Rosacha es el presidente de la Asociación de Diversidad Sexual Catamarca (DiSCA) y secretario nacional de la UCR Diversidad, toda una autoridad en la Provincia sobre el grupo LGBT. Al momento de hablar sobre la problemática de las agresiones sexuales hacia este grupo social, recordó el caso de una mujer lesbiana. "Ella tenía en claro su orientación pero su hermano la violaba para que sea ‘hétero’. Pasó hace un tiempo y ella jamás denunció. Dejó su hogar y se fue a vivir a otro lugar”, comentó.

Esta mujer lesbiana sufrió, por parte de su hermano, una agresión conocida como ‘violación correctiva’. Para Pedro estas situaciones son muy difíciles y más aún para denunciar. El problema, señaló, es poder afrontar la vergüenza y la carga social porque se sigue culpando y avergonzando a las víctimas por lo sucedido. Además, enfatizó, existe una mentalidad machista.

En los grupos de lesbianas, gays, travestis y bisexuales (LGTB) este tipo de historias solo se sacan con tirabuzón. Son temas difíciles de abordar aunque sea en una charla íntima y con una persona de mucha confianza. "No se pregunta y no se habla. Hay mucho hermetismo. Se siente la falta de seguridad y de acompañamiento en este tipo de situaciones. Si no lo hablo, si no lo digo, significa que no existió”, expresó.

Pedro reconoció que queda el trauma y, a la vez, recalcó la deuda del Estado para con el colectivo LGBT porque se torna complicado que una persona pueda asimilar su sexualidad y se hace más difícil sobrellevarla cuando hay un contexto social con fuertes normas tradicionalistas. Advirtió que en el interior, en relación con la Capital, estos grupos lo viven distinto y se manejan de otra manera y la Provincia en sí también tiene una realidad diferente en comparación con grandes urbes.

Respecto a las agresiones sexuales al colectivo LGBT, el fiscal Ezequiel Walther señaló que este grupo social tiene un alto estigma y esto hace que sea más difícil que lleguen a los estrados judiciales esas denuncias. "Se puede tener conocimiento informal de hechos, pero a la hora de investigar o citar para que se investigue, la investigación es muy difícil. El grupo y el vínculo son mucho más cerrados y las relaciones que existen en esos grupos”, advirtió.

El fiscal aclaró que, en general, los abusos sexuales tienen una cifra negra y el número de las denuncias fue incrementando o decreciendo de acuerdo con las circunstancias sociales y culturales de distintas épocas. "Es probable que las mujeres no se animen a denunciar y a veces tiene que ver con los frenos psicológicos o con las secuelas que el hecho mismo pudo haber acarreado a la víctima más de una vez. Es probable que esto aflore a lo largo del tiempo o de circunstancias particulares de la víctima que permitan poner en evidencia y manifestar este suceso anterior”, explicó.

Con casi 15 años de experiencia en el Fuero Penal, Walther tiene recuerdos, aunque pocos, de casos de hombres que aseguraron haber sido atacados por mujeres pero, con la investigación, se comprobó que ‘sus agresoras’ en realidad se habían defendido de un ataque sexual. "Tiene que ver con la complejidad probatoria de este tipo de delitos que se denominan de alcoba. A veces, nada más está la versión de la víctima”, destacó.

Walther remarcó que de un tiempo para atrás, era mayor la cifra negra que existía en relación con este tipo de delitos por las connotaciones de la más diversa índole y un montón de prácticas culturales machistas que permitían encubrir o tapar determinados casos. "Es parte de la discusión actual si hay mayor cantidad de delitos o es que efectivamente dejan de ser cifra negra y que se tiene más conocimiento de supuestos hechos ilícitos de esta índole”, aclaró.En cuanto a los abusos sexuales, el fiscal consideró que debe haber prudencia con algunas cuestiones porque "existe una falsa hipocresía de todos cuando dicen que pretenden investigar y colaborar, pero a la hora de la verdad cuando se los cita y se les pide que expresen lo que saben y cuenten para colaborar en la investigación, más de una vez esquivan las preguntas o se hacen los desentendidos y no aportan datos que permitan llevar a la investigación a buen puerto aunque tengan conocimiento”.

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