Para una mujer, muchas veces caminar por la calle no resulta fácil, más aún cuando está obligada a realizar el mismo recorrido. No importa como vaya vestida, por donde vaya o la hora que sea: el acoso siempre está. Y a veces viaja en colectivo. Días pasados, a través de la fan page de Facebook El Ancasti posteó un comentario sobre el acoso callejero. En cuestión de horas hubo 698 interacciones, entre comentarios, ‘likes’ y compartir la publicación. En la semana, la versión on line publicó una encuesta al respecto y el resultado fue contundente: de 646 votos, el 50 % manifestó haber sufrido acoso callejero en Catamarca y un 18 % reconoció haber pasado por esta situación pero que no le molestó. Es decir, de alguna manera está naturalizado o hay resignación y tolerancia.
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Acoso callejero, inseguridad y violencia en la vía pública
En el Facebook de El Ancasti, el posteo fue compartido 119 veces. “Se pasan algunos hombres creyendo que les queda lindo decir cosas obscenas a las personas mientras caminan. Realmente me da bronca no poder caminar tranquila sin que alguien me diga algo y es inevitable no sentir ganas de caminar rápido o miedo por todas las cosas que están pasando”, compartió una joven. Otra chica escribió: “Decir que ‘porque las chicas se visten como ellas quieren ellos tienen derecho de decirles lo que quieran en las calles’... ¡Por favor! El acoso en la vía pública también es violencia”.
De decir “piropos” a expresiones obscenas hay una diferencia como la hay también cuando las palabras pasan a acciones. Muchas mujeres reconocieron que en el colectivo alguna vez las acosaron. Como se dice popularmente “las apoyaron”. Otras contaron que las manosearon. El acoso sexual (y menos el callejero) no es contemplado en el Código Penal pero sí el abuso sexual simple, que bien podría encuadrar el toqueteo de nalgas o ‘la apoyada’. Consultado por El Ancasti, Mario Juliano, director ejecutivo de Asociación Pensamiento Penal (APP), consideró que una de las facetas más negativas de la sociedad machista fue y es el acoso al que se somete a las mujeres en la vía pública. “Desde los piropos destinados a demostrar la hombría de quien los emite, a las groserías centralizadas en una parte de la anatomía de la mujer, que avergüenzan no solo a la víctima, sino al resto de las personas que las escuchan. Vehículos que se detienen, persecuciones, sectores donde los acosadores se atrincheran y obligan a dar un rodeo para evitar el escarnio y otras múltiples expresiones de esta cultura retrógrada y patriarcal. Además del acto de violencia de género (que suelen representar estas conductas), también se involucra el derecho a acceder libre y pacíficamente a los espacios públicos y transitar con tranquilidad, sin sobresaltos ni necesidad de experimentar situaciones indeseables”, indicó.
El abogado remarcó que el acoso callejero no se encuentra contemplado como un delito penal en la República Argentina, aunque recientemente ha recibido media sanción un proyecto que lo tipifica como violencia de género. “La calle, la vía pública, es patrimonio de todos y es francamente indeseable que algunas personas la tomen como un campo de batalla para dirimir su discutible hombría. Considero que, de acuerdo con la gravedad de los hechos, debe disponerse de un amplio abanico de posibilidades para posicionarse frente al caso específico. Desde la pública amonestación, pasando por la garantía de no repetición, las medidas socioeducativas sobre género, la imposición de instrucciones especiales, los trabajos comunitarios vinculados con la temática, hasta la multa que, a mi criterio, debería ser la sanción más grave, en tanto y en cuanto la conducta no encuadre como delito penal”, explicó.
TESTIMONIO
“Me pasó a los 12 años, vestida con un pantalón largo y una remera (aclaro para q no se me juzgue por la vestimenta) que un tipo me encerró con su bicicleta en una esquina para tocarme. Ante la desesperación solo me fui y corrí”.
“Me pasa todos los días con la misma persona… ganas de denunciarlo no me faltan pero los de la comisaría capaz no le dicen nada”.
“Pasa y constantemente. Hoy iba con mi hijo en su coche y un señor me dijo ‘que linda la mamita’ en un tono incomodante”.
“Dependiendo el lugar, situación y persona. A veces hasta me causa gracia lo ingeniosos que son”.
“Me pasa seguido cuando vengo en colectivo y va lleno. Ahí nomás aprovechan la oportunidad, te apoyan, te tocan y franelean”.
“En mi barrio hay muchas obras y mi hija no quiere ir sola al kiosco por las barbaridades que le dicen los albañiles”.