sábado 20 de junio de 2026
Durante la segunda audiencia del debate

Piden proteger a una testigo del homicidio de Ezequiel Cengel

La mujer vive a escasos metros de la casa de Calderón. Dijo que teme por su vida y la de sus hijos.

Por Redacción El Ancasti
Un dato revelador se evidencio ayer durante la segunda jornada del debate que busca esclarecer el homicidio de Ezequiel Isaac Cengel. Una de las testigos principales del hecho, Cintia Maldonado, tras contar todo lo que sabía concluyó confesando que estaba aterrorizada, ya que habría recibido decenas de amenazas y habrían saqueado su humilde hogar hasta dejarla sin nada. El Tribunal ordenó que esta situación sea investigada y que la mujer sea protegida con custodia. En tanto, ninguno de los otros testigos que hablaron ayer y que habían sindicado a los acusados en la etapa de instrucción recordó haber nombrado a los hermanos Franco y Ariel Calderón, Jonathan Calderón, Sergio Agüero o a Nicolás Mansilla.

El primero en declarar fue el médico que concretó la autopsia, Rubén Murri. El profesional explicó que el joven tenía 11 heridas en su cuerpo, de las cuales tres habrían penetrado su tórax y las demás serían cortes producto de su instinto por defenderse. De las tres heridas principales, una de ellas habría dado en la vena aorta produciendo su muerte por shock hemorrágico. "La sobrevida en un caso así es de solo 5 minutos”. En tanto, otra de las heridas habría sido infringida con tanta fuerza que la hoja del cuchillo llegó a cortar un hueso de las costillas. 

Asimismo, y a preguntas del fiscal Rubén Carrizo, Murri explicó que a su entender las heridas principales habrían sido producidas mientras la víctima estaba parada. 

Posteriormente declararon tres amigos, Fabricio Andrada, Rodolfo Vera y Ezequiel Olmos, los tres si bien habrían asistido a la fiesta descontrolada que ofrecían los hermanos Calderón en su domicilio, habían salido y vieron correr a Cengel y luego el tumulto ya desde la casa de Vera, ubicada a escasos metros de la de la familia Calderón.

Andrada involucró en el hecho a Jonathan Calderón, y aseguró que había golpeado a Cengel. Si bien su relato no fue del todo claro, el joven mencionó que unas amigas le contaron que Mansilla luego llegó con un cuchillo en la mano asegurando que había dado muerte al joven. Si bien primeramente había involucrado a Franco en el hecho, luego dijo que él no participó de los golpes que le propinaron después.

Vera, en tanto, negó haber sindicado a los jóvenes durante la etapa de instrucción, dijo que los nombres de Sergio Agüero y los hermanos calderón los "sacó del diario”, porque él no los conocía a ninguno.

Por su parte, Olmos, quien había sindicado a todos los imputados en el hecho en su primera declaración, aseguró ante los jueces que nunca lo hizo y que la declaración se la hicieron firmar a la fuerza "los de la Brigada de Investigaciones” bajo la amenaza de que le harían una causa. 

El testimonio de Maldonado fue el más importante. La mujer, quien vive a escasos metros de la casa donde se hacía la fiesta descontrolada, dijo que aquella madrugada vio a Cengel que corría y a un joven alto que llegaba detrás y comenzaban a pelearse, cambiando la versión que habrían dado los imputados durante sus declaraciones. Posteriormente, un tumulto de jóvenes habría rodeado a los otros y ella solo volvió a ver a Cengel minutos después, ya cuando yacía en el piso. "Salí y le pregunté qué le pasaba pero no respondía. Hacía los ojos para atrás y tenía espuma en la boca. Yo entré a casa y le puse una colchita porque supuse que le hacía frío y le dije a un vecino que llame a la policía y a la ambulancia. El médico, cuando llegó me dijo que estaba muerto y le levantó la remera y vi que tenía sangre. Yo no puedo reconocer a nadie, no vi a nadie”, manifestó entre llantos. Asimismo, dijo que escuchó cuando los demás le decían "no te van a quedar más ganas de hacerte el vivo. Cagate hijo de puta”.

Tras su testimonio, el presidente del tribunal, Marcelo Soria, le preguntó si tenía miedo ya que su estado denotaba que estaba muy nerviosa. La mujer, llorando aún más, confesó que sí. Así, relató que había recibido amenazas tanto ella como su hija de 13 años a quien le habrían dicho que era una "botona”, como su madre, y que iban a "pegarle una violada”. En tanto, también robaron en su casa, llevándose hasta las sillas. 

La orden del juez al escuchar su relato fue que se intervenga de inmediato, que su declaración sea enviada al fiscal de instrucción en turno y se proteja a la mujer con custodia.
Seguí leyendo

Te Puede Interesar