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Condenaron a prisión perpetua a Manuel Hernández por el homicidio de la adolescente de fiambalá

“Keyla defendió su dignidad con todas sus fuerzas de niña”

El fiscal Gustavo Bergesio dijo que "acabó monstruosamente con la vida de la niña” a la que descartó como un "pedazo de carne”.
20 de junio de 2015 - 04:07 Por Redacción El Ancasti

Momentos de dolor y bronca se vivieron ayer en la etapa final del juicio que se realizó contra Manuel Argentino Hernández, el homicida confeso de la adolescente de 13 años Keyla Luján Reinoso, quien el 14 de diciembre de 2013 salió a comprar carne y nunca más regresó a su casa de la localidad de Fiambalá, en Tinogasta. En un fallo dividido, pero coincidente en el monto de la pena, los jueces Jorge Álvarez Morales, Luis Guillamondegui y Rodolfo Bustamante condenaron al encausado a la pena de reclusión perpetua.

El primero en abrir el debate fue el querellante y actor civil Hernán Sierralta. Su exposición conmovió profundamente al público presente al enumerar todas las posibilidades que pudo tener la adolescente, que fue mancillada y vapuleada luego con sus dichos por el acusado, quien en algún momento, y para atenuar su pena, adujo que ella lo habría buscado en su domicilio.

Las pruebas obrantes en la causa, enumeradas tanto por Sierralta como por el fiscal Gustavo Bergesio, dieron cuenta de que existían rastros de sangre de la chica en el baúl de la camioneta del acusado, en las paredes de su domicilio y rastros y también en la ropa interior de la jovencita que solo sirvieron para mostrar la brutalidad con la que fue atacada y violada.

"Keyla, siendo una niña, defendió su dignidad con todas sus fuerzas. Prueba de esto son las marcas de arañazos que Hernández tenía en su espalda y que no hablaban más que de un ataque”, dijo Sierralta.

Por su parte, el fiscal Bergesio apeló a las demás pruebas existentes, más allá de la confesión del acusado, y dijo que luego "quiso confundir” mancillando también el honor del abogado defensor que tuvo en un primer momento.
"Hernández le pegó y la abusó mostrando un total desprecio por su género femenino transformándola en un objeto de deseo para luego esconderla en una alcantarilla sabiendo que en cualquier momento podía llover y llevársela la creciente. Hernández quiso tapar el sol con las manos. Yo escuché la grabación de su confesión y puedo asegurar que fue escalofriante. Ahí se escuchan todos los detalles y son mucho más sangrientos”, contó.

"Como si esto fuera poco dejó un reguero de sangre y de ADN por todos lados. No tiene excusa, en el debate dijo que decide castigarla para imponer su misoginia para que entienda cómo debe comportarse un chica y que por esto la mató”, dijo y agregó: "Lo hizo porque es un psicópata y no puede ponerse en el lugar de otro".

Por todo esto solicitó la pena de prisión perpetua para él por el delito tal como venía incriminado.

Por último la defensora, Mercedes Gandía de Morcos, tras aclarar que era la primera vez en su carrera que le correspondía defender un caso así, apeló a las circunstancias de vida de Hernández, quien "nunca fue amado. Él mismo creció con la idea de ser producto de un incesto y una violación. Su madre no lo quería, incluso lo quiso matar. Es un hombre que quiere concluir con su propia vida. No tenía el discernimiento suficiente para saber lo que hacía. Nadie le enseñó nunca lo bueno y lo malo. Todos somos productos de lo que nos ha tocado vivir.

Hernández siempre va a ser víctima, primero de su historia y cuando internalice lo que le hizo a Keyla se sentirá culpable por esto también”.

No obstante y ante las abrumadoras pruebas en su contra solo pudo pedir que reciba una verdadera atención psicológica y psiquiátrica. Asimismo, mencionó que el agravante de femicidio no podía ser considerado, aunque comprendía que sin éste la pena seguiría siendo igual.

Tras deliberar una hora y por mayoría de los jueces Guillamondegui y Álvarez Morales, y la disidencia de Bustamante, solo en lo que concierne al agravante de femicidio, Hernández, quien no quiso agregar nada durante su última palabra, fue condenado a la pena máxima que establece la ley.

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