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Alegatos y sentencia en el juicio por un brutal asesinato

El imputado asesinó a su concubina asestándole 18 puñaladas supuestamente por celos. Ya fue condenado a 9 años por una aberrante agresión a una docente tinogasteña.

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27 de septiembre de 2006 - 00:00
Tal como estaba previsto, en la jornada de ayer comenzó a ser juzgado el ex policía Luis Ernesto Vega (34) por el brutal asesinato de su concubina, Julia María Ávila, a quien ultimó a puñaladas el 29 de noviembre del año pasado en Tinogasta. En la primera audiencia, el acusado se negó a declarar y se escucharon los testimonios de dos testigos, uno de ellos cuñado del imputado y el otro un oficial de policía que actuó en el lugar del hecho, por lo que finalmente el tribunal dispuso un cuarto intermedio hasta la mañana de hoy para la exposición de los respectivos alegatos.

El juicio oral se lleva a cabo en la sala de la Cámara Penal de Segunda Nominación que integran Jorge Álvarez Morales, Rodolfo Bustamante y el subrogante José Antonio Carma. El Ministerio Público está representado por el fiscal subrogante Juan Pablo Morales y la defensa de Vega es ejercida por el defensor oficial Vicente Olmos Morales.

El cruento hecho de sangre que conmovió a la sociedad ocurrió por la tarde de aquel día en el barrio El Progreso, donde el imputado convivía con la víctima y los hijos de ésta. Luego de una violenta discusión por celos, Vega tomó un cuchillo de cocina y le asestó al menos 18 puñaladas a la mujer en todo el cuerpo, lo que le produjo una muerte prácticamente inmediata por pérdida masiva de sangre. Luego el sujeto se autolesionó golpeándose con un hacha en la frente.

Ayer, el primer testigo que pasó ante el tribunal fue Jorge Avellaneda, esposo de la hermana del imputado que a su vez fue quien presenció todo el violento episodio. Debido al parentesco que la une con el acusado, la mujer no fue llamada a declarar, aunque Avellaneda narró todo lo que su mujer le había contado sobre lo ocurrido aquella fatídica jornada. El hombre confirmó que la violenta pelea que terminó con la muerte de Ávila había comenzado por un ataque de celos por parte de Vega ya que sospechaba de algún tipo de relación entre su concubina y Avellaneda.

Luego, declaró un oficial de policía, de apellido Barrionuevo, que fue uno de los primeros en llegar al lugar del hecho y se encontró con el cuerpo de la víctima en uno de los dormitorios y con el imputado herido. En su declaración, el uniformado manifestó que si bien Vega presentaba un corte en la frente y había un hacha en el lugar, estaba “simulando” encontrarse en estado de inconsciencia, ya que aseguró que tenía los ojos “entreabiertos”.

El último testimonio que se esperaba escuchar hoy era el de una hermana de la víctima, aunque ante su ausencia y con la anuencia de las partes, el tribunal dispuso que se incorporase su declaración en sede judicial. Finalmente se introdujo por su lectura la prueba documental y se dispuso un cuarto intermedio para la jornada de hoy, en la que se expondrán los alegatos de las distintas partes que intervienen en el caso.

Vega está acusado del delito de “homicidio simple” cuyo castigo está previsto en el artículo 79 del Código Penal que prevé una pena de entre 8 y 20 años de prisión. Sin embargo, al momento del hecho estaba gozando del beneficio de libertad condicional ya que tiene una condena previa, la que deberá ser acumulada a la que hoy le aplique el tribunal.



Aberrante antecedente

Vega se hizo tristemente conocido en Tinogasta cuando el 26 de julio 1996 entre las 3 y las 4 de la mañana, mientras formaba parte de la fuerza policial, ingresó al domicilio de una docente que había conocido días antes y a quien había acosado insistentemente, y la atacó ferozmente. Según se determinó, el policía le introdujo una botella en sus genitales y luego la golpeó con tanta violencia que la dejó en estado de semi inconsciencia.

El hecho fue enviado a juicio bajo la carátula de “homicidio calificado por alevosía y ensañamiento en grado de tentativa”. Pero el 23 de marzo de 1998, el tribunal de la Cámara Penal Nº 1 lo declaró culpable de “lesiones gravísimas” y le aplicó una condena de 9 años de prisión. Cuando conoció la sentencia, salió riéndose y haciendo señas de victoria de la sala.

Vega estuvo encerrado hasta septiembre de 2003, cuando se le otorgó el beneficio de libertad condicional y regresó a Tinogasta, donde vivió hasta el año pasado, cuando asesinó a su concubina.
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