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Editorial

Un despropósito

17 de agosto de 2024 - 01:15

El presidente Javier Milei protagonizó ayer su enésimo ataque al periodismo y a los periodistas. Recurrió, como sucede habitualmente, a expresiones agresivas que ya han provocado el rechazo de organizaciones vinculadas a la defensa de los derechos de los trabajadores de prensa y de entidades empresarias periodísticas.

El presidente de la Nación sostuvo que los periodistas “perdieron el poder de mentir, calumniar, injuriar, disfamar y hasta extorsionar”. Destacando a las redes sociales, señaló que son un aporte al acceso a la información: “¿Cuál es el problema que haya libertad para que todos puedan decir y opinar lo que quieran como hacen ustedes con total libertad?”, planteó en su cuenta de la red social X.

“Es un clásico verlos llorar contra las redes por haber perdido el monopolio del micrófono. En este sentido lloran porque perdieron el poder de mentir, calumniar, injuriar, disfamar y hasta extorsionar sin costo”, indicó en su publicación, a la que le puso como título “Periodistas en llamas”.

“Periodistas, ustedes han elegido la noble función de informar. Saben que si mienten está mal y así como a Ustedes les gusta controlar al poder, no se quejen si las personas quieren controlar si dicen la verdad. ¿Acaso es mucho pedir que digan la verdad?”, agregó.

La generalización en la que incurre no puede convalidarse. De ese modo involucra en una falta de ética a todos los periodistas, cuando la inmensa mayoría de los que ejercen el periodismo lo hacen respetando las reglas técnicas y éticas que son consustanciales a la profesión. Las sanciones que existen para aquellos periodistas que profieren calumnias o injurias no tienen validez alguna cuando éstas se vuelcan a través de las redes sociales, donde predominan el anonimato o las identidades falsas.

Una noticia falsa o fake news implica para un periodista o un medio de comunicación un costo profesional muy alto. En las redes sociales abundan, forman parte habitual del contenido. Un usuario de redes sociales no tiene la responsabilidad de un periodista, cuya misión específica es verificar la veracidad de lo que publica como noticia, insertar el hecho novedoso en un contexto informativo, explicar sus alcances con honestidad profesional. Ninguna de estas exigencias forma parte del contenido de las redes sociales.

Las redes sociales no son ni buenas ni malas en sí mismas. Pueden servir para ampliar la libertad de expresión si se utilizan correctamente. Pero en la práctica están contaminadas por distorsiones informativas deliberadas, verdades expresadas a medias, rumores instalados intencionalmente para difamar, y son demasiadas veces utilizadas como vehículos para los discursos de odio, como bien sabe cualquier persona que las utiliza y también el mandatario argentino, usuario compulsivo de la red X.

Las críticas al ejercicio del periodismo por parte de cualquier ciudadano, incluido por supuesto el presidente de los argentinos, son absolutamente válidas si se fundamentan con precisión, señalando lo que se considera incorrecto. Pero las generalizaciones son injustas y la reivindicación de las redes sociales para denostar al periodismo es, cuanto menos, un despropósito.

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