Se sostiene con insistencia y con argumentos validados por la práctica cotidiana, que en el turismo es clave la articulación pública-privada. Es decir, la complementación sistemática, organizada y permanente entre el Estado y los actores del sector privado, empresas o emprendimientos que prestan servicios vinculados con el sector. Hay una tercera pata en esta estructura que, aunque inorgánica, cumple un rol importante: los ciudadanos comunes.
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Ser amable no alcanza
La población local también hace su aporte. Hace muchos años el eslogan turístico de Catamarca era “residencia de la simpatía”. Aludía a una cualidad que los visitantes a la provincia le reconocían a los catamarqueños: la amabilidad con la que los recibían y los atendían, la gentileza para responder sus consultas o ayudarlos ante algún inconveniente. El tiempo pasó y hoy la provincia está muy cambiada: ha crecido en población, en servicios y también en infraestructura para la recreación y el turismo. Quizás mantenga aquella buena predisposición que dio origen al eslogan, pero sin duda también el desarrollo evidenciado requiere de mayores exigencias de la comunidad.
Una de esas exigencias, en las que hay falencias que corregir, se relaciona con el cuidado de los espacios públicos. Mantener en buenas condiciones esos lugares donde la gente –el turista, pero también la población local-, disfruta, es clave. No se puede prescindir de esa colaboración, delegando la totalidad de la responsabilidad del mantenimiento en buenas condiciones al Estado, provincial o municipal, según los casos.
Uno de los espacios públicos puesto en valor en los últimos meses en el Valle Central de la provincia es el circuito turístico del dique El Jumeal, con la creación de un ecoparque que incluye la construcción de un parque lineal en la zona alta. La obra es magnífica y el mantenimiento del cuidado y la limpieza por parte del personal municipal muy eficiente. Sin embargo, el esfuerzo que los trabajadores deben realizar es descomunal por la gran cantidad de basura que se disemina en los alrededores pese a la existencia de cestos de residuos en todo el circuito. El propio espejo de agua y ciertos sectores de las laderas de las montañas aledañas presentan desperdicios que no se alcanza a recolectar por las dificultades que conllevan y terminan afeando ciertos sectores.
La inmensa mayoría de los responsables de ensuciar este espacio son los propios catamarqueños. A nadie que concurre a El Jumeal o a otros lugares de recreación y turismo se le pide que limpie; apenas que no ensucie.
Deberán las autoridades, en vista de estas conductas dañinas, implementar campañas de concientización y eventualmente, si no alcanza para modificar los comportamientos, hacer cumplir las ordenanzas que prevén sanciones para los que cometen contravenciones relacionadas con la higiene urbana. Ser atentos, amables y simpáticos con los visitantes no es la única manera que tiene la población local para favorecer el turismo: también es necesaria la preservación en buenas condiciones de los espacios públicos.