Los sucesos que se analizan transcurren en Catamarca en el periodo 1862-1862, llamado “Noche de los siete años”, caracterizado por la aguda crisis institucional. El artículo surge en base a documentación inédita.
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"Omill y los Miriñaques". La caída del gobernador de Catamarca Moisés Omill y la participación de algunas "doñas".
Hay que recordar que el triunfo del gobernador de Buenos Aires, Bartolomé Mitre, sobre las fuerzas confederadas dirigidas por Justo José de Urquiza (19/9/1861), implicó nuevos horizontes políticos con el naciente partido liberal que se fragmentó en la mayoría de las provincias; y que los gobernadores liberales de Santiago del Estero y Tucumán, Manuel Taboada y el cura Campos respectivamente, se disputaron la hegemonía en la región.
Hacia mediados del año 1861 existían dos facciones liberales en Catamarca, una liderada por don Ramón Rosa Correa, quien contaba con el apoyo de caudillos del interior, entre ellos el coronel Juan Domingo Vildoza, caudillo de Ancasti, esposo de doña Eulalia Ares, comandante de la plaza y máxima autoridad militar de la provincia; mientras que a nivel nacional Correa contaba con el apoyo del general Bartolomé Mitre, y en la región con la protección del gobernador de Santiago del Estero, Manuel Taboada.
La otra facción liberal estaba conducida por Moisés Omill, gobernador interino que debía convocar a elecciones de gobernador titular. Éste contaba con la adhesión del gobernador de Tucumán presbítero José María del Campo y de importantes figuras lugareñas federales, como el coronel Octaviano Navarro.
La intervención de los gobernadores nombrados se originó en el interés de apoyar la candidatura como vicepresidente del propio Taboada por un lado, por el otro apoyar al general Marcos Paz, en elecciones nacionales próximas a concretar.
En Catamarca Omill convocó a elecciones para Gobernador, realizadas el 3 de mayo de 1862; Ramón Rosa Correa obtuvo una pequeña diferencia de votos a su favor, resultado que no aceptó el gobernador interino Moisés Omill. Ambos grupos realizaron planteos legales, al tiempo que Omill destituyó a diputados correístas y, en una Asamblea irregular, fue electo gobernador, es decir se prorrogó su interinato. Una de sus principales disposiciones fue la destitución de comandantes militares correístas, José Domingo Vildoza y a los comandantes del oeste Luis Quiroga y Melitón Córdoba. Como consecuencia de ello, las fuerzas militares que respondían a Omill y a Correa, se enfrentaron en las batallas de El Chiflón (1 de julio) y Sumampa (5 de julio), resultando vencedor Omill, lo que determinó su elección como gobernador titular, el 10 de agosto de 1862.
Durante la gestión interina de Moisés Omill se exiliaron las principales figuras liberales correístas, la mayoría a Santiago del Estero, entre ellos Ramón Rosa Correa, José Luis Lobo, Pedro Cano, Jesús María Espeche y Marcelino Augier, destacado dirigente unitario que actuó en la época de José Cubas, gobernador degollado por orden del gobernador Rosas.
Esta ausencia masculina generó el protagonismo de varias mujeres, algunas de ellas esposas de los dirigentes exiliados, como Eulalia Ares de Vildoza a quien la historiografía local de fines del siglo XIX y primera mitad del siglo XX consagró como “gobernadora y dictadora de Catamarca” en base a, particularmente, las publicaciones de Manuel Soria (1915 y 1921) que se apoyaron en relatos orales, a lo que contribuyeron novelas históricas y obras de teatro. Hasta ahora no ubiqué referencias documentales en los sucesos que analizo sobre Eulalia Ares de Vildoza, quien en la ausencia de su marido, sin duda debió asumir la conducción de las actividades económicas en las tierras de la familia en el este de la provincia. Es el mismo caso para su hermana Carmen.
Hubo también otras mujeres protagonistas durante aquellos hechos, varias de ellas unidas por lazos de sangre, como las hermanas de Marcelino Augier: María Pastora de los Dolores Augier -casada con José Luis Lobo-, Bernardina Desideria Augier-casada con José Luis Cano, gobernador de la provincia (1840-1841)-; y Neófita Augier, esposa de Ramón Rosa Correa; quienes en 1857 -a instancias del Gobernador Octaviano Navarro- constituyeron la Sociedad de Beneficencia, institución integrada aproximadamente por setenta mujeres, entre ellas Carmen Ares, hermana de Eulalia.
El 17/8/1862, doña María Pastora Augier de Lobo, le escribió una carta a su “compadre” Jesús María Espeche -exiliado en Santiago del Estero- donde le expresa que se anotició de la mediación de los gobiernos de Santiago del Estero y de La Rioja en la situación de Catamarca que califica como “muy afligente”. También le brinda información local: su marido abandonó la provincia; a un tal Pedro Pablo Carrizo se lo puso preso por haber hablado con un dependiente de Correa y a otro por haber estado en su tienda, de lo que se infiere que atendía el comercio en ausencia de su marido; indica que hay infinitos presos, entre ellos el teniente Quiterio y Pedro Cano; informa la destitución de jefes militares que apoyaban a Correa: Vildoza, Córdoba y Quiroga y que han regresado a la provincia fuerzas federales del coronel Octaviano Navarro, quien apoyaba a Omill. Concluye la carta solicitando a Espeche que interceda ante el gobierno de Santiago del Estero para que la comisión que se envía “no nos ponga el último sello de ignominia, dejándonos siempre al que tenemos”.
Otra mujer que inferimos participó en los sucesos que analizo, fue doña Josefa Olmos, reconocida por su fuerte carácter. Era esposa de don Decoroso Galíndez, jefe de policía del más tarde gobernador Víctor Mauvecín (1863-1866), ambos firmantes del Acta Proclama del 18 de agosto.
En los primeros días del mes de julio de 1862, la situación en Catamarca era insostenible, lo que determinó que el General Mitre designara (11 de agosto de 1862) comisionado de Catamarca al senador salteño General Anselmo Rojo; pocos días después se precipitarán los hechos en el movimiento militar- cívico, mal llamado “revolución de las mujeres”, del 17 y 18 de agosto.
El diario partidario La Libertad informa (23/8/1862) sobre los sucesos: en una noche fría, a las doce horas, un grupo de veintitrés hombres dirigidos por don Daniel Palacios que los encabezaba, armado de fusiles aquellos, y éste con un par de pistolas y en estoque, se presentó de improviso en la puerta del cuartel donde estaba un piquete del Gobierno, de más de cuarenta hombres. El ataque de sorpresa les permitió tomar el cabildo. El grupo se dirigió al domicilio de Omill, el que, “llevando los pantalones en mano, sin sombrero y descalzo”, ya había huido pasando por los fondos de algunas casas. Pocos después se refugió en Tucumán.
Sigue el relato refiriendo que el día 18 de agosto, a la una de la mañana, se reunieron unos 400 cívicos “al toque de llamada”, los que se pronunciaron a favor del gobernador don Ramón Rosa Correa. A las 9 se levantó un Acta Proclama en la que se explicitó la usurpación del poder por parte de Omill y la desolación y ruina para la provincia por su gestión, por lo que se lo destituyó del cargo y se reconoció como Gobernador a Ramón Rosa Correa y se designó gobernador interino a don Pedro Cano hasta que Correa arribara a la ciudad.
Se lee que firmaron el Acta Proclama don Daniel Palacios y nueve personas, entre ellos suboficiales y algunos oficiales, rúbricas que en la mayoría de los casos son realizadas por Ángel C. Lobo, “a nombre de”. A continuación cuarenta y cuatro firmas de ciudadanos, entre ellos Gabriel Romay, Ángel Lobo, Fulgencio Figueroa, B. Amaniu, Isidoro López [director del diario La Libertad], Pedro Cano, Víctor Maubecín, Decoroso Galíndez, Gregorio Valdez, Presbítero Senón Valdez. Al final se observa “siguen las firmas”.
De las fuentes consultadas surge que diversas mujeres de la elite fueron las iniciadoras del movimiento que restableció al Gobernador electo Correa en el poder, afirmación corroborada por la publicación, en el periódico La Libertad (27 de agosto), donde se lee: “Nadie ignora en Catamarca que esta vez el impulso libertador ha sido dado por algunas apreciables señoras muy conocidas en esta ciudad …la gloria de la iniciativa y aún del primer impulso, pertenece a ellas por entero…Un ¡bravo a estas distinguidas patriotas”.
En aquella publicación se incluyó el texto de la carta de la señora Clara Molas de Augier (esposa del destacado político Marcelino Augier), con un escrito previo: “y como se verá una parte muy honrosa en la jornada del 18…le ha cabido al bello sexo de Catamarca…He aquí la carta”, aunque manos interesadas en ocultar y/ o manipular la información, cortaron impunemente el fragmento del diario lo que impide su lectura.
Estas “doñas” estuvieron al lado de figuras políticas descollantes en la época y apoyaron a sus maridos en sus actividades políticas y económicas, siendo protagonistas importantes de la destitución del Gobernador Omill en la noche del 17 de agosto y el 18 de agosto de 1862, permitiendo el gobierno interino de Pedro Cano y pocos días después, la asunción del gobernador titular Ramón Rosa Correa.
Los nombres de las mujeres que se visibilizaron en el golpe militar y cívico del 17 y 18 de agosto de 1862, se suman al de tantas otras con relevancia en la historia de Catamarca y de nuestro país, en tiempos en que la mujer fue relegada por la sociedad patriarcal.
Como se lee en el periódico La Libertad “Omill y los miriñaques, figurarán juntos en la historia de Catamarca…”.
Por Gabriela de la Orden
Junta de Estudios Históricos de Catamarca.