La campaña electoral con vistas a octubre va a dejar mucho para hablar y analizar. Indudablemente si algo le faltaba a este proceso era un condimento que le diera otro sabor en medio de una grave crisis social que atraviesa el país. Los insultos vertidos por Javier Milei a la figura del Papa Francisco armaron una novela poco creíble. Resulta que ahora todos son más Papistas que el Papa. Y piden la intervención de la Iglesia para que muestre su repudio, cuando a la misma vez están bregando por la separación de Iglesia y Estado, que será tema de análisis en otra ocasión. Y aprovechando la oportunidad muchos candidatos se muestran como puritanos y salen a defender a Francisco y hasta hubo Misa de reparación.
El titular de la Comisión Episcopal Argentina (CEA), monseñor Oscar Ojea, afirmó que el Sumo Pontífice "se ha visto maltratado sistemáticamente por algunos medios de comunicación" y expresó su preocupación por el "clima de autodestrucción" surgido en la Argentina en medio del proceso electoral. Cabe aclarar que no sólo es Milei el protagonista de una campaña deplorable.
Ojea expresó hace unos días atrás que "preocupa mucho que, con motivo del proceso electoral del que surgirá el próximo presidente, haya aparecido un clima de autodestrucción en el país y un deseo de que todo se desborde para caer en el vacío".
Además de defender al Papa, Ojea, dejó un mensaje claro que no sólo hacer referencia al libertario. "Esto es como una enfermedad social que anula todo horizonte y proyecto de futuro. Una suerte de autoboicot".
El presidente de la Conferencia Episcopal recordó que el pasado 22 de agosto, pocos días después de celebrarse las elecciones primarias en el país, fue publicado un mensaje ecuménico e interreligioso titulado "Declaración conjunta por un diálogo responsable y comprometido", en el que se advirtió que resulta "imposible construir un país sin diálogo y con insultos, gritos y descalificaciones"."Nos preguntábamos cómo se va a gobernar un país dividido. Y afirmábamos que el clima de violencia en las expresiones de los candidatos no ayuda a la paz social".
La situación social sumado a sus flagelos dejaron de ser vistos y la novela pasa actualmente por seguir hablando del Papa y de su “detractor” Javier Milei. Y tanta defensa no es lo que se vio cuando Bergoglio fue nombrado Pontífice. Inmediatamente salieron a despotricar su figura aduciendo que era un cómplice de la dictadura militar.
El Papa es un humanista que no sólo debe responder a su Iglesia sino a las necesidades del mundo denunciando y bregando, por ejemplo, "el cuidado de la vida" de cada persona, desde el inicio de la concepción, pasando por todas las etapas de su desarrollo hasta la muerte natural". A todo aquel que ha defendido y defiende la vida desde la concepción fue tildado de anti derechos y que la Iglesia era conservadora y retrógrada que no respeta las libertades individuales. La Iglesia señala que la defensa de la vida es uno de los "principios" que deben marcar a todos los candidatos presidenciales que se postulan a los comicios generales”.
Ojea afirmó en este sentido que Francisco no renunciará a estar junto a los pobres y excluidos, tanto que en estos últimos años pidió "a todos los gobiernos un Estado presente, tanto brindando seguridad como garantizando la provisión de bienes primarios para la vida humana, en particular en los barrios más humildes, el respeto por las economías solidarias, y la creación de trabajo genuino y digno, ya que el trabajo es un auténtico ordenador de la vida. Esto no es hacer 'pobrismo'", aseveró el religioso.
Está claro que no sólo es Milei. Los que gobiernan y los que pretenden gobernar este país deben tener en claro cuáles son las prioridades. Es evidente el cinismo de parte de un sector de la política, ahora son férreos defensores de Francisco, pero son los mismos que están atentando y han atentado contra la dignidad de los argentinos. El escenario político está muy embarrado y hay que tener cuidado de aquellos “mesiánicos” que ya gobernaron una vez y dejaron un país empobrecido.
No sólo es Milei. Son varios. Son los mismos de siempre.