jueves 25 de julio de 2024
Aportes Nº 3. Año 2024. Junta de Estudios Históricos de Catamarca

Manuel Belgrano: sus ideas en el campo económico, social y cultural

Josefa del Carmen Batallán.

Una abundante bibliografía considera al gran prócer Manuel Belgrano, su actuación política y militar en las primeras décadas de gobierno patrio. Él creó la bandera nacional como símbolo de un pueblo independiente y, la hizo jurar en Jujuy el 25 de mayo de 1812 para celebrar el segundo aniversario de la Revolución de Mayo. Hoy conmemoramos un nuevo aniversario de su fallecimiento, que se produjo el 20 de junio de 1820, Día de la Bandera establecido en su Homenaje. No es necesario insistir en esos aspectos de su trayectoria por considerar que éstos han sido suficientemente difundidos.

Considero oportuno reflexionar sobre uno de los aspectos menos conocido del general Belgrano, sus ideas. Nuestro prócer fue un visionario que se adelantó a los tiempos para marcar un camino, señalar un horizonte y así, evitar los males que actualmente nos aquejan, entre ellos la pobreza, la desocupación, la violencia, la exclusión social y los vicios. Sus ideas nos interpelan a un debate para determinar en qué medida ellas han sido tenidas en cuenta para forjar nuestra nación.

Manuel Belgrano estaba en España cuando ocurrió la Revolución Francesa y abrevó aún más del cambio ideológico que ella significaba. Según su testimonio lo ganaron a partir de ese momento “las ideas de libertad, igualdad, seguridad y propiedad”.

Para comprender sus ideas en toda su dimensión es necesario abordar brevemente los acontecimientos más importantes que para entonces, se producían en el viejo mundo: en economía triunfaba sobre el mercantilismo proteccionista, la fisiocracia de Francisco Quesnay, creador de la escuela fisiocrática, quien sostenía como base fundamental la necesidad de obtener una completa libertad de producción y circulación de mercaderías. El mayor propulsor fue Adam Smith, quien consideraba a través de su obra Investigación de la Naturaleza y Causa de la riqueza de las Naciones, que las riquezas de un pueblo no dependían esencialmente del metal, el circulante o la agricultura, sino del trabajo y del libre comercio entre las naciones.

Si bien el espíritu de Belgrano había sido conmovido por la revolución ideológica de Europa, él estaba plenamente convencido que, para integrarse positivamente al sistema capitalista, tal cual lo planteaban los teóricos del liberalismo económico, era imprescindible contar con un método sistematizado de producción a fin de agregar valor a los productos de la tierra y así generar trabajo. Reducir el crecimiento económico a la producción y exportación de materia prima es renunciar al desarrollo de una nación. Desde su primera memoria, como Secretario del Consulado, lanzó un plan general para fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio, porque eran los tres rubros importantes que expresa que debían ocupar la atención y cuidado del Consulado. Era la agricultura, según Belgrano, la madre fecunda que proporciona todas las materias primas que dan movimiento a las artes y al comercio. Propugnaba también, la necesidad de la protección a la industria nativa, la instalación de escuelas de dibujo, arquitectura, primeras letras, gratuita para niños y niñas, instrucción técnica, comercio y náutica.

Belgrano era un hombre sumamente preocupado en promover la cultura del trabajo como medio para dignificar a sus ciudadanos. Sostenía: “El derecho de trabajar es una obligación impuesta al hombre por el autor de la naturaleza; es tan sagrada, que es seguramente la primera obligación, el primer deber, como que se halla íntimamente unido a su propia conservación y subsistencia. Atentar contra este primer deber es aborrecerle y decretar de un modo expreso su exterminio”.

Hoy se discute en todos los ámbitos el tema de la desocupación, la pobreza y la necesidad de generar más trabajo y mejor calidad de empleo. Pues bien, Belgrano, tenía muy claro que esta situación podía producirse si no se tomaban las medidas necesarias. Con ese fin, ya en 1801, se trajeron de los EE. UU. maestros curtidores con las herramientas necesarias para establecer en esta capital, fabricación de suelas, becerros y curtidos de esta especie. La necesidad de fundar esta industria nacional era para evitar que los extranjeros adquirieran nuestra materia prima y, luego nos vendieran sus productos elaborados a precios muy superiores. Belgrano fue el propulsor de esta idea y también creía necesario de enviar seis u ocho jóvenes pensionados a distintos Consulados de países europeos para perfeccionarlos en el trabajo de las pieles. Sus ideas lo posicionan como un gran defensor de la riqueza Rioplatense que, con el tiempo dieron forma política a la Nación Argentina.

Actualmente, la educación forma parte de un debate abierto; se discuten los salarios caídos de los docentes; la reestructuración del sistema; la falta de recursos; la calidad de la enseñanza. Pues bien, Belgrano también se lamentaba de problemas similares en su tiempo: “El fundamento más sólido, la base y el origen verdadero de la felicidad pública es la educación, la cual se halla en un estado tan miserable...” y más adelante agregaba, “se podrá asegurar que los pampas viven mejor, porque al fin tienen sus reglas con que gobernarse, conocen una autoridad que los ha de premiar o castigar si faltan a ellas; no así los nuestros que entregados a sí mismos dejan obrar sus pasiones”. En este contexto “¿cómo se quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que las costumbres sean arregladas, que haya copia de ciudadanos honrados, que las virtudes ahuyenten a los vicios si no hay enseñanza y si la ignorancia va pasando de generación en generación con mayor aumento?”. El contenido de la cita evidencia que Belgrano fue uno de los hombres que en su tiempo más se preocupó por la capacitación de su gente. Él entiende que la educación tiene una función decisiva en la formación de la persona. Estaba convencido que los conocimientos que el hombre adquiera deben ser provechosos no sólo para la formación individual, sino también beneficioso para el Estado.

En su pensamiento se refleja su preocupación por los problemas económicos, sociales y culturales más graves de la época, los cuales no sólo no pertenecen a un pasado muerto, sino que hoy, conservan vigencia.

Hoy contemplamos con tristeza a tantos jóvenes inmersos en la violencia y en los vicios por falta de una actividad sana que los contenga, entonces no podemos menos que tomar el ejemplo que nos dejó Belgrano, quien refiriéndose a un problema similar a éste expresaba: “Esa gente, que acostumbrada a vivir en la ociosidad, como llevo expuesto, desde niños, les es muy penoso el trabajo en la edad adulta y o resultan unos salteadores o unos mendigos; estados seguramente deplorables que podrían cortarse si se les diese auxilio desde la infancia proporcionándoles una regular educación que es el principio de donde resultan ya los bienes y los males de la sociedad”.

Es oportuno recordar estas palabras de nuestro prócer: “La unión, es la única capaz de sacar a las naciones del estado de opresión en que la ponen sus enemigos”. De sus palabras queda abierto este interrogante ¿seremos capaces de unirnos para construir su patria soñada?

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