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EL MIRADOR POLÍTICO

"Lo arregló Karina"

21 de julio de 2024 - 00:13

Del modo más demagógico y procaz, el Gobierno intentó usufructuar el escándalo que se desató tras la filtración de un canto tribunero racista y homofóbico entonado por el equipo bicampeón de América en el micro que lo trasladaba tras la victoria en la final. El cerco sanitario que montó la Selección para evitar intoxicarse con la política nacional se fisuró por una imprudencia de Enzo Fernández.

El episodio, impregnado de hipocresía, expuso un estilo de ejercicio del poder patológico que las disculpas presentadas por la hermanísima Karina Milei al embajador de Francia condensó a la perfección.

“Lo arregló Kari”, sentenció Javier Milei para dar por terminado un incidente que él mismo había convertido en diplomático al magnificarlo con la exoneración humillante del subsecretario de Deportes Julio Garro, sometido previamente al escarnio de que su renuncia “inmediata” fuera exigida por el tuitero libertario Daniel Parassini, alias “Gordo Dan”.

Garro fue expulsado por sugerir que unas disculpas de Lionel Messi y el titular de la AFA, Carlos “Chiqui” Tapia, contribuirían a atemperar las reacciones indignadas que habían provocado los ofensivos versos coreados por el elenco mundialista. No lo agregó, pero una declaración de este tipo podría también haber aliviado la situación del propio Enzo Fernández, que enfrenta la posibilidad de severas sanciones del Chelsea pese a que pidió perdón por su indiscreción.

Farsa patriotera

Milei prefirió utilizar tan razonable y nimia manifestación para montar una farsa patriotera.

Después de que el “Gordo Dan” desató la jauría de alcahuetes virtuales, se hizo trascender que el Presidente estaba indignado con Garro para finalizar con el comunicado oficial de la Casa Rosada: “Ningún gobierno puede decirle qué comentar, qué pensar o qué hacer a la Selección Argentina Campeona del Mundo y Bicampeona de América, ni a ningún otro ciudadano. Por esta razón, Julio Garro deja de ser Subsecretario de Deportes de la Nación”.

El ensañamiento con el caído tras este parte se exacerbó, con una perla de la diputada Lilia Lemoine de sutileza borgeana: “Es un tipo que estaba arrodillándose, se lo veía cómo estaba a punto de sobarle la quena a alguien. Yo no quiero un funcionario en el gobierno que vaya a chuparle nada a ninguna potencia extranjera”.

Horas después, sin embargo, Karina Milei se presentaba en la Embajada de Francia a formalizar disculpas por la opinión de la vicepresidenta Victoria Villarruel, que no había querido quedarse afuera de la trascendental controversia.

“Argentina es un país soberano y libre. Nunca tuvimos colonias ni ciudadanos de segunda. Nunca le impusimos a nadie nuestra forma de vida. Pero tampoco vamos a tolerar que lo hagan con nosotros. Argentina se hizo con el sudor y el coraje de los indios, los europeos, los criollos y los negros como Remedios del Valle, el Sargento Cabral y Bernardo de Monteagudo. Ningún país colonialista nos va a amedrentar por una canción de cancha ni por decir las verdades que no se quieren admitir. Basta de simular indignación, hipócritas. Enzo yo te banco, Messi gracias por todo! ¡Argentinos siempre con la frente alta! ¡Viva la Argentinidad!”, tuiteó la vice.

Puede reprochársele a la Villarruel un vuelo poético inferior al de la Lemoine, pero habrá de admitírsele un rigor histórico superior. Al menos en este asunto del colonialismo francés, ya que en otros tiene posiciones discutibles, en el mejor de los casos.

Aunque el Gobierno francés no se había dado por enterado de la polémica, ocupado como está en insignificancias como mantener a raya a la extrema derecha, a criterio de la Casa Rosada el énfasis puesto por Villarruel en el efectivo colonialismo galo traspasaba límites que no habían sido vulnerados por las delicadas alusiones a quenas y succiones de Lemoine.

Enmendar el agravio demandaba gestiones diplomáticas al más alto nivel, la incineración de un subsecretario era insuficiente.

La canciller Diana Mondino no daba la talla. Nadie más que Karina estaba a la altura de tan delicada encomienda, antes por hermana de Javier que por secretaria general de la Presidencia.

La pareja presidencial

La insólita misión de Karina ante la Embajada de Francia perfecciona el grotesco de transformar una estupidez en cuestión de Estado. El trasfondo es más lamentable aún: ratifica cómo la simbiótica relación entre los hermanos Milei contamina la institucionalidad argentina de megalomanía.

Karina es un sostén anímico indispensable para Milei, que la denomina “El Jefe”. El problema no es ese, sino que comparte con él una veta despótica que se complace en denigrar al portador de cualquier divergencia, por matizada y respetuosa que sea. Si no fuera así, su omnipresencia podría resultar muy útil para neutralizar la crónica tendencia a los disparates iracundos del Presidente.

Los hermanos Milei parecen asumir su acceso al poder como una oportunidad para tomarse revanchas personales.

En la saga del Seleccionado coincidieron dos objetos del odio dilectos de Karina: Villarruel y Mondino.

Milei le asignó a la Selección una importancia tan superlativa que la sustrajo de cualquier crítica, al punto de que nadie puede decirle “qué comentar, qué pensar o qué hacer”. No obstante, Karina fue a pedir disculpas que nadie pedía en nombre del Estado nacional por manifestaciones de la Vicepresidenta coincidentes con esa absurda inmunidad, y de paso usurpó las funciones diplomáticas de Mondino.

Javier se vanaglorió luego porque Kari arregló el desaguisado provocado por Villarruel, cosa que Mondino no estaba en condiciones de hacer vaya a saberse por qué.

La propensión de inferir humillaciones de la pareja presidencial es expulsiva.

El caso de Garro se enfila con el de los asesores económicos Fausto Spotorno y Teddy Karagozian, exonerados por “traidores”.

“Origen de la traición”, tituló Milei el tuit en el que explicó ambos despidos.

"Uno traicionó porque quería afanarse información confidencial para hacer más rentable la consultoría. El otro lo hizo después de fracasar en imponer su agenda prebendaria", justificó.

Es de imaginarse el aliento que infunden estas recriminaciones tan sensatas entre los colaboradores presidenciales, el estímulo que significan para el espíritu crítico. ¿Quién con un mínimo de prestigio que perder se arriesgará a exponerlo a la inquina de los hermanos Milei? Solo los alcahuetes, incapaces o logreros sin escrúpulos pueden sentirse cómodos en semejante ambiente.

Y mientras la pareja presidencial se deleita en sus desquites y teorías conspiratorias, las alquimias financieras de Luis “Toto” Caputo empiezan a hacer agua y ya precipitaron la herejía doctrinaria: las reservas del Banco Central, esa vetusta maquinaria de la estafa, se utilizarán para mantener a raya al dólar y la inflación.

La recesión no cede, la recaudación no repunta. Disparada lógica del riesgo país.

Los acreedores de la Argentina se preguntan: ¿si no se acumulan reservas, con qué dólares nos pagarán a nosotros?

Todo es culpa del FMI y los amigos de Sergio Massa. Ya lo arreglará Karina.

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