Los libros constituyen uno de los pilares fundamentales de la cultura, nos trasmiten conocimiento, historia, nutren nuestra imaginación. Son generadores de pensamientos, revelan el pasado ancestral y el origen de nuestros pueblos.
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La desregulación de la Ley del Libro: un golpe a la cultura nacional y a la identidad regional
Por Rosario Andrada
Por eso, existen leyes que resguardan al libro y su difusión, garantizando así el acceso a la cultura, protegiendo lo que se denomina “el ecosistema de las editoriales”, que permite la subsistencia de distintos espacios, ocupados generalmente por las “librerías”, en una variedad de contenidos, temas, género, autores y formatos editoriales.
En ese sentido, la Ley 25542 de Defensa de la Actividad Librera, sancionada en noviembre de 2001, establece en su art. 1) el precio Uniforme de Venta al Público (PVO) cuando dice que el editor, importador o representante de libros deberá establecer un precio uniforme de venta al público (PVP) o consumidor final de los libros que edite o importe. Incluso, en otro articulado se establece los casos susceptibles de descuentos.
Con ello, se pretende evitar la competencia desleal de las grandes cadenas frente a pequeñas y medianas librerías. Es decir, sostener la Bibliodiversidad. También se evita que los libros más vendidos comercialmente, dominen el mercado.
La desregulación, implica la liberación de los precios. El libro en los grandes centros libreros o en los Supermercados, el costo será menor, y por ende la consecuencia fatal, sería el cierre de librerías medianas y pequeñas.
Veamos las consecuencias, que traería aparejado un eventual cierre de estas llamadas “librerías de barrio”; a) al ser nichos de oferta y venta de editoriales independientes o sellos que no tienen alcance nacional, éstas editoriales sólo podrían vender en Ferias o encuentros de los distintos géneros literarios; b)Los autores/as no tendrían margen para ser leídos, por ese lector inquieto, ávido, y curioso de novedades emergentes de un sector liberado del mercado globalizado, que impone los gustos, el leguaje, los deseos, manipulando nuestras decisiones; c) A las grandes cadenas sólo llegan los libros de editoriales muy conocidas o internacionales, autores relevantes de múltiples ediciones, que conocemos; d)La situación se agrava, si consideramos que en la librerías se llevan a cabo presentaciones, disertaciones, talleres, espacios de debates, etc.; e) Hay ciudades o pueblos que sólo tienen acceso a la búsqueda o compra de libros a través de librerías independientes; f) La riqueza cultural, por la amplia variedad de libros y autores, se nutre precisamente de la existencia de editoriales independientes.
La derogación de ésta ley de Defensa de la Actividad Librera, aniquilaría la esencia de un federalismo asentado en la identidad regional, privilegiando así, a grandes grupos económicos en desmedro de la cultura nacional.
Dentro de la legislación que protege al libro y su edición, está sin duda la ley de Fomento del libro y la Lectura (nro.25446) -y otras-, que posiblemente sea objeto de alguna modificación, porque tiene correlato con la ley de Defensa de la Actividad Librera, ya que establece una política estatal integral para proteger y estimular la creación literaria, la industria gráfica y el acceso democrático a los textos.
Catamarca, como el resto de las provincias son celosas guardianas de su cultura y tradiciones, por lo cual creo, que se impondrán otras modalidades, para que el libro –soporte papel- llegue a los lectores, sin restricciones y que los autores sigan creciendo, exponiendo, difundiendo sus obras, más allá de las mezquindades que nos tiene acostumbrados el centro del Poder, donde sólo importan las grandes corporaciones.
Dice Irene Vallejo que V al IV a.C. aparecen por primera vez unos personajes desconocidos: los libreros, y asoma una nueva palabra bybliopólai (vendedores de libros). En el mercado del ágora se instalaban tenderetes de ventas de rollos literarios, entre puestos que ofrecían verdura, ajo, incienso y perfumes. Sócrates en un diálogo con Platón, le comenta que, por una dracma, cualquiera puede comprar un tratado de filosofía en el mercadillo.
Así nacieron las librerías, un fascinante mundo de imaginación, desconcierto, cosmos, religión, ciencia y filosofía, escondido en estanterías, hoy amenazadas por la desregulación del mercado.