ver más
Editorial

La desinformación organizada

4 de agosto de 2026 - 00:38

La crisis migratoria que sacudió Ceuta en los últimos días de julio ofrece una lección que excede la política española, incursionando en tópicos vinculados a los efectos nocivos (incluso trágicos) que puede ocasionar la desinformación que circula por las redes sociales. Decenas de miles de personas desbordaron el enclave español tras convocatorias masivas difundidas en WhatsApp, Instagram y Facebook, en un episodio que las propias autoridades españolas atribuyen, en buena medida, precisamente a la desinformación cuando es organizada.

Mientras el Ministerio del Interior español calculó en unas 50.000 las personas ingresadas, el presidente de Ceuta elevó la cifra a 60.000, equivalente a cerca del 70% de la población total de la ciudad. El detonante, según reconstruyó una investigación de la revista Wired, no fue un hecho nuevo ni una crisis diplomática repentina, sino la tergiversación deliberada de un fallo judicial. El Tribunal Supremo español había aclarado, a comienzos de julio, que el procedimiento de rechazo en frontera no aplica a quienes ingresan por mar, aunque esa precisión técnica -que de ningún modo garantizaba residencia, asilo ni traslado a la península- fue reinterpretada en redes como una promesa de ingreso directo a Europa. Una matización jurídica se transformó, en el recorrido viral de un audio de WhatsApp a otro, en un espejismo colectivo.

Lo más inquietante no es tanto la velocidad de la distorsión, sino su carácter organizado. Medios marroquíes citados por la investigación describieron una verdadera campaña de movilización digital, con convocatorias a horarios y puntos específicos, mapas de cruce y una sincronización deliberada con una fecha de alto significado simbólico y mediático en Marruecos, pensada para proyectar en TikTok e Instagram una imagen de éxodo masivo.

Los Estados, los sistemas educativos y los propios medios de comunicación tienen una responsabilidad ineludible en enseñar a distinguir entre el dato y el meme que lo desfigura. Los Estados, los sistemas educativos y los propios medios de comunicación tienen una responsabilidad ineludible en enseñar a distinguir entre el dato y el meme que lo desfigura.

Pero la promesa viral se topó con la burocracia real: la gran mayoría de quienes cruzaron debieron afrontar los trámites migratorios ordinarios. Un alto porcentaje de los que llegaron arriesgando sus vidas regresaron por propia voluntad a Marruecos tras pasar horas sin comida ni alojamiento, mientras que las autoridades españolas confirmaron decenas de muertes por ahogamiento y aplastamiento en las aglomeraciones junto a la valla fronteriza.

El episodio confirma algo que sociedades como la argentina ya conocen de cerca, y es que las cadenas de WhatsApp y los videos virales tienen hoy una capacidad de movilización que ninguna campaña institucional puede igualar, y esa capacidad no distingue entre información verificada y rumor falso. Lo que en Ceuta empujó a una multitud hacia una frontera, en otros contextos empuja decisiones de voto, resistencias a políticas sanitarias, pánicos financieros o linchamientos mediáticos contra dirigentes e instituciones.

Los Estados, los sistemas educativos y los propios medios de comunicación tienen una responsabilidad ineludible en enseñar a distinguir entre la información verificada y la convocatoria viral, entre el dato y el meme que lo desfigura. Las plataformas, por su parte, no pueden seguir amparándose en la neutralidad tecnológica cuando sus algoritmos premian precisamente aquello que genera más indignación o más urgencia, sin verificar su veracidad.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar