jueves 12 de febrero de 2026
Análisis

IPC INDEC: exactamente equivocado

Por Juan José Sánchez (*)

¿Deformar el mapa cambia la realidad, o solo el conocimiento de dónde estamos? En otras palabras: ¿estamos perdidos?

La canasta del IPC que el INDEC sigue usando data de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2004-2005. La ENGHo 2017-2018 que debía actualizarla, está lista desde 2024. El gobierno de Javier Milei la recibió terminada, asesorada por el FMI, y testeada. Y la desestimó.

GENEALOGÍA DEL DESPISTE

Diciembre 2023: Milei asume, devalúa provocando un aumento del dólar del 118% distorsionando todos los precios relativos, y la inflación mensual trepa a 25,5%. El INDEC mide con canasta de referencia de hace veinte años. El trabajo técnico para actualizarla venía de la gestión anterior.

2024: Bajo Marco Lavagna, el INDEC completa desarrollos y testeos. Las pruebas finales están listas en septiembre. Mientras, los servicios se disparan: las tarifas y servicios suben 248% contra una inflación general de 117,8%. La brecha con el IPC de CABA —actualizado en 2022— se ensancha. CABA pesa más los alquileres, electricidad, internet, prepaga; el INDEC sigue ponderando bienes y servicios como en 2004.

Enero 2025: se da la máxima divergencia con la inflación de CABA: es 55% más alta que la del INDEC. El FMI exige aplicar el nuevo índice “lo antes posible”. El gobierno no lo aplica: con la canasta nueva, la inflación de 2024 habría sido unos 20 puntos porcentuales mayor.

Marzo 2025: el INDEC finaliza todo el trabajo metodológico. Pero el índice queda congelado, a la espera de “avales institucionales” y “campaña de sensibilización”. Se evita implementarlo en año electoral. En agosto, el FMI vuelve a presionar. En diciembre, el gobierno confirma que recién saldrá en febrero de 2026.

2 de febrero de 2026: Marco Lavagna renuncia. El gobierno, por decisión de Milei y Caputo, suspende sin fecha el cambio de metodología. Caputo admite que la decisión es política: prefieren esperar a que la inflación esté “completamente domesticada” para no dañar la percepción del éxito del programa. Designan a Pedro Lines al frente del INDEC.

Pero entonces Caputo lanza un argumento que deja al desnudo la operación: “La ENGHo en la que se basa el nuevo índice es de 2017-2018; pasaron una pandemia, muchas cosas; probablemente los patrones de consumo de hoy difieren más con 2018 que 2018 con antes” (sic).

LA PARADOJA DEL MAPA IMPOSIBLE

El gobierno rechaza usar datos de 2017-2018 por viejos, pero mantiene el índice basado en 2004-2005. Así, la inflación oficial de febrero 2026 sigue ponderando fax, contestadores, videoclubes, diskettes y revelado de fotos, mientras excluye streaming y café en cápsulas. El sindicalista Raúl Llaneza lo resumió: “Nos exigen un INDEC independiente del poder político. Esto es un déjà vu de 2007”.

El 10 de febrero, con Lines al frente, el INDEC publica el IPC de enero: 2,9%. CABA da 3,1%. El gobierno anuncia que hará un IPC “nuevo, desde cero”, sin fecha. El trabajo de diez años queda desechado.

CARTOGRAFÍA DE LA ESTRUCTURA FINANCIERA

El IPC no es una estadística abstracta: es una cláusula contractual explícita que mueve decenas de miles de millones de dólares. Deformar el mapa transfiere riqueza.

1) Bonos CER: su capital e intereses se ajustan por el IPC. Con el índice viejo, los inversores cobran menos de lo que cobrarían con el índice verdadero. Es una quita encubierta. El mercado incorporó una prima por “duda metodológica”. Tal como en 2007, con Guillermo Moreno.

2) Bonos en dólares y riesgo país: no están indexados, pero su precio refleja credibilidad. La manipulación del IPC es leída como debilidad institucional. El día después de la renuncia de Lavagna, las acciones de empresas argentinas en la bolsa de Nueva York (ADRs) cayeron hasta 5%, los bonos cedieron 1% y el riesgo país saltó de 474 a 507 puntos. El JP Morgan citó “la incertidumbre sobre la futura medición de precios”.

3) Créditos UVA y alquileres: la cuota UVA se ajusta por el IPC vía CER. Si el índice es sistemáticamente bajo, el deudor paga menos, pero el ahorrista y el banco reciben menos. Miles de contratos de alquiler, expensas, prepagas y colegios utilizan el IPC como referencia. Cuando la vara se falsea, los contratos se judicializan o migran a índices alternativos (CABA, dólar, privados). La estadística pública deja de ser un bien común.

No es el 0,2% de diferencia mensual. Es la señal. Si el gobierno posterga un cambio técnico por motivos políticos, todos los contratos que dependen del IPC quedan sujetos a discrecionalidad.

FINAL DEL CAMINO

La advertencia del profesor Rolando Astarita (FCE – UBA) resuena aquí con precisión quirúrgica: “no sostenemos que las matemáticas no sirven, sino que la formalización matemática no garantiza la rigurosidad”. El INDEC no dejó de publicar números. Siguió haciéndolo con impecable coherencia interna, con ecuaciones equilibradas, con decimales exactos. El problema es que esas ecuaciones explican una realidad equivocada.

Porque la verdadera condición de una estadística pública no es ser bella, ni coherente con una teoría, ni siquiera matemáticamente exacta. Una estadística socio económica o sociodemográfica de be ser verdadera. Debe ser razonablemente verdadera. Es concordar con la práctica y con la realidad. Es ajustar los modelos a la realidad, y no la realidad a los modelos.

Lo que ocurrió hace unos días, entonces, una crisis de números, es una crisis de cartografía. El Estado argentino decidió conservar un mapa que sabe falso porque el mapa verdadero muestra un territorio más accidentado, más caro, más difícil de gobernar. Y decidió, además, que todos los contratos firmados bajo ese mapa —bonos, créditos, alquileres, sueldos, planes sociales, expectativas— sigan su curso como si la ruta no hubiera cambiado. Pero la ruta es otra.

Los bonos CER ya no saben con certeza qué inflación deben pagar. Los créditos UVA transitan un terreno minado de litigios potenciales. Los contratos de alquiler empiezan a mirar de reojo al IPC de CABA (con canasta de referencia actualizada a 2022), o al dólar, o a cualquier índice que no dependa del humor de la Casa Rosada. El mercado, que no se conmueve con declaraciones, ya incorporó en el riesgo país el costo de habitar un mapa trucho.

Lo que la administración Milei no parece comprender es que, en economía, deformar el mapa no cambia el territorio. Y como dice Carlos Heller: “La inflación no es generada por su cálculo”. El alquiler sigue subiendo, aunque el INDEC no lo pondere. La prepaga sigue ajustando, aunque la canasta de 2004 no la contenga. El inquilino sigue pagando, aunque el Gobierno haya decidido, por decreto, que su sacrificio no merece ser medido.

La matemática debería ser una herramienta para reconocer el mundo, no para ocultarlo. Debería ayudarnos a trazar rutas posibles, no a consolarnos con la ilusión de que estamos donde no estamos. La Economía como ciencia es una ciencia social, debe usar la matemática como cartografía social, no como dogma. Si el mapa no coincide con la realidad, ese mapa no sirve.

Porque el problema, en definitiva, no es que estemos perdidos. El problema es que nos invitan a celebrar, con ecuaciones impecables, un mapa que dibuja el futuro exactamente donde ya no queda nada.

*Juan José Sánchez es Lic. en Administración; Lic. en Comercio Internacional; Especialista en Gestión de la Economía Social y Solidaria (EGESS - UNQ); y Especialista en Planeamiento Educativo (IIPE - UNESCO). Es miembro del Instituto de Investigación Cecilia Grierson. [email protected]

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