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Editorial

El regreso menos deseado

21 de agosto de 2024 - 01:15

Con la próxima llegada de las temperaturas cálidas se incrementa la posibilidad de que reaparezcan de un modo masivo los casos de dengue, que durante el verano pasado y la mitad del otoño causaron casi 600.000 casos en todo el país y más de 200 muertes.

La multiplicación exponencial de casos de ese periodo se debió a una conjunción de factores climáticos, cierto relajamiento de la población y también pasividad oficial. El gobierno asumido el 10 de diciembre demoró varios meses en reaccionar en su función de coordinación nacional de las campañas de prevención y recién atinó a convocar a los ministros de Salud provinciales cuando el brote ya hacía estragos en la mayoría de las jurisdicciones. De todos modos, el poco tiempo transcurrido entre la asunción y el auge del brote de dengue significó una excusa para la gestión libertaria a los efectos de sacudirse responsabilidades.

El tema de las responsabilidades oficiales está otra vez en debate, y no escapa a polémica de índole política. Pero, de cualquier modo, las advertencias no deben desecharse. El ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, declaró recientemente que en los próximos meses podría producirse una epidemia de dengue muy grave. Este año –dijo el funcionario- está pasando algo que ya había sucedido antes. Cuando algo se repite, ya no es un error. Durante el invierno seguimos teniendo casos activamente en el Norte argentino. No hubo campaña de erradicación del dengue en el invierno.

Al cruce salió rápidamente el desconocido ministro de Salud de Nación, Mario Russo. Lo hizo por X (antes Twitter). Dirigiéndose a Kreplac, manifestó: Quiero recordarle que la salud es una responsabilidad primaria de las provincias. Resulta insólito que, luego de más de cuatro años de gestión, todavía no lo tenga claro”.

Lo que el funcionario de Milei omitió decir es que, si bien los gobernadores son los responsables primarios, la coordinación general debe ser de la gestión nacional. Al no existir esa coordinación, lo que sucede es que cada jurisdicción trabaja por su cuenta sin la interacción necesaria y, además, sin el apoyo nacional. El caso de Catamarca y su estrategia de vacunación es un buen ejemplo. Los criterios para inocular a la población son diferentes de los establecidos en otras provincias. Cada cual trabaja a su manera, pero no hay un plan de acción global con la dirección nacional, como ha sucedido siempre o casi siempre- en materia de aplicación de la política pública de salud.

La vacunación es solo una de las estrategias preventivas que puede organizar el Estado. El descacharreo, la provisión de larvicidas y la gestión para que los repelentes no tengan los precios exorbitantes del verano y el otoño son también importantes.

Más allá de las connotaciones políticas de las polémicas, lo cierto es que Nación debe asumir con responsabilidad y compromiso la tarea de coordinación de las estrategias. Con todos los problemas que tiene la Argentina, sumarle una epidemia grave de dengue cuando hay mucho por hacer en el aspecto preventivo sería una verdadera tragedia.

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