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EDITORIAL

El precio del ajuste

22 de julio de 2024 - 00:55

La Universidad Católica Argentina acaba de publicar un informe muy crítico de la gestión económica de Javier Milei. Los estudios del Observatorio de la Deuda Social de la UCA empezaron a cobrar relevancia durante el primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuando la UCA inició la serie de medición de la pobreza e indigencia a partir de la escasa credibilidad que generaban los datos que publicaba el INDEC de Guillermo Moreno. Desde entonces ganaron prestigio y aún continúan confeccionando ese tipo de informes, cuyos resultados no son puestos en duda.

El último establece con precisión cuál ha sido el sector qué más ha sufrido el ajuste fiscal que se empezó a implementar en diciembre pasado. El ajuste, dice la UCA, no ha recaído en esa entelequia que Milei denomina “la casta”, sino en los estratos sociales más bajos y luego en la clase media.

Los autores del trabajo concluyen sin ambages que “el ajuste lo pagan los pobres” y establecen datos comparativos entre el último trimestre del año pasado con el primero del actual. Pese al escaso tiempo transcurrido, la pobreza se disparó desde fines del año pasado del 44% al 55% del primer trimestre de este año. El incremento de la indigencia es aún más pronunciado: pasó del 13% al 19%.

La UCA presenta varios factores que gravitan para que el ajuste impacte con especial crudeza en los sectores más vulnerables de la sociedad. Menciona, por ejemplo, el congelamiento del plan Potenciar Trabajo, que dejó a más de un millón de personas cobrando $78.000 mensuales desde diciembre. Si el gobierno de Milei no hubiese desenganchado los haberes de ese plan del Salario Mínimo Vital y Móvil sus beneficiarios estarían cobrando $117.000, también por debajo de la evolución de la inflación.

Las compensaciones, como el aumento de la Asignación Universal por Hijo y de los montos de la Tarjeta Alimentar, no son, según la UCA, suficientes.

También son numerosas las familias que cayeron bajo la línea de la pobreza como consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, que lograron aumentos muy por debajo del incremento del índice general de precios.

El debate actual es qué debe pasar para que la caída de la economía cese. Y cómo, luego de que deje de caer, empiece a crecer. La recuperación, que según lo que había anticipado en diciembre Milei iba a empezar a verificarse en abril o mayo, no aparece aún en el horizonte. Y no se avizoran mejoras si es que el gobierno no consigue los dólares suficientes.

En los últimos días trascendió que, como el FMI no confía en la sustentabilidad del programa económico libertario, la apuesta del gobierno argentino es a todo o nada a un triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EE.UU. Solo si Trump asume la presidencia el país norteamericano presionaría al Fondo para que le preste a la Argentina los dólares suficientes para salir del cepo y eventualmente dolarizar. Pero el presidente de los Estados Unidos asume el 20 de enero. Faltan exactamente seis meses, un lapso muy largo para una crisis que no cede y amenaza con una profundización de la protesta social.

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