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CARA Y CRUZ

El Poncho, por nocaut

22 de julio de 2024 - 00:55

El Poncho catamarqueño desmintió categóricamente el discurso libertario que desacredita las fiestas populares como gastos improductivos y focos de corrupción.

Las impactantes cifras verifican la solidez de un fenómeno que, desde la cultura y la identidad provinciana, gestionado por el Estado, genera trabajo y riqueza genuinos para la gente, con un efecto multiplicador exponencial en la economía de la provincia.

Entre tantas calamidades que agobian al país, los catamarqueños pueden exhibir con legítimo orgullo la Fiesta del Poncho como ejemplo de construcción colectiva, con más de medio siglo de vigencia, inmune a grietas políticas, signado por un crecimiento constante.

Las bellezas naturales, como la Virgen del Valle, son regalos de la Providencia. El Poncho, en cambio, es fruto del esfuerzo, el talento y la inteligencia.

Desde hace algunos años, el trabajo de los artesanos y la exposición de las actividades productivas vienen ganando centralidad en la vitrina ponchera junto a los tradicionales números artísticos.

Promediando la Fiesta, el hecho de que varios artesanos agotaran su stock y tuvieran que ser reemplazados por los suplentes condensó el ingrediente principal del evento: la gente se fue agradecida y con la justa recompensa a su esfuerzo, reconfortada para perfeccionarse y continuar su labor con la expectativa puesta en la próxima edición.

Este año, además, mostró el afianzamiento del ancestral arte telero como medio de vida entre las generaciones más jóvenes de tejedores, que han montado microempredimientos con resultados más que satisfactorios.

Es otra síntesis del potencial que tiene la cultura como factor de desarrollo.

“Hacemos ponchos, chales, caminos. En mi casa trabajo con mis hermanos, el más grande tiene 38 años y el más chico 26, y todos trabajan de esto. Y además les enseñé a mis amigos que están trabajando, me dan una mano porque gracias al grupito que tenemos en nuestro taller trabajamos todo el año para venir para el Poncho”, contó uno de estos jóvenes.

La anécdota cifra una relación virtuosa entre el Estado y los emprendedores, con el sector público articulando para estimular y facilitar el despliegue de la actividad privada y la industria cultural.

Más de 1,2 millones de personas pasaron por el Predio Ferial y el Estadio Bicentenario y las ventas en todos los rubros superaron los 4.000 millones de pesos. Si las entradas no solventaron los cachets de los artistas, pegó en el palo.

Aquilatar el impacto de esas cifras requiere proyectarlas sobre toda la actividad turística. Los comercios, la hotelería y el sector gastronómico capitalinos trabajaron a pleno.

De acuerdo con la encuesta sobre el perfil de los turistas que realiza el Gobierno, un 46% llegó a Catamarca específicamente para participar de la Fiesta del Poncho. Un 58% lo hizo atraído por las artesanías y un 32% por los espectáculos.

Los éxitos encadenados resultan en un interés cada vez mayor por participar de la Fiesta, que le da a Catamarca una visibilidad enorme en la oferta turística nacional. Se ha transformado en el capital más valioso que tiene la Provincia.

¿Cómo no van a identificarse los catamarqueños con el Poncho?

Para miles representa una oportunidad preciosa para mejorar su calidad de vida y sus ingresos; para muchos más, muestra cabal de lo que puede hacer un pueblo, aun en las circunstancias más difíciles.

Que digan lo que quieran los prejuiciosos sobre el potencial de las fiestas populares. No la ven, indudablemente.

Acá, el Poncho no le afloja ni bajo ‘el agua. n

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