La última visita de la vicepresidenta Victoria Villarruel a Catamarca, que se extendió durante cuatro días después de su paso por la Fiesta del Poncho, continúa arrojando dividendos publicitarios. En esta oportunidad debe agradecerse la invalorable contribución a la visibilidad de la provincia como destino turístico de la diputada nacional Lila Lemoine, en el marco general de una involuntaria estrategia de posicionamiento favorecida por la interna de los libertarios.
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Dividendos remanentes
Lemoine, uno de los más bizarros miembros del elenco oficialista, opera como principal ariete mediático de Javier Milei en el litigio contra Villarruel. Al menos es la única que pone la cara en los medios, ya que el grueso de los ataques a la Vice se despliega en el estercolero de la red “X”, ex Twitter, a través de personajes célebres como el “Gordo Dan” o cuentas anónimas.
Dadas las particulares lógicas que ordenan el debate en el “javierismo” –o “jamoncismo”, acorde con el simpático apodo asignado por la Vice al Jefe de Estado-, es difícil determinar si la elección como artillera de la atractiva Lemoine pretende prestigiar la discusión de La Libertad Avanza o degradar a Villarruel. En cualquier caso y afortunadamente, la pelea le ha venido al pelo a Catamarca en términos de promoción gratuita no solo a nivel nacional sino también internacional, pues ya se sabe la fascinación global que hay con la figura de Milei.
Como se recordará, Villarruel desembarcó en Catamarca después de tuitear una encendida defensa del Seleccionado nacional en medio de la polémica por un cántico tribunero racista y homofóbico que habían dedicado a sus colegas de Francia tras ganar la Copa América.
El incidente había provocado la expulsión de Julio Garro como subsecretario de Deportes por haber insinuado que acaso convenía que Lionel Messi o el titular de la AFA, Carlos “Chiqui” Tapia, pidieran disculpas por lo inapropiado de las estrofas. Esta decisión fue tomada por Milei, pero Villarruel añadió a la política general de desvarío futbolero unas apreciaciones sobre el colonialismo francés que a criterio del Presidente se salían del libreto. En tal convicción, insufló a la controversia envergadura diplomática y su hermana Karina se apersonó en la Embajada de Francia a pedir disculpas.
Es preciso recordar estos detalles porque deben ser pocos los que recuerdan los incidentes, pese a que ocurrieron hace poco más de un mes y a la importancia capital que les asignaron las huestes libertarias. Los desatinos se suceden tan vertiginosamente que ni la fantástica memoria de Irineo Funes podría albergarlos. Por las dudas, el tuit de Villarruel sigue fijado en su cuenta de X, de manera que es lo primero que uno encuentra cuando la abre.
El caso es que las réplicas de tan grave sismo político colocaron a Catamarca en el centro de la escena nacional, con Villarruel elogiando la magnificencia del Poncho y difundiendo las bellezas provincianas a través de sus trajinadas y populares redes, mientras alimentaba las úlceras de los hermanos Milei con ese mesurado estilo que tiene.
La suerte y los influencers políticos no abandonan a los catamarqueños. Un mes y chirolas después, Lemoine toma la posta y devuelve al Poncho y a Catamarca a los titulares.
“La vicepresidenta, que tiene la responsabilidad de estar junto a Javier Milei, gracias a quien estamos todos acá presentándole una esperanza de cambio a la Argentina, está preocupada por la agenda de género, se ríe con (el senador kirchnerista José) Mayans, se va a la Fiesta del Poncho y no va al Pacto de Mayo”, rezongó en una nota concedida a TN.
Se agradece la mención, sobre todo considerando que el aparatoso Pacto de Mayo integra ya el repertorio de artificios épicos inconducentes de su adorado Milei, mientras que el Poncho se repetirá el año que viene y Catamarca seguirá donde siempre.
La organización de la fiesta decidió cursar desde ya las invitaciones para el año que viene, que encima es electoral. Por ahí aciertan a que coincidan varios contendientes en una misma jornada. No se va a perder la oportunidad que ofrece este capital extra de que la fiesta mayor se haya convertido en arena de tiroteos nacionales. n