Análisis

De Francisco a León XIV: Salvar lo humano en el tiempo del algoritmo

Por Juan Maximiliano Segundo (*)

8 de noviembre de 2026 - 09:13

A escasas horas de la llegada del Papa León XIV a la Argentina, una reflexión urgente sobre la encíclica 'Magnifica Humanitas', la soberanía digital y el coraje de no soltarnos la mano frente al descarte tecnológico.

“En el tiempo de la Inteligencia Artificial no podemos olvidar que para salvar lo humano hace falta la poesía y el amor”. Papa Francisco, Encíclica Dilexit nos

Negar el cambio de época que atraviesa la humanidad es casi un capricho: somos testigos de la formación de un nuevo mundo. El uso de las nuevas tecnologías ha logrado cambiar el paradigma y nos toca reformularnos como sociedad.

El Papa Francisco advertía sobre el lugar que iba a ocupar la inteligencia artificial en la vida humana y nos llamaba a hacer un uso responsable de ella bajo lo que eligió llamar

«Algorética»: una mirada en la que la ética sea el principio rector frente al algoritmo que muchas veces aísla o moldea sentires y pensares.

Nada tiene de malo la incorporación de la IA a nuestras vidas. Por el contrario, nos permite en muchos casos acelerar procesos y tareas. Ahora bien, es necesario entender y procurar su uso como un complemento, jamás como una sustitución de lo humano.

El Papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas nos advierte sobre la peligrosidad de perder ese límite, acelerando la «cultura del descarte». Los seres humanos nacimos para vivir y construir en comunidad: una Comunidad Organizada en la que todos y todas aportemos para la realización colectiva desde el lugar que nos toca ocupar. Frente a este nuevo escenario, tenemos el deber de llevar adelante una verdadera alfabetización digital para incluir también a los más frágiles, ayudando a que todos podamos subir a las barcas que van a navegar en este tiempo. Que las nuevas herramientas no sirvan para expulsar sino para acercar, siendo democráticas y abiertas para que todos puedan acceder y utilizarlas.

El Papa León XIV nos llama a abrazar a quien tenemos al lado frente a un avance algorítmico cuya inercia empuja al aislamiento y a la soledad.

Decir que nos quieren aislados es una afirmación tajante, pero responde a un modelo concreto. Los grandes hacedores de las tecnocracias no buscan seres racionales y pensantes. Nos dotan de herramientas que no demandan procesamiento cognitivo. Por primera vez en la historia de la humanidad, pensar parece una opción. Ya no estamos obligados a la racionalidad, al pensamiento crítico ni al discernimiento. Las grandes corporaciones pusieron en manos del ser humano la posibilidad de crear textos, imágenes, videos, canciones y pinturas sin necesidad de desarrollar el proceso creativo: basta con cargar un prompt para obtener un resultado en cuestión de segundos.

No es casual que el Papa Francisco hable de «salvar lo humano a través de la poesía y el amor». El arte y el sentimiento genuino son pilares de construcción social. Quien no ama, o no se deja amar, está condenado a la desdicha; quien es desdichado no puede crear y su capacidad de relacionarse con el mundo se pierde.

La tristeza que proviene del mundo

San Pablo en la segunda carta a los Corintios decía: “La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte”.

El mundo atraviesa tiempos difíciles donde la soledad, el aislamiento y la falta de empatía se constatan a diario. Miles de jóvenes se sienten desamparados y otros no encuentran razones para abrazar la vida. Atravesamos un momento crítico en relación con la salud mental, profundizado por el uso perverso de las redes sociales y las nuevas tecnologías.

Los discursos de odio abundan en los espacios cibernéticos escudados en un abuso de la libertad de expresión. Cientos de miles de ataques sistemáticos que luego se traducen en violencia real. Se juega de manera constante a correr el límite, midiendo hasta dónde aguanta el otro para desentenderse de un juego destructivo cuyo objetivo es la aniquilación del adversario. Esa es la tristeza de la que habla San Pablo: la que degrada y mata al ser humano.

En las últimas décadas se desplegó una insistente pulsión por sociedades tristes y convencidas de que el mundo no tiene salvación. La fe queda reducida y prima el repliegue individualista ante cualquier dificultad. Frente a esto, el Papa Francisco supo recordar que “nadie se salva solo, esto es, ni como individuo aislado ni por sus propias fuerzas”: estamos llamados a ser un pueblo que camina y construye de manera colectiva.

Latinoamérica sabe de eso. Desde sus orígenes, San Martín, Bolívar y O’Higgins entendieron que la única forma de ser libres era pensando en comunidad. Muchos otros buscaron dividir a nuestros pueblos, pero el espíritu del abrazo entre hermanos nunca se pudo sofocar.

Tampoco es casualidad que los últimos dos Pontífices se hayan formado en nuestro continente. La cercanía con la realidad latinoamericana les dio un conocimiento directo de las heridas populares para ponerse al servicio de quienes más lo necesitan. Esa sensibilidad permitió renovar los aires de una Iglesia que muchas veces se cerraba e imponía una aduana para poder entrar. El mensaje del Evangelio es claro: es con todos.

La inminente visita del Papa León XIV a la Argentina nos exige preguntarnos dónde estamos parados y hacia dónde queremos ir. Hoy enfrentamos un sistema que rechaza regular los avances tecnológicos bajo una falsa idea de libertad. Quienes concentran el desarrollo de la IA no replican la historia de la imprenta: no buscan democratizar la palabra escrita, sino privatizar y moldear nuevas formas de pensar y sentir. Cuando el poder sobre el algoritmo queda en manos de unos pocos, la pretensión es homogeneizar lo humano y liquidar lo que nos hace singulares. Por eso, el llamado a la fraternidad, la justicia social y la Doctrina Social de la Iglesia está más vivo que nunca.

Custodiar lo humano

El punto no está en negar la tecnología, sino en no resignar las facultades que nos hacen humanos. Automatizar procesos sin transitar la experiencia del cómo es perderse una dimensión insustituible del trabajo y la creación. Si la herramienta acorta tiempos, que sea para ganar tiempo de encuentro con el otro.

La experiencia compartida engendra lazos, afectos y sentires que ningún código binario ni centro de procesamiento pueden sustituir.

Nos encontramos en un momento bisagra de la historia humana: algunos esperarán a ver qué pasa; otros asumiremos la acción. El Papa Francisco y el Papa León XIV marcaron el rumbo. Nos toca poner la parte que nos corresponde para construir la Casa Común desde el amor, cuidando nuestro entorno y devolviendo a la persona al centro de la técnica. Seamos peregrinos y tejedores de esperanza en un mundo que nos necesita despiertos.

(*) Juan Maximiliano Segundo es abogado, egresado de la Universidad de Buenos Aires; Experto en Derecho Internacional con Perspectiva Comparada de la Universidad de Madrid; Miembro Fundador de “Algorética HD”, espacio dedicado a la divulgación del uso responsable de la Inteligencia Artificial desde el Humanismo Digital. Forma parte del Equipo Asesor de la Diputada Nacional Claudia Palladino.

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