La recesión ocasionada por disposiciones del gobierno nacional asumido el 10 de diciembre que afecta a la economía argentina se manifiesta con particular crudeza en la actividad industrial, con números que en este sector ya permiten hablar de depresión. Según datos del propio INDEC, cayó en el mes de marzo, respecto de igual mes del año pasado, un 21,2 por ciento. Los niveles que hoy ostenta la industria son similares a los que presentaba en junio de 2020, en el peor momento de la pandemia, con la actividad prácticamente paralizada por el aislamiento obligatorio.
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Caída sin precedentes
Pese a esta caída pronunciada, sin precedentes en tan corto tiempo, hasta el momento las conducciones de la Unión Industrial Argentina y la Unión Industrial de Catamarca mantienen cierto apoyo a la gestión de Javier Milei. La posición institucional, sin embargo, empieza a ser cuestionada por el empresariado del sector en general. Con la rentabilidad a pique, se incrementan paulatinamente las suspensiones y los despidos.
El panorama, analizan cada vez más empresarios industriales, es grave porque entienden que no se trata de un fenómeno coyuntural. Las medidas económicas adoptadas y la propia lógica del programa ultraortodoxo permiten inferir que el modelo no incluye al sector entre los que pueden salir beneficiados, como ya ocurrió en otros períodos de la historia en los que se implementaron planes económicos del mismo tenor: dictadura militar, menemismo y gobierno de Cambiemos.
Las empresas más perjudicadas son las pequeñas y medianas. El gobierno libertario frenó todas o casi todas las medidas de apoyo a las firmas industriales que se venían implementando. Por ejemplo, dejó inactivo el Fondo de Desarrollo Productivo, que daba apoyo crediticio a pymes. También eliminó, a través del DNU que por ahora sigue vigente, subsidios de tasas y aportes no reintegrables para el desarrollo de capacidades productivas, así como el fomento para la instalación de parques industriales, por citar solo algunos ejemplos.
La apertura de importaciones y en el incremento en los costos de producción por el aumento desmedido de la tarifa de los servicios públicos, son también factores que gravitan negativamente en la producción industrial.
Pero es sin duda la caída generalizada del poder adquisitivo el factor que más perjuicios trae. Si no hay consumo y caen también las exportaciones, la sustentabilidad es imposible. No es causal, en consecuencia, que las grandes inversiones se orienten en este momento hacia Brasil, sobre todo en el sector automotriz. En el vecino país hay, a través de distintas políticas gubernamentales, un aliento explícito al consumo de los sectores populares y de la clase media.
El sector industrial es clave para el desarrollo integrado de la economía argentina. Y su recuperación no es incompatible con el crecimiento del sector productivo primario. Pero a los fines de que este proceso se verifique es imprescindible que haya políticas activas para alentar sus potencialidades y al mismo tiempo para remover los obstáculos que las frenan.