Triunfo del Comandante Facundo Quiroga, donde el general La Madrid “murió" y fue salvado por un cabo catamarqueño.
- El Ancasti >
- Opinión >
A 200 años de la Batalla del Tala
Gabriela de la Orden
Magister en Historia-Presidenta de la Junta de Estudios Históricos de Catamarca
Este 27 de octubre se celebran 200 años de la batalla del Tala, una de las más cruentas en el proceso de las guerras civiles argentinas.
Librada en el actual departamento Santa Rosa, provincia de Catamarca, enfrentó a dos grandes líderes de las facciones que dividieron al país durante varias décadas. Por un lado, el caudillo federal Comandante de armas de La Rioja, Facundo Quiroga, y por el otro, el gobernador de Tucumán, líder unitario,Teniente Coronel Gregorio Aráoz de La Madrid.
A partir del año 1820, con la disolución del Directorio como consecuencia de la batalla de Cepeda, las ciudades emergieron como nuevos sujetos políticos, transitando hacia el autogobierno e intentos de organización constitucional.
Catamarca formaba parte desde el año 1814, junto con Santiago del Estero, de la Gobernación de Tucumán, cabecera de la misma, gobernada por el coronel Bernabé Aráoz.
El proceso autonómico de Catamarca fue muy conflictivo, con intervenciones militares de Tucumán, Santiago del Estero y Salta, como consecuencia son tiempos de gran inestabilidad política. A pesar de las intervenciones armadas de Tucumán, Santiago del Estero declaró la autonomía el 27 de abril de 1820.
En Catamarca,reunidos en Cabildo abierto el día 25 de agosto de 1821, sus integrantes, la Junta Electoral y los vecinos, proclamaron la Autonomía de la ciudad, la que se constituyó como Provincia independiente, reconociendo su integración a la Nación. Fue electo gobernador Nicolás de Avellaneda y Tula y Comandante de armas José Manuel Fiqueroa Cáceres, iniciándose muy pronto las desavenencias entre los dirigentes políticos de tendencia unitaria y federal.
Nicolás de Avellaneda y Tula gobernó de agosto de 1821 a marzo de 1822, lo reemplazó Eusebio Gregorio Ruzo, reelecto para el periodo 1823/1825 quien ejerció un gobierno de paz y de importantes concreciones, como la sanción en el año 1823 del Reglamento Provisional, primera Constitución de la Provincia. A Ruzo le sucedió Manuel Antonio Gutiérrez (mayo de 1825), caudillo de Ancasti, federal de prestigio, que contaba con el apoyo del caudillo riojano Facundo Quiroga.
Muy pronto Gutiérrez se alió con los unitarios, facción política que apoyaba a Rivadavia en el Congreso nacional de 1824, y disolvió la legislatura e inició persecuciones políticas a los
federales que se exilian en La Rioja, siendo notoria -hacia fines del año 1825- la inminente ruptura entre los gobiernos de La Rioja, Catamarca y Tucumán.
El general Aráoz de Lamadrid había sido enviado por el gobernador de Bs. As. a Tucumán para reclutar hombres para la guerra de Brasil. Se apartó de su misión y destituyó al gobernador federal Javier López con el que estaba distanciado porque había fusilado a su primo Bernabé Araóz. Asumió el gobierno de Tucumán en noviembre de 1825, pronunciándose por la causa unitaria y pactando con el gobernador Gutiérrez para intervenir en La Rioja, que significaba un escollo para el predominio unitario en el Noroeste.
Las figuras federales eran el gobernador de Córdoba Juan Bautista Bustos, el de Santiago del Estero Felipe Ibarra y el Comandante de La Rioja Juan Facundo Quiroga, provincia en la que era gobernador Silvestre Galván.
Las diferencias políticas y personales en Catamarca, habían dejado profundas huellas. En 1821, el coronel Figueroa Cáceres había sido reemplazado como Comandante de armas por Gutiérrez y deportado a Córdoba; regresó a Catamarca con el acuerdo del gobernador santiagueño y de Quiroga. Tomó la ciudad(1/8/1826) destituyendo a Gutiérrez, quien huyó a Tucumán para retornar, al poco tiempo, con el apoyo militar de La Madrid y recuperar el mando, ordenando el fusilamiento de Figueroa Cáceres.
Gutiérrez se dirigió al presidente Bernardino Rivadavia solicitando apoyo militar de Tucumán y Salta para atacar a La Rioja, carta interceptada por , quien decidió invadir Catamarca, librando la batalla de Coneta (9/10/1826), donde derrotó a Gutiérrez y avanzó en territorio catamarqueño para enfrentarse con el general unitario.
El 25 de octubre reúne sus fuerzas están en Tala, paraje ubicado a pocos kilómetros de Tucumán. Son las vísperas de una “dramática” batalla en las guerras civiles.
Los jefes militares
Se iban a enfrentar dos grandes caudillos de las facciones en que estaba dividido el país.
Por un lado, el general Gregorio Aráoz de La Madrid, tucumano de antiguo linaje, que en sus primeros años vivió en Andalgalá, en la casa de sus tíos. Inició su carrera militar muy joven, a los 16 años, caracterizándose por su valor y arrogancia. En 1826 estaba próximo a cumplir 31 años, con una vida al servicio de las luchas por la independencia, fogueado en las batallas triunfales y derrotas del ejército del Norte, con Pueyrredón, Belgrano y Rondeau. Era el líder del partido unitario en la región.
Por otro, Facundo Quiroga, nacido en San Antonio, actual departamento Los Llanos en La Rioja. Su padre se dedicaba a las actividades rurales, a la ganadería y al arreo de ganado -amasando una fortuna importante- e introdujo a Facundo en estas actividades desde muy niño. Quiroga se inició también joven en las milicias y desde el año 1820 tuvo un rol político destacado en su provincia, en donde en varias ocasiones se le ofreció la gobernación, la que no aceptó. Estaba próximo a cumplir 38 años y se desempeñaba como Comandante general de la provincia de La Rioja.
La batalla.
Mucho se ha escrito sobre esta batalla. La Madrid cuenta en sus Memorias (1895) que para llegar a un arreglo amigable con Quiroga y para evitar pérdida de vidas, le escribió manifestándole que le extrañaba el ataque y pedía una entrevista para acordar la paz. Según Bazán (1979) está probado que fue Quiroga quien escribió al gobernador de Tucumán proponiendo un armisticio.
La Madrid fue quien inició el ataque en las primeras horas de la mañana del día 27 de octubre, en el campo del Tala, de un poco más de media legua de este a oeste, según relata aquél. Su ejército estaba integrado por tucumanos y catamarqueños, el de Quiroga por riojanos, santiagueños y cordobeses.
Ambos jefes distribuyen la caballería en los flancos, ocupando el centro la infantería. Los flancos del ejército de La Madrid eran comandados por el exgobernador Gutiérrez y por su primo, el coronel Helguero. En el centro se encontraba el general unitario con fuerzas inferiores a las de Facundo, su situación era desventajosa, 200 hombres, contra 500.
La Madrid actuó con intrepidez ante la pérdida de su caballo, se abalanzaron sobre él los hombres de Facundo que lo acribillan a golpes, bayonetazos y finalmente un tiro “para despenarme”. En sus Memorias relata que tenía once heridas en la cabeza, dos en la oreja derecha, “una en la nariz que me la volteó sobre el labio, y un corte en el lagarto del brazo izquierdo, y más un bayonetazo en la paletilla y junto con el cual me habían disparado el tiro para despenarme, tendido ya en el suelo”. Lo dieron por muerto y los vencidos abandonaron el campo de batalla.
El mismo día de la batalla Quiroga escribe al Gobernador santiagueño, Ibarra, una “Carta Parte” (Archivo General de la Nación), en la que se lee: “Mi estimado amigo y compañero: a las ocho de la mañana de este día me atacó el Sr. La Madrid después de dos horas de fuego creí perder enteramente por haberme dispersado toda la fuerza, pero felizmente con los más de cien hombres de caballería que tuve de refuerzo… conseguí destruir la fuerza enemiga…”. Luego se refiere a los heridos, prisioneros y muertos. Entre éstos “se cuenta el Señor Madrid por no encontrarse su cadáver…”. También le informa que perdió la bandera de guerra (negra con una cruz blanca con la leyenda federación o muerte).
Intervención del cabo catamarqueño.
El cadáver del jefe unitario no fue encontrado por Quiroga porque un soldado catamarqueño lo salvó. La Madrid narra: “Los cívicos se retiraban después que me vieron caer, y me consideraron muerto… uno de ellos dijo ¿Como es posible que dejemos a nuestro Gobernador, tirado en el campo?...”. Se hicieron algunos intentos que no prosperaron por la presencia de milicias federales. El que regresó solo y lo encontró fue el cabo de las milicias de Catamarca, según las Memorias mencionadas “llamado Francisco o Miguel Núñez”, quien lo recogió; estaba desnudo con un escapulario en su pecho. Lo sacó del campo y fue a buscar ayuda, no la encontró y regresó con agua. Narra el general que como a las cinco de la tarde, el cabo le dijo “¿Quiere señor que nos vamos, pues los enemigos están ya volviendo?”. Lo sentó por delante de su caballo y con el apoyo de algunos compañeros dispersos, llevaron al jefe unitario a un rancho donde le hicieron las primeras curas y pronto hizo su aparición en la ciudad, donde fue recibido con júbilo; más tarde se recuperó en la localidad de Trancas. En esta batalla La Madrid se ganó la fama de inmortal y esta ocasión le debe la vida al cabo catamarqueño que actuó valerosamente para salvar a su jefe.
Mientras, Facundo Quiroga se quedó unos días en Tala y con sus fuerzas y las de Ibarra invadieron la ciudad de Tucumán (25/11/1826), gobernada interinamente por el coronel Helguero. Poco tiempo después se retiró porque su provincia estaba amenazada desde Cuyo.
Esta batalla acrecentó el distanciamiento personal e ideológico entre ambos líderes, los que se volvieron a enfrentar en otros dos combates (Rincón de Valladares, 6/7/1827 y La Ciudadela, 4/11/1831), con el triunfo de Quiroga. La última derrota determinó el exilio de La Madrid a Chile por unos años, en tanto Facundo Quiroga continuó como líder y árbitro de los conflictos interprovinciales hasta el fin de sus días, 15 de febrero de 1835, en que fue emboscado y asesinado en Barranca Yaco (Córdoba).
En Catamarca retornó al poder Gutiérrez y poco tiempo después asumió el gobierno Eusebio Gregorio Ruzo, quien falleció en el ejercicio de su función (1827).
Luego, continuó un proceso político crítico en el contexto de las guerras civiles, imponiéndose Juan Manuel de Rosas como gobernador de Buenos Aires, quien ejerció las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina hasta su derrota en la batalla de Caseros (3/2/1852) ante el Ejército Grande,comandado por el gobernador de Entre Ríos Justo José Urquiza.
El triunfo marca un hito fundamental en la organización constitucional de la Nación.