Justo cuando se cumple un año del comienzo de la cuarentena que tuvo como efecto inevitable una brusca caída de la actividad económica, empiezan a conocerse datos alentadores que presuponen una lenta pero progresiva reactivación económica, tanto para las finanzas nacionales como para las jurisdicciones provinciales. La recaudación tributaria nacional creció en febrero un 51,9 por ciento interanual, superando a la inflación del mismo período, que se ubicó en poco más del 40 por ciento.
Respecto de las cuentas de los estados subnacionales, las estadísticas oficiales indican que en el primer bimestre de 2021 la evolución de los recursos provinciales provenientes de la coparticipación federal y la recaudación tributaria propia crecieron un 46 por ciento, casi 6 puntos porcentuales por encima del incremento promedio de los precios para el mismo período.
La región menos favorecida respecto de transferencias del gobierno federal fue el Norte Grande argentino (NOA y NEA), pero compensó con un aumento de la recaudación propia por encima del promedio general del país. Catamarca, según los números oficiales, tuvo un incremento del 15% en términos reales de su recaudación tributaria. Los impuestos que conforman la parte sustancial de la torta de ingresos por recaudación propia en las provincias son Ingresos Brutos, Inmobiliario, Automotor y Sellos, particularmente el primero de ellos que representa el 78 por ciento del total.
En función de estas cifras y de otras variables, las proyecciones de crecimiento de la economía argentina para este año se ubican por primera vez arriba del 6 por ciento. Según lo señalado por el ministro Martín Guzmán en un encuentro virtual con inversores, la expectativa es un crecimiento del Producto Bruto Interno del 7 por ciento como base. En el Presupuesto anual el cálculo es del 5,5 por ciento. A fines de enero, antes de que se conocieran los primeros resultados de las estadísticas oficiales del año en curso, el Fondo Monetario Internacional había proyectado una evolución del 4,5 por ciento como tope.
Lo que hay que recordar, en este contexto, que la caída del PBI en el país durante 2020 como consecuencia de la pandemia fue del 10,4 por ciento.
Es probable que el Gobierno nacional intente atraer la atención de los potenciales inversores con estimaciones demasiado ambiciosas, pero también es factible que esos cálculos se basen en evidencias estadísticas respecto de recuperación de la actividad económica, el empleo y el ya mencionado fortalecimiento de las cuentas públicas.
La modestia de los buenos datos y las expectativas en comparación con la envergadura de la crisis aconseja ser prudentes. Como se viene sosteniendo en esta misma columna, el Gobierno tiene enfrente desafíos mayúsculos como la inflación que no da tregua, la falta de acuerdo aún con el FMI, el déficit fiscal y otra serie de problemas económicos estructurales irresueltos como para enarbolar optimismos todavía infundados.n