Editorial

Hacia una economía circular

Cada vez toma más fuerza el concepto de “economía circular”, en contraposición...
miércoles, 17 de febrero de 2021 · 01:09

Cada vez toma más fuerza el concepto de “economía circular”, en contraposición al de “economía lineal”, que ha sido históricamente el característico de las naciones más desarrolladas desde el punto de vista industrial, aunque ahora se observan cambios en la tendencia. La economía circular se basa en la necesidad de encaminar el mundo a una economía sustentable desde el punto de vista ambiental, revirtiendo el creciente y cada vez más acelerado proceso de degradación de los recursos naturales que es propio del modo de producción actual.

Según estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), anualmente se extraen en todo el mundo 100 mil millones de toneladas de recursos naturales para la producción, el triple de lo que se extraía en 1970 pero la tercera parte de lo que se extraerá en 2060 de seguir el ritmo actual de producción, consumo y descarte.

La economía circular retoma de alguna manera el concepto de reciclado, que surgió, también con potencia, hace treinta o cuarenta años. Pero mientras en el reciclado –es decir, el procedimiento por el cual se convierten residuos en nuevos productos o en materia prima para su posterior utilización- la responsabilidad principal en el proceso recae en el consumidor, en la economía circular lo hace en las empresas productoras de bienes. 

Mientras en la economía lineal la materia prima que se usa en la producción termina en residuo, y allí culmina el proceso, en la economía circular  parte de la materia prima, luego del consumo, se reutiliza y se recicla. Las empresas que practican este modo de producción, además de promover el cuidado del medio ambiente, logran, cuando el modelo se afianza, mayor rentabilidad, que deriva de la posibilidad de reutilizar y reciclar los materiales que utilizan.

A nivel internacional existe el programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que propicia el abandono del “crecimiento lineal” y la integración de “la circularidad en las finanzas y la economía”.

Nuestro país se encuentra, respecto de los europeos, por ejemplo, bastante atrasado en lo que respecta a las tareas de reciclado. La separación de origen es ínfima y son los recicladores urbanos básicamente los que asumen la responsabilidad de recuperar y diferenciar los residuos para su posterior reutilización.

Existe en la Cámara de Diputados de la Nación, actualmente, un proyecto de ley que apunta a prohibir gradualmente los productos de plástico de un solo uso, y en el Senado otro que procura establecer responsabilidades a las empresas que producen desechos.

Son pequeños avances para un proceso que en nuestro país viene muy lento. 

Debe el Estado alentar los modelos de producción basados en la economía circular, otorgando incentivos a las empresas que se sumen a esta tendencia que, si bien en la actualidad no parece inexorable, debería serlo si la humanidad pretende proteger los recursos naturales, siempre escasos, del planeta.

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