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Cara y Cruz

El turno de la Universidad

9 de octubre de 2021 - 01:10 Por Redacción El Ancasti

La medida estaba en ciernes y era muy esperada, quizás más por los estudiantes que por los docentes. El ministro de Educación de la Nación, Jaime Perczyk, derogó el jueves una norma del 8 de agosto de 2020 que impedía la vuelta a la normalidad en las universidades. A partir de ahora ya no necesitan recibir el aval de Nación para avanzar en mayor presencialidad, aunque todavía deben articular con cada ministerio de Salud provincial. Lo básico del nuevo decreto es que elimina el distanciamiento de 1,5 metros que era obligatorio. 

Si bien es cierto que algunas pocas universidades avanzaron en las últimas semanas con esquemas de bimodalidad, representan, por lejos, el nivel educativo más rezagado con la reapertura de las aulas. La presencialidad en algunas de ellas solamente está habilitada para las materias prácticas que requieren manipulación de objetos y actividades en laboratorios. Pero la mayoría de las materias teóricas se siguen dictando a distancia. 

En facultades de Ciencias de la Salud, como Medicina en la nacional de Córdoba, solo empezaron con la presencialidad en un par de asignaturas; el resto es todo virtual. Pero en Ciencias Sociales ni siquiera se plantean algún retorno hasta fin de año. Todos los planes en ese sentido parecen haber sido trasladados al ciclo lectivo 2022. Recién en marzo esperan tener alguna decisión firme al respecto.  

En el caso de la Universidad de Catamarca, la Facultad de Tecnología y Ciencias Aplicadas fue la que picó en punta con el operativo retorno. Esta semana autorizó la realización de actividades académicas presenciales, como el dictado de clases en las asignaturas de tercero a quinto año de las carreras de grado y de segundo a tercer año de las carreras de pregrado, además de los exámenes finales.

La medida adoptada por el decano Carlos Savio es en consonancia con la resolución de la UNCA que adhirió a su vez a la del Consejo Federal de Educación (CFE), que aprobó el Documento Marco de Modificación al Protocolo para la Presencialidad Escolar.


En el plano nacional, la resolución de Perczyk no es determinante. Si bien despeja los impedimentos formales instaurados en la peor etapa de la pandemia, no es de aplicación rigurosa para las universidades porque son autónomas. Sus autoridades sostienen que el sistema universitario busca no romper el “contrato académico” hecho con los estudiantes; esto es, que éstos asumieron que el segundo cuatrimestre sería 100% virtual. Y que una parte de ellos, la minoría en realidad, vive en otras provincias o lugares del interior y no podrían ser obligados a regresar a clases de la noche a la mañana. Un argumento que parece ser más ajustado a conveniencia de los docentes que de los estudiantes. 

No hay dudas que la pandemia les cambió la vida a todos. A los que dependían del trabajo presencial, como la gastronomía y los eventos sociales, los perjudicó a niveles de quiebra. Pero a todos aquellos en relación de dependencia estatal, como los docentes, los favoreció en una forma impensada. Porque siguieron cobrando sus sueldos regularmente, evitaron gastos de traslado, estacionamiento y otros, aprendieron a usar herramientas tecnológicas y acomodaron sus rutinas diarias con algún rigor. El perjuicio fue, en cambio, para los alumnos. 

En facultades de la UNCA como las de Derecho, por ejemplo, los estudiantes no se conocen entre sí. No conversan, no interactúan, no se ayudan con la carrera. Ni siquiera se juntan para el ocio. Son seres virtuales, casi anónimos, que avanzan como pueden con sus objetivos. La distancia los ha moldeado con una naturaleza asocial. Y los humanos son, esencialmente, seres sociales. 

Si los estadios de fútbol volvieron a vibrar con sus hinchadas, si la fiestas de los buzos de egresados de secundaria reúne a cientos de chicos, si las escuelas reabrieron sus aulas, si los bares y boliches están llenos de gente, ¿por qué razón las universidades siguen cerradas, cuando se supone que toda su población ya está vacunada y los protocolos pueden ser más prolijos que en otros ámbitos? 

La respuesta no habría que buscarla en la lógica ni en la situación sanitaria, sino en la falta de voluntad, por decirlo en términos amables.

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