El grave episodio de los policías catamarqueños arrestados por violar el aislamiento social, preventivo y obligatorio durante la madrugada del sábado no es argumento suficiente para echar por tierra el trabajo responsable y comprometido que vienen realizando los miembros de esa y otras fuerzas de seguridad en las tareas vinculadas a la estrategia de prevención del coronavirus en Catamarca y la Argentina.
La infracción fue consumada en un momento en el que la ciudadanía visualiza a los integrantes de las fuerzas de seguridad como engranajes imprescindibles en los mecanismos de control que se implementan para evitar, o al menos morigerar, la propagación de la pandemia.
La imagen de la Policía viene, como es de público conocimiento, bastante golpeada en Catamarca en los últimos tiempos. No solo por las causas judiciales iniciadas contra personal con rango jerárquico en causas pesadas, como las de presunta complicidad con el narcotráfico, sino también por otras de repercusión menor, pero no por ello exentas de gravedad, como las vinculadas a apremios ilegales o violencia institucional.
El trabajo eficiente que viene realizando en materia preventiva, junto a otras fuerzas federales, por el coronavirus, ha logrado que muchos ciudadanos empiecen a modificar esa perspectiva negativa, valorando el aporte responsable y comprometido en estos días de angustia e incertidumbre.
Es evidente que, a la Policía, como a la Gendarmería, le sientan mejor las tareas preventivas que las represivas, particularmente si estas últimas no se relacionan tanto con la comisión de delitos sino con episodios de protesta social.
Gabriela Seghezzo y Nicolás Dallorso, investigadores del Conicet y coordinadores del Observatorio de Seguridad de la Universidad de Buenos Aires, elaboraron un trabajo, denominado “Elogio de la Policía del cuidado”, en el que la situación excepcional que se vive en la Argentina “posibilita visibilizar que una parte importante de las tareas que llevan adelante cotidianamente las policías se asemejan más a las tareas de cuidado que a las de una persecución y represión penal: por ejemplo, la mediación en conflictos barriales, la atención de mujeres víctimas de violencias, la contención de personas vulneradas, entre otras tantas”.
Y proponen aprovechar la emergencia para modificar el enfoque del trabajo de las fuerzas policiales. “En lugar de un modelo policial punitivista que exalta la mano dura, glorifica la hombría y la fiereza y pondera como razón de ser policial el enfrentamiento violento contra un otro que es siempre amenazante, es posible la apertura de una nueva forma de estatalidad que asuma un modelo policial centrado en el cuidado: que pondere la protección de todos, que privilegie el bienestar colectivo sobre la punición individual…”, señalan en el escrito.
Tal vez, aunque habrá que esperar para corroborarlo, entre los tantos cambios que puede generar la pandemia se encuentre el de la perspectiva de las funciones que cumplen las fuerzas de seguridad.