El crecimiento exponencial de la desigualdad en el mundo exige respuestas políticas globales y de fondo. Mientras miles de millones de personas viven en una situación de indigencia o de pobreza, un puñado de multimillonarios ya posee fortunas superiores a los 50.000 millones de dólares.
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Justicia impositiva
La cifra impresiona. Una familia en Argentina, y seguramente en la inmensa mayoría de los países del mundo, viviría dignamente con mil dólares por mes. No tiraría, como se dice coloquialmente, manteca al techo, pero tendría los gastos cotidianos normales de su vida cubiertos.
Esa familia, de clase media, tardaría aproximadamente 83 años en gastar un millón de dólares si gastase, como se dijo, 1.000 dólares por mes. Para acabar con la fortuna, por ejemplo de Bill Gates, que casi llega a los cien mil millones de dólares, tardaría al ritmo de gasto mencionado, alrededor de 7 millones y medio de años.
Se trata de un cálculo que demuestra de una manera simbólica cómo buena parte de los problemas de pobreza en el mundo se podrían mitigar si la riqueza estuviera repartida en forma más equitativa.
La desigualdad no solo es un escándalo que genera un lógico rechazo entre los sectores vulnerables y medios de la sociedad, sino, cada vez más, entre los propios multimillonarios, que consideran que la profundización de la brecha entre ricos y pobres es inadmisible. En Estados Unidos crece un movimiento, en el que están enrolados magnates de ese origen, que sostienen que la caridad y la filantropía solo calman conciencias pero en realidad lo que logran es consolidar la injusticia del sistema. Por eso, lo que promueven es una suerte de justicia impositiva.
Uno de ellos es el inversor Warren Buffet, que posee casi 90.000 millones de dólares y que está dispuesto a pagar más impuestos para evitar que su fortuna siga creciendo desmesuradamente. También lo hace Nick Hanauer, el primer inversor en Amazon.
Otra de las que promueven la justicia impositiva es Abigail Disney, sobrina nieta de Walt Disney y accionista de las compañías del holding. Cuentan que cambió su perspectiva de ver el mundo cuando se enteró, hace algunos años, que una de las trabajadoras del parque temático de su propiedad había muerto en la pobreza en el auto en el que vivía.
En los últimos 40 años, los ingresos de los más importantes Ceos y ejecutivos de los Estados Unidos crecieron un 940 por ciento. El de los trabajadores, apenas un 12 por ciento.
Mientras algunos políticos demócratas apoyan la iniciativa de la justicia impositiva, los republicanos se oponen.
Este debate que se da en el corazón del capitalismo mundial debería ser analizado en otras partes del mundo, no solo por una cuestión de equidad sino de viabilidad política de las sociedades con tanta desigualdad.
Hace poco Hanauer advirtió en un video a sus "compañeros plutócratas" que se cuiden porque su país está en riesgo de convertirse "en una sociedad rentista neofeudal, parecida a la Francia pre revolucionaria". Y, lo más inquietante, "ya vienen las masas con las horcas".