EDITORIAL

Desdén oficial

martes, 14 de agosto de 2018 · 04:00

La reincidencia de ciertas patologías obedece generalmente a falencias del propio sistema de salud, que por causas diversas genera las condiciones para esa reaparición. Algunas de esas enfermedades parecían desterradas definitivamente o en camino de desaparecer, pero luego de un tiempo se detectan casos que corroboran que el pretendido adiós era anticipado.

El sarampión es una de ellas. Al momento de anunciar el quinto caso autóctono en la Argentina luego de 18 años, el Ministerio de Salud de la Nación emitió en estos días un alerta, y anticipó que agregará una dosis extra de vacunas.

Más allá de que la existencia de razones fortuitas para explicar el resurgimiento de esta enfermedad, la cusa principal siempre debe buscarse en la negligencia humana. En algunos casos, atribuible a los particulares, como por ejemplo el auge de grupos antivacunas, que al negarse a recibir las dosis facilitan la expansión de la enfermedad, pero fundamentalmente a defecciones de las políticas de salud.

Según coinciden la gran mayoría de los expertos, el número de personas que no han recibido la vacunación correspondiente, por las dos causas mencionadas más arriba, es más alto que el promedio normal, lo cual es sumamente riesgoso considerando los brotes importantes que hubo en otros países latinoamericanos en los últimos años.

Según Nicolás Kreplak, presidente de la fundación Soberanía Sanitaria y ex viceministro de Salud de la Nación, hay más de 800 mil personas sin vacunar desde 2017 y por esta razón se debería haber iniciado antes con una campaña de vacunación.

Pero además hay dudas fundadas respecto de la eficacia de las campañas de vacunación por el atraso en la llegada de las dosis a algunas zonas de la Argentina y la escasez de materiales, como por ejemplo jeringas. Pero además deberá recordarse que hace unos meses los jefes provinciales de Inmunizaciones de las provincias, incluida Catamarca, elaboraron un documento dirigido a los ministros de Salud, en el que expresaron su preocupación por el faltante de vacunas, lo que provocó una discontinuidad en la aplicación para completar el calendario.

Señalaron que durante 2017 no se entregaron las dosis planificadas para cumplir con la vacunación antimeningocócica cuadrivalente (Menveo) de los niños de 3 y 5 meses y de los adolescentes de 11 años, entre otros problemas.

La preocupación por el faltante, entonces, no era precisamente por la vacuna contra el sarampión, pero pone en evidencia cierto desdén oficial en material de prevención de la salud pública, que se manifiesta también en la desjerarquización de la Dirección Nacional de Vacunación, que durante la actual gestión pasó a ser, apenas, un programa.

La información disponible permite inferir que la reaparición de viejas enfermedades o el crecimiento de otras no son consecuencias azarosas, sino un efecto lógico de políticas  de desprotección de la salud pública que es preciso modificar para evitar secuelas más graves y lamentables que cinco casos, por ahora, de sarampión. 

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