El afán por achicar el déficit del sector público a veces puede ocasionar que se tomen decisiones que, a la larga, tendrán un impacto muy negativo y contrario al propósito buscado.
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Mala praxis
Tal vez el caso de los despidos del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) sea un buen ejemplo del efecto paradojal mencionado. La baja de 250 trabajadores, entre los que se cuentan profesionales muy capacitados y de vasta trayectoria, según lo señalado por los directores y los responsables de centros de investigación y desarrollo del propio organismo, que se oponen a la medida, implicará en lo inmediato un ahorro –mínimo, por cierto- para las arcas estatales. Pero las secuelas de la medida, señalan los expertos, serán de importancia tal vez no considerada adecuadamente.
El INTI es un organismo que cumple desde hace décadas una función en el desarrollo del conocimiento científico y técnico aplicado a proyectos industriales. Estratégicamente, procura superar la dependencia tecnológica, que es uno de los lastres con el que cargan los países emergentes.
Todos los países desarrollados lograron la transformación de sus economías a partir de la aplicación de tecnologías propias o apropiadas para el desarrollo de la industria nacional. Ése es el objetivo primordial del INTI.
El recorte de personal del organismo se suma a otro conjunto de medidas de consecuencias similares, como el debilitamiento del CONICET, el INTA, el ARSAT y Fabricaciones Militares, y el achique del presupuesto para investigación en las universidades, por citar solo algunos ejemplos, lo que pone de manifiesto la importancia que la actual gestión parece otorgarle al desarrollo de la ciencia y la técnica.
Desde sectores vinculados al oficialismo se dejó trascender que los despedidos son en su mayoría “ñoquis” o trabajadores cuyos aportes pueden ser prescindibles. Esta visión ha sido objetada, como ya se apuntó más arriba, por los directores y responsables de centros de investigación del organismo, expertos en biotecnología, electrónica e informática, física y química entre otras áreas.
En una carta que le enviaron al titular del INTI, Javier Ibáñez, señalaron que las desvinculaciones “no contribuyen de ninguna manera a construir un INTI mejor, sino que atentan contra la continuidad de líneas de trabajo estratégicas”. “Los hechos que están sucediendo son inéditos en 60 años de historia en el Instituto y atentan contra la continuidad de líneas de trabajo estratégicas para nuestro país y el futuro del organismo, referente tecnológico de la Industria Argentina”, añadieron.
La imagen del Estado como una inmensa estructura burocrática ineficaz e improductiva tiene sustento en la realidad. No es un discurso sino una evidencia. Pero las generalizaciones en este y en todos los casos son injustas. Sanear al sector público devolviéndole la eficiencia es una necesidad para todos los gobiernos, no importa el modelo económico que impulse, pero el desafío es encarar la tarea sin costos sociales y evitando afectar el servicio que le presta a la comunidad.
Desde esta lógica, el ajuste a la ciencia y a las áreas encargadas de generar conocimiento científico y técnico aplicado al desarrollo nacional es una estrategia equivocada y de impredecibles costos futuros. Casi un ejemplo de mala praxis gubernamental.