Es claro que una revisión del sistema de coparticipación federal establecido en 1988 podría resultar nocivo para Catamarca. La Provincia obtuvo una posición de privilegio en el reparto, con el 2,86% de los recursos coparticipables, debido a las maniobras de Vicente Leonidas Saadi, que acaudillaba el bloque de senadores nacionales del peronismo en aquel entonces y cumplía un rol protagónico en la reorganización del Partido Justicialista, que había sufrido su primera derrota electoral en 1983 a manos del radical Raúl Alfonsín. Las distorsiones a las que fue sometida posteriormente la ley perjudicaron al conjunto de las provincias en beneficio de la Casa Rosada, pero la ventaja catamarqueña se mantuvo, como lo confirma el último informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), publicado en la edición de ayer de El Ancasti. Catamarca se ubica segunda en el ranking de la coparticipación por habitante, con $47.170, superada solo por Tierra del Fuego. Son unos $3.000 más por habitante que Formosa; casi $1.000 más que La Rioja; unos $1.300 más que Santiago del Estero o San Juan y $ 1.700 más que Salta, las provincias que IARAF clasifica como de bajos ingresos y baja densidad poblacional. Con ingresos por coparticipación totales de $19.000 millones en 2017, Catamarca está en el decimosexto casillero, pero pasó del cuarto en 2015 al segundo en 2017, si se toma el criterio de coparticipación per cápita.
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Mejor quedarse en la horma
Conviene tener en cuenta lo antedicho ahora que, cada tanto, casualmente cuando se disparan controversias por agravios al espíritu federal, el Gobierno nacional menea la posibilidad de discutir la ley de coparticipación. No son los tiempos en que Vicente Saadi gravitaba de modo determinante en el Senado nacional y el justicialismo. Se advierte en cambio la consolidación de un eje de poder que alinea a la Casa Rosada, la CABA y la provincia de Buenos Aires, con la desaparición de la rivalidad entre el Presidente y el gobernador bonaerense que tradicionalmente operó como atenuante informal de las asimetrías demográficas, por mera especulación vinculada a la necesidad presidencial de acotarle las chances de proyección política autónoma al mandatario del distrito más populoso del país. A diferencia de lo que pasaba con las duplas Carlos Menem-Eduardo Duhalde o Cristina Kirchner-Daniel Scioli, la de Mauricio Macri- María Eugenia Vidal funciona en sintonía perfecta, sin antagonismos. Con el “consenso fiscal”, por decisión de Macri, Vidal resolvió el problema estructural del Fondo del Conurbano Bonaerense y obtuvo más de $100 mil millones adicionales para sus presupuestos de 2018 y 2019, que le servirán para afianzar simultáneamente su gestión y su proyecto de reelección, clave en el de la reelección del propio Presidente.
Como catamarqueños, mejor quedarse en la horma. No vaya a ser cosa que a alguno se le ocurra adjetivar como una injusticia el índice que la Provincia tiene. A propósito de esto, es interesante lo que el mismo Duhalde consideró en un reportaje a “Perfil”. Tras enfatizar la importancia de la autonomía provincial y recordar lo que había hecho para fortalecerla, se lamentó por la suerte del extinto Antonio Cafiero, gobernador bonaerense durante el alfonsinismo. “Pobre Antonio, porque don Raúl le quitó ocho puntos de la Coparticipación. La Provincia no era viable, y se los devolvían, año a año, como aportes no reintegrables. Nunca le faltó la plata, pero tenía que estar bien relacionado. Tenía una dependencia”, dijo. Ocho puntos abajo, según Duhalde. A lo mejor son los bonaerenses los más interesados en redefinir el esquema de coparticipación.
