martes 25 de agosto de 2026
|| CARA Y CRUZ ||

Abre el Gran Bonete

Por Redacción El Ancasti
Es alentador que el Estadio Bicentenario esté ubicado en sitio transitado y sea tan evidente a la vista de cualquier transeúnte. El ostensible carácter de la mole servirá como recordatorio permanente de los defectos de construcción que la precipitaron en el escándalo; una especie de silicio que acaso logre conmover la por lo general impermeable conciencia de quienes tienen que establecer responsabilidades administrativas, civiles y eventualmente penales. Esto es importante, porque en el cruce de imputaciones entre oficialistas y opositores y en las manifestaciones del propietario de la firma que edificó el malogrado complejo deportivo, Benjamín Capdevila, se advierte que empezaron a repartirse los naipes para abrir el juego del Gran Bonete, sobre cuya extensión temporal redundan las referencias. Acá no caben demasiadas discusiones, pues no se trata de una cuestión política, sino técnica: el Estadio se cae a pedazos y hay responsables concretos por tal circunstancia. Las instalaciones no llegaron a cumplir seis años y ya son inservibles, pero las fallas vinieron apareciendo, y agravándose, desde un principio.

El colapso de la estructura, por tanto, no fue repentino ni sorpresivo. Para empezar las indagaciones, está toda la línea del Ministerio de Obras Públicas que cuando se adjudicó la obra y comenzó a construirse, en la gestión de Eduardo Brizuela del Moral, comandaba Juan Acuña. Las deficiencias de los controles son incontrastables. De acuerdo con el informe confeccionado por la Universidad Nacional de Tucumán, hay fallas en la propia cimentación, cuya fiscalización debió demandar especiales cuidados por parte del Estado y de Obras Públicas desde que las características del suelo seleccionado para levantar el pesado edificio no era de lo más estable. No hay motivos para demorar en tirar de piolín tan a mano si lo que se pretende es determinar, no ya a qué sector político le caben las culpas políticas por el Estadio, que están más que claras, sino las personas qué, por desidia, incompetencia u otros motivos menos dignos todavía, incumplieron con sus deberes.
Sin embargo, le asiste razón al ingeniero Capdevila cuando objeta que a su empresa y a sus técnicos no les dieron participación durante la elaboración del informe de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la UNT, lapidario para la contratista y sus contratantes. Esta omisión será sin dudas fundamento para la impugnación que Capdevila Constructora interpondrá en sede judicial apelando al que su derecho a defensa se vio vulnerado, lo que casi con seguridad demandará nuevas pericias y extenderá los plazos administrativos y judiciales, de por si largos, aun cuando estén exentos de maniobras dilatorias. Capdevila atribuye el colapso del megaestadio, en sintonía con el FCS y los defensores políticos de Brizuela del Moral, a la falta de mantenimiento. En tal sentido, el empresario consideró que el informe de la UNT es "inconsistente, tendencioso” y adolece de "errores técnicos”. A esto agrega que, cuando el Gobierno en curso decidió hacerse cargo de la obra, la firma advirtió acerca de los cuidados que debían tenerse con el mantenimiento e incluso sobre obras complementarias que había que hacer para prevenir "desestabilizaciones”. Todo, asegura, fue asentado ante una escribana del Gobierno.

Como se ve, ya está el paño tendido y el naipe distribuido para que los jugadores comiencen con el "¿Yo, señor? No, señor". Acaso la contundente visibilidad del despropósito, que en tiempos de la Fiesta del Poncho adquiere masividad, contribuya a acelerar los procedimientos, para que no ocurra con el Estadio lo mismo que con otros incidentes de exposición visual menos frecuente como el del tendido sobre la Cuesta del Portezuelo, que se tramitó en un expediente plagado de anomalías hace ya cinco años sin que hasta la fecha se tenga noticia de que se haya movido un solo papel para identificar y sancionar a los responsables. El Gobierno anunció que presentará el informe de la UNT a la Justicia y, de acuerdo con lo que allí se determine, accionará. Capdevila, por su parte, salió en defensa del prestigio de su empresa. Ojalá se le meta pata al juego y no se trabe el Gran Bonete con el "entonces, ¿quién lo puede tener?".
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