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CARA Y CRUZ

Ni en el centro...

Desgraciadamente, la sociedad catamarqueña parece resignada a convivir...
12 de julio de 2016 - 04:10 Por Redacción El Ancasti
Desgraciadamente, la sociedad catamarqueña parece resignada a convivir con una inseguridad creciente, acostumbrada ya a la cotidianeidad del delito, sumida en una modorra que se sacude solo cuando el salvajismo de los ataques excede umbrales considerados normales o las víctimas gozan de algún renombre, como es el caso del presidente del Colegio de Abogados, Miguel Dahbar, blanco el fin de semana de un violento atraco a mano armada en su propia casa, ubicada a pocas cuadras de la plaza principal. Le tocó a Dahbar como le toca periódicamente a otros vecinos menos célebres. El caso es que los delincuentes continúan actuando con inquietante impunidad hasta en el radio del centro, impunidad que no hace más que cebarlos e incentivarles la audacia. El mismo fin de semana que se produjo el asalto al abogado se informó que los arrebatos se han hecho más intensos. En la edición de ayer, se publicó el reclamo que, a través de facebook, le hizo el director de Planificación de la Municipalidad de San Fernando del Valle, Rodrigo Molas, al secretario de Seguridad de la Provincia, Marcos Denett. Con lo de Dahbar, las expresiones del funcionario municipal toman carácter premonitorio. 





Molas escribió impulsado por la impotencia propia y de los vecinos del centro atemorizados por las incursiones de los malandras. Se desconoce el monto de lo que le robaron a Dahbar, pero se procede al asalto a punta de pistola o puñal para hacerse de teléfonos celulares o unos pocos pesos. Es decir, los delincuentes asumen la posibilidad de enfrentar cargos por asalto a mano armada a cambio de botines exiguos, evaluación que solo se entiende por dos motivos: o tienen las neuronas aniquiladas por los estupefacientes, o confían en salir bien librados aun cuando, eventualmente, los atrapen, salvo que se esté en presencia de "zonas liberadas”. Cualquiera sea el caso, los catamarqueños siguen cautivos del salvajismo, expuestos a ataques en pleno centro. El asalto de Dahbar fue alrededor de las 21.30.





Como castigo adicional a las víctimas de la delincuencia, están los procedimientos que tienen que seguir en sede policial y judicial cuando se deciden a denunciar, enrevesados e interminables purgatorios en la mayoría de los casos inútiles o, cuando excepcionalmente arriban a algún resultado, terminan con los reos liberados y predispuestos a tomarse revancha contra quienes osaron acusarlos. Cientos de honestos conviven con conocidos malvivientes. Como ni la Policía ni la Justicia dan respuesta a sus reclamos y advertencias, no tiene otro remedio que tratar de convertir sus hogares en ciudadelas con tapias cada vez más altas, alarmas, alambres de púas y cercas electrificadas. Que la política de seguridad que ejecuta el doctor Marcos Denett es un fracaso lo demuestra el hecho de que ni siquiera pueda ofrecer garantías en las inmediaciones de la Casa de Gobierno. Los excesivamente módicos frutos de su gestión contrastan con los esfuerzos que gasta en promocionar actividades protocolares que, supone él, le fomentan el prestigio, aunque su impacto sea nulo en la calidad de vida de los catamarqueños rehenes de la delincuencia.
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