La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete suspende el programa de expansión de La Libertad Avanza como partido político y lo reemplaza por un sistema electoral que reduzca las posibilidades de una definición en balotaje de la contienda presidencial del año que viene.
En octubre de 2024, Javier Milei designó a su “hermanísima” Karina organizadora de La Libertad Avanza como partido nacional, en un acto recargado de mesianismo que realizó en Parque Lezama, entonado por el éxito de las arduas tratativas con los gobernadores que le habían permitido sacar la Ley Bases y escenificar, el 9 de julio, en la histórica Casa de Tucumán, el “Pacto de Mayo” que ahora convoca a renovar.
La tregua con los caciques territoriales, sin embargo, duró hasta los escarceos electorales del año siguiente.
El triunfo de La Libertad Avanza en las elecciones nacionales de medio fue el desenlace de un proceso muy accidentado, que demandó el auxilio del Tesoro de los Estados Unidos para evitar el desmadre de la escena económica después de la victoria del peronismo en las provinciales de Buenos Aires, que se celebraron desdobladas. El revés bonaerense fue el último y el de mayor impacto, pero estuvo precedido por varios comicios provinciales desacoplados en los que el desempeño libertario fue en términos generales pésimo.
La Libertad Avanza ganó las nacionales, pero no logró conmover significativamente los esquemas provinciales diseñados por la mayoría de los gobernadores. Milei afianzó su liderazgo nacional, pero los caciques territoriales también ratificaron su poderío. El criterio del electorado para discriminar entre lo nacional y lo provincial se reflejó incluso en los comicios que se hicieron en forma simultánea, facilitado por el hecho que de que los candidatos se votaron en boletas diferentes.
El sueño libertario del partido hegemónico propio se subordinó a la construcción de herramientas más eficaces para procurar la reelección de Milei en primera vuelta, sin riesgo de balotaje contra un candidato que pueda canalizar el antimileísmo. El sueño libertario del partido hegemónico propio se subordinó a la construcción de herramientas más eficaces para procurar la reelección de Milei en primera vuelta, sin riesgo de balotaje contra un candidato que pueda canalizar el antimileísmo.
“Provincias Unidas”, una estructura que se postuló como opción intermedia entre el kirchnerismo y el mileísmo, fracasó.
El éxito nacional empoderó a Karina, que colocó a Manuel Adorni como Jefe de Gabinete. El resultado del experimento es conocido, pero en el prolongado proceso de degradación del funcionario apareció la disidencia de Patricia Bullrich y los sondeos de Mauricio Macri para tratar de rearmar lo que fue Juntos por el Cambio se hicieron más intensos.
Vale decir que en el transcurso de solo seis meses volvió a insinuarse el embrión de una organización alternativa a La Libertad Avanza, y con ella la proyección hipotética de una escena electoral en 2027 de tercios, como la de 2023.
La política manda. El sueño del partido hegemónico propio se subordinó a la construcción de herramientas más eficaces para procurar la reelección de Milei en primera vuelta, sin riesgos de balotaje contra un candidato que pueda canalizar el antimileísmo.
La misión de Santilli
Esa es la tarea asignada a Santilli, que comenzó las operaciones de inmediato, reforzando los vínculos con los gobernadores que había comenzado a estrechar como ministro del Interior.
La reforma electoral que ofrece es suplantar las PASO por un sistema de colectoras para que dos o más listas legislativas nacionales puedan ir bajo la candidatura presidencial de Milei, colgadas de él o traccionándolo, según el caso.
En otros términos, el formato ofrece al disperso ecosistema político la posibilidad de competir bajo el paraguas del único dirigente con proyección nacional del país si se exceptúa a Cristina Kirchner, que está presa.
Se trata de un refugio para la multiplicidad de huérfanos de referencias nacionales que dejó el colapso de la partidocracia y el eclipse de los liderazgos de Macri y CFK. Supone un nuevo armisticio con los gobernadores, que a la alternativa de desdoblar sus elecciones provinciales sumarían la de colocar ofertas propias para el Congreso, como sublemas de Milei.
Las ingenierías posibles con este eventual diseño son tantas como las situaciones particulares de cada provincia.
Los interlocutores del Gobierno lo analizan con cautela, mientras miden qué efectos podría tener en sus distritos y si les conviene, pero lo concreto es que el orden libertario avanza en la construcción de un embudo electoral que conduzca los votos fragmentarios hacia Milei.
Máximo presidente
A esta herramienta en ciernes, el kirchnerismo responde con la exacerbación de un discurso tribal en el que cualquier potencial aliado debe cumplir con una imposición indefectible: abrazar el dogma “Cristina Libre” y someterse al mando de la líder presa, considerado infalible.
El escenario de Parque Lezama ejerce una extraña fascinación para los portadores del extremismo. Lo usó Milei para el lanzamiento de La Libertad Avanza como partido nacional en octubre de 2024, lo utilizó Máximo Kirchner el mes pasado para establecer las condiciones de la unidad kirchnerista.
La demanda de sometimiento a “La Cámpora” se tornó particularmente intensa y erosiva sobre el desertor Axel Kicillof. El politburó cristinista no lo confiesa, pero todas sus maniobras convergen en esmerilar hasta la humillación al gobernador bonaerense candidato a la Presidencia. Pretenden hasta que cumpla una cuota mínima de visitas a San José 1111.
De la balcanización del Partido Justicialista, el cristinismo pasa a la fractura del propio kirchnerismo y la destrucción de Kicillof.
La perorata de Máximo en Parque Lezama aceleró las maniobras en tal sentido. El diputado camporista Francisco Tignanelli comparó a Kicillof con “El Lobo” Augusto Timoteo Vandor, sindicalista asesinado a tiros por una organización de la izquierda peronista el 30 de junio de 1969, acusado de conspirar para conformar un “peronismo sin Perón”.
Esta exorbitancia histórica fue disparada mientras las usinas camporistas multiplicaban la estrafalaria idea de que Cristina Kirchner sea candidata a la Presidencia desde la prisión domiciliaria. El intendente de Carmen de Areco, Iván Villagrán, mostró lo que podría ser la pinta de ese naipe.
“Me encantaría Máximo presidente. Si bien los apellidos no son milagrosos, nos garantiza un sello de calidad. Es Kirchner”, dijo poco antes de la visita a su municipio del heredero, a quien instó a caminar para que le gente lo pueda “tocar y abrazar”.
Pax libertaria
El contraste se hace cada vez más nítido.
Santilli es el operador de la flexibilización libertaria en pos de la reelección de Milei; Máximo y sus arietes de “La Cámpora” acentúan la rigidez facciosa al extremo de demoler a Kicillof.
El orden libertario busca articular un instrumento que le permita administrar electoralmente la fragmentación en beneficio propio el año que viene. El cristinismo responde tirando otra granada de fragmentación cuya onda expansiva se trasmite desde su propio espacio al resto del desconcertado peronismo, a pesar de los menesterosos resultados que ha obtenido “La Cámpora” en todas las incursiones electorales que aventuró contra los peronismos de las provincias.
El sustento retórico de “La Cámpora” son los anacronismos descabellados y, ahora, los derechos adquiridos por la genética.
No es extraño que los liderazgos territoriales despeguen de una conducción que les propone la eutanasia.