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Editorial

La amenaza de la informalidad

26 de diciembre de 2016 - 04:03 Por Redacción El Ancasti
La recuperación de la credibilidad de las estadísticas implica un avance innegable en el análisis de la realidad argentina, paso imprescindible para proyectar las políticas de Estado.
 
Sin embargo, la informalidad existente en un amplio sector de la economía impide establecer con precisión diagnósticos sobre la realidad económica, social y laboral.

El incremento del desempleo formal en los últimos meses como consecuencia de la caída en el nivel de la actividad económica tiene sin duda su correlato en el sector informal. De hecho, aquellos empleados "en blanco” que contrataban a trabajadores informales para changas dejan de hacerlo cuando pierden el puesto en el que se desempeñaban.

Una aproximación a la realidad del trabajo "en negro” se logra mediante información recolectada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC). El último informe elaborado por ese organismo consigna que hay en el país actualmente casi cuatro millones de trabajadores no registrados, lo que representa aproximadamente un tercio de la fuerza laboral en actividad, que se calcula en aproximadamente 18 millones de personas.

La informalidad, en la gran mayoría de los casos, es sinónimo de pobreza e indigencia. Los trabajadores no registrados no tienen paritarias, ni obra social, ni aportes previsionales que les permitan, al final de sus vidas, acceder a un haber jubilatorio, mucho menos desde que el actual gobierno nacional decidió dar por finalizada la moratoria previsional que permitía acceder a ese beneficio a quienes debían aportes.

Los datos del informe corroboran la condición de región con mayor cantidad de problemas sociales que caracteriza al Norte Grande (NOA y NEA). El noroeste argentino tiene un porcentaje de trabajo en negro muy por encima del promedio nacional: alcanza el 40,3% de la fuerza laboral activa. En Cuyo la informalidad supera el 36% y en el noreste la cifra llega al 34,8%. 

La zona pampeana tiene una informalidad similar al promedio nacional (33,3%), mientras que la Patagonia registra porcentajes de trabajo en negro apenas superior al 17%.

Además de intensificar los controles orientados a evitar la informalidad, se requiere de estrategias de desarrollo eficaces.

Es que el crecimiento de la informalidad laboral es directamente proporcional a la caída de la economía. Y, al revés, en los períodos de crecimiento económico es cuando se advierte una disminución del trabajo en negro. Durante la crisis del 2001-2002, el empleo no registrado llegó casi al 50%. Luego de varios años de crecimiento económico, sobre todo en el período 2003-2011 (con la excepción del 2009), retrocedió hasta los valores actuales, cercanos al 33%.

Es de esperar que el ciclo recesivo que arrancó en el último trimestre de 2015 y se profundizó este año llegue rápidamente a su fin. Resulta imprescindible que se generen políticas eficaces tendientes a reactivar la economía, porque esa expansión genera un círculo virtuoso que se refleja en los indicadores macroeconómicos, pero fundamentalmente en la calidad de vida de la gente.

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