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EDITORIAL

Un riesgo para el futuro

Con recursos infinitamente menores a los que disponen los científicos de los países con mayor grado...
22 de diciembre de 2016 - 04:09 Por Redacción El Ancasti
Con recursos infinitamente menores a los que disponen los científicos de los países con mayor grado de desarrollo, los representantes nacionales en la materia históricamente se han dado maña para alcanzar logros formidables.

Si bien muchos de los científicos argentinos trabajan en reserva, con perfil muy bajo y avances notables en las distintas especialidades, otros ya han logrado alcanzar reconocimiento internacional. 

A fines de noviembre, el neurocientífico argentino Mariano Sigman, que actualmente dirige el Laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Universidad Torcuato Di Tella, recibió de la Pontificia Academia de Ciencias el prestigioso premio Pío XI, que se otorga solo una vez cada dos años a la trayectoria de un investigador internacionalmente reconocido.

También fueron reconocidos este año el físico Daniel De Florian, director del Centro Internacional de Estudios Avanzados, de la Universidad Nacional de San Martín, y Guillermo (Willy) Cortiñas, del Departamento de Matemática de la Universidad de Buenos Aires. Recibieron el premio que otorga la alemana Fundación Alexander von Humboldt, que cada año distingue a cien investigadores de todo el mundo. 

Liliana Arrachea y la lingüista Lucía Golluscio, investigadoras del CONICET, recibieron el premio Georg Forster. Y Guillermo Kaufmann, investigador superior en el Instituto de Física Rosario, obtuvo el premio Galileo Galilei 2016, otorgado por la International Commission for Optics.

Pero tal vez el caso más destacado sea el de la astrofísica cordobesa Gabriela González, que fue seleccionada como una de las diez personalidades del mundo de la ciencia más destacadas por la prestigiosa revista especializada Nature. González corroboró la existencia de las ondas gravitacionales que Albert Einstein había anunciado hace un siglo.

La información consigna que la científica compartió la prestigiosa lista con la especialista en enfermedades infecciosas brasileña, Celina Turchi, quien detectó el vínculo entre la microcefalia y el virus del Zika, además del astrónomo español Guillem Anglada-Escudé, por el descubrimiento de un nuevo planeta que orbita su estrella, Próxima Centauri. También fueron reconocidos los trabajos del neurocientífico inglés Demis Hassabis, por el desarrollo de un sistema de inteligencia artificial capaz de imponerse al campeón mundial del go y el chino John Zhang, responsable del primer nacimiento de un bebé producto de la unión de material genético de tres personas, entre otros.

Resulta apropiado destacar los logros alcanzados por la ciencia argentina en los últimos años en el actual contexto de reducción presupuestaria para la ciencia y la técnica.

Las autoridades nacionales parecen abusar de aquella frase que dice que para hacer ciencia –o física-, "se necesitan cuatro paredes y gente brillante adentro”. 

Se trata, claro, de una simplificación que enfatiza la importancia de la inteligencia, la responsabilidad y la constancia del científico, pero ignorar la necesidad de que la investigación cuente con los recursos necesarios para su financiamiento sería necio y un riesgo para el futuro de las generaciones venideras.

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