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EDITORIAL

La grieta y la brecha

21 de diciembre de 2016 - 04:03 Por Redacción El Ancasti
En el discurso de la política argentina de los últimos años, la palabra "grieta” se asocia inevitablemente a las diferencias existentes entre dos sectores que tienen una percepción de la realidad diferente, y en muchos casos antagónicas. En función de la popularidad que ha logrado el término en el último lustro, no resulta necesario profundizar demasiado para explicar sus alcances, aunque sí apropiado apuntar que muchas veces tales discrepancias son alimentadas intencionalmente por quienes se benefician con ellas.

Más que de grietas, que dividen políticamente, sería de utilidad hablar de brechas, que provocan distancias escandalosas entre sectores de acuerdo con la distribución de la riqueza.

En efecto, la desigualdad, que se manifiesta globalmente pero también hacia el interior de cada uno de los países, es un fenómeno que avergüenza a la humanidad.  Si los recursos existentes en el planeta se distribuyeran de manera ecuánime, no habría hambre en el mundo, y tampoco pobres.

Pero como bien lo ha señalado el Papa Francisco la lógica actual del capitalismo apunta a la concentración de la riqueza, más que a su reparto equitativo. Las cifras son contundentes: 62 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial.

En nuestro continente, según el último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en 2014 había 14.805 multimillonarios, es decir, personas que poseen un patrimonio superior a los 30 millones de dólares. Solo esa riqueza equivale al dinero necesario para eliminar la pobreza en la mitad de los países de América Latina.

En la Argentina hay 1.185 multimillonarios, que poseen en conjunto una fortuna equivalente al 26% del Producto Bruto Interno. Un ejemplo concreto explica la magnitud de la injusta distribución de los ingresos: a una familia de ingreso medio bajo le tomaría 34 años ganar lo que un hogar multimillonario consigue en un solo mes.

La inequidad en la Argentina creció en el último año, según las cifras proporcionadas por el INDEC en octubre pasado. El diez por ciento más rico de los hogares pasó de concentrar un 26,6 a un 28,5 por ciento de la riqueza.

La pobreza, sostienen los expertos mundiales que estudian el problema y planifican las estrategias para desterrarla, no es inevitable. De modo que corregirla es posible si se adoptan medidas globales orientadas a corregir las distorsiones de la desigualdad, 

Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, una confederación internacional de 19 organizaciones que trabajan para terminar con la pobreza en el mundo, dijo en la última reunión de Davos: "Reto a los Gobiernos, empresas y élites presentes en esta reunión a que hagan lo que deben para acabar con la era de los paraísos fiscales, que está exacerbando la desigualdad económica e impidiendo que cientos de millones de personas puedan salir por su propio pie de la pobreza. Las empresas multinacionales y las élites económicas juegan con unas normas distintas al resto, y rehúsan pagar los impuestos necesarios para que la sociedad funcione adecuadamente”. 

Reflexiones de similar contenido valen para analizar la desigualdad hacia adentro de cada país. El desafío de la igualdad es enorme. Pero asumirlo sí es inevitable.

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