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CARA Y CRUZ

Actitudes políticas opuestas

El intrincado cierre de listas de candidatos para competir en las PASO de agosto, que terminarán de definirse entre mañana..
22 de junio de 2015 - 04:07 Por Redacción El Ancasti

El intrincado cierre de listas de candidatos para competir en las PASO de agosto, que terminarán de definirse entre mañana y pasado en la Justicia federal y provincial, dejó al descubierto algunos comportamientos políticos que marcan diferencias notorias entre los dirigentes. Por un lado, el médico Rubén Manzi, máximo referente provincial de la Coalición Cívica, era el hombre "elegido” para encabezar la nómina de diputados nacionales de la lista "Catamarca puede más y mejor” del Frente Cívico y Social, que responde a Oscar Castillo y Eduardo Brizuela del Moral, a partir de un acuerdo previo consensuado en el orden nacional entre el líder del PRO, Mauricio Macri, y su par de la CC, Elisa Carrió. Justamente había sido Carrió quien pidió por él para la oferta al Congreso nacional del sector. Pero Manzi, pese a que nada debía explicar acerca de esta postulación, interpretó que su incursión produciría un conflicto interno en el radicalismo -en especial en la línea Celeste- y en el FCS en general, donde ya había varios dirigentes de peso en carrera que reclamaban esa candidatura, y prefirió dar un paso al costado. Explicó su decisión a Brizuela del Moral y Castillo y aceptó bajar a la lista de diputados provinciales. Y además convenció a los referentes nacionales de la alianza "Cambiemos” de que ésta era la mejor alternativa para asegurar la convivencia política en el frente electoral catamarqueño. Así, la candidatura nacional quedó para el intendente de Fiambalá, Amado "Coco” Quintar.


La contracara de la actitud de Manzi fue la del subsecretario de Asuntos Institucionales de la Provincia, Gustavo Aguirre, quien a pocas horas del cierre de listas decidió lanzarse a la intendencia de la Capital para competir en las Primarias contra el actual jefe municipal, Raúl Jalil, cuya candidatura a la reelección ya estaba acordada de antemano en el seno del Frente para la Victoria. Aunque se cuidó de no mencionar a Jalil en ningún momento, Aguirre se presentó a sí mismo en estos términos: "No soy una persona de doble apellido, ni un privilegiado de la política, ni tengo a mi familia en el Gobierno. Soy hijo de trabajadores docentes, tengo la responsabilidad de generar un espacio donde los ‘sin nombre’ de la comunidad puedan tener su lugar". Y, en obvia alusión a su "rival”, dijo sentir "la necesidad de que en las PASO haya una expresión genuina del Frente para la Victoria, de los que nunca nos fuimos y especulamos, de los que mantuvimos una coherencia y una convicción, de los que nos sentimos ideológicamente identificados con el proyecto nacional”. La bravuconada le duró muy poco. El viernes a la noche ya se sabía que su sueño municipal había sido sepultado de un simple telefonazo. Al día siguiente apareció en la lista de candidatos a diputados nacionales por el FV en segundo lugar, detrás de Verónica Mercado.

 

Así, el audaz dirigente aprendió otra regla de la política oficialista vernácula: la familia es más importante que La Cámpora. Aguirre estaba convencido de lo contrario. Pobre iluso. Apenas alcanzó con un llamado de la familia "con nombre” para que su aventura electoral fracasara antes de comenzar. Lo peor es que su primera reacción fue enojarse con Jalil, a quien le dijo de todo, y no con quienes lo habían envalentonado para largarse al ruedo, es decir, con quienes le prometieron y no le cumplieron (llámense éstos Máximo Kirchner o Lucía Corpacci) La frustrada campeada del subsecretario Aguirre fue una demostración más de que la "política del dedo” puede ser tan favorable como perjudicial en estas circunstancias, más aún cuando el ímpetu se antepone a la lectura clara de la política. 

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