La historia de las elecciones nacionales y provinciales indica que la costumbre del catamarqueño, en su mayoría, es votar la boleta completa de una fuerza política. En algunos casos lo hacen por convicción o disciplina "orgánica” y en otros por imposición o presión. Importa poco si están de acuerdo o no con los candidatos o los cargos en juego, en general existe una tendencia bastante consolidada de no cortar el voto o directamente no votar algún segmento de la boleta. Para las fuerzas políticas, el objetivo es siempre que la gente tome el voto completo y lo deposite en la urna, sin detenerse a mirar quiénes acompañan al candidato principal o si están de acuerdo con que se elija determinado cargo. No obstante, desde el punto de vista del elector, el ejercicio pleno de la libertad consiste en votar con convicción y responsabilidad. Y a veces esto implica hacer una selección crítica de la oferta disponible, más aún si el sistema electoral lo permite, como sucede en este proceso donde las boletas están separadas por categorías y delineadas para ser cortadas. Porque es perfectamente lógico suponer que un ciudadano, por más simpatía que tenga con un partido político, puede no estar de acuerdo con todos los nombres y cargos que tendrá frente a sí en el cuarto oscuro.
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Pleno ejercicio de libertad
Por otro lado, la elección del domingo puede no ser la última: si hay balotaje entre los dos candidatos presidenciales más votados, el 22 de noviembre próximo los argentinos concurrirán nuevamente a las urnas para elegir al próximo jefe del Estado nacional. Pero en este caso solo habrá dos votos posibles, a diferencia del próximo domingo en donde las propuestas son múltiples. En otros términos, si se trata de ejercer el derecho a usar la tijera, la ocasión es ésta. En las PASO del 9 de agosto último, miles de catamarqueños se expresaron de esa manera. Por ejemplo, en las categorías legislativas (senadores y diputados nacionales, senadores y diputados provinciales, parlamentarios del Parlasur y concejales), en promedio hubo un corte de boleta que osciló el 10 por ciento. Y hubo muchísimas combinaciones entre boletas de distintas fuerzas y candidatos, lo que por cierto complicó más aún el escrutinio definitivo. A saber, algunos votos incluían el candidato a presidente de una fuerza y el gobernador de otra. O el gobernador y el intendente de una alianza y los cargos legislativos de otra. El dato de las PASO fue precisamente que el electorado catamarqueño no solo creció en praxis democrática sino que además se volvió más exigente con su clase política.
Sin embargo, la mayor demostración del enojo de los ciudadanos fue el voto en blanco. En promedio, llegó al 17,4 por ciento en todas las categorías, con lo cual se constituyó, una vez más, en la tercera fuerza provincial, tres veces mayor que la considerada formalmente como tercera fuerza política: el F3P. Y el castigo de los electores fue particularmente impiadoso en los cargos legislativos. De menor a mayor: para diputados provinciales, el voto en blanco fue del 18,5% (40.653 votos); para senadores nacionales, 22,3% (40.032); para diputados nacionales, 22,8% (50.113) y para los representantes regionales al Parlasur, 29% (64.043). Lo del Parlasur conjuga el escepticismo respecto al rol que jugará la institución –por lo pronto, un organismo meramente figurativo-, el hecho de que recién empezará a funcionar en 2019, la escasa incidencia que tendrá en la política de cada país y, sobre todo, las jugosas dietas y viáticos que cobrarán sus representantes para sesionar en Montevideo, sede del organismo. Al respecto, el ex presidente de Uruguay José María Sanguinetti definió hace poco al Parlasur como "turismo parlamentario rentado”. De modo tal que tanto el corte de boleta como el voto en blanco tienen sentido por lo que expresan: la elección crítica de fuerzas políticas y candidatos, por un lado, y el rechazo a las ofertas en danza, por otro. Ambos son válidos y forman parte de la vida democrática.