22 de septiembre de 2006 - 00:00
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Triste final de una aventura empresaria
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Según el empresario Castro Casado, quien adelantó que iniciará acciones contra el Estado provincial en reclamo de un resarcimiento económico por la anulación del contrato, pagó 123 mil pesos para quedarse con la propiedad de la hostería e invirtió casi 300 mil en el edificio. El informe que el fiscal Hernández tendrá en su despacho sobre el inventario de la hostería dirá si hubo o no tal inversión. La razón principal por la cual se rescindió el contrato está en el cambio de fin. Es que el pliego de bases y condiciones establece como uno de sus requisitos que no se puede variar “el destino turístico” de la hostería. Y hace casi dos años que ha dejado de ser hostería para funcionar como un internado de abuelos. Es más, en lugar de arreglar el geriátrico dañado por el sismo o buscar otro en reemplazo, el concesionario parece haber confiado en que comprando la hostería podía hacer lo que quisiera. La familia Llampa compró el hotel de turismo de Andalgalá para explotarlo como tal, y esto es lo que debe alentarse. No así las aventuras empresarias como las de La Merced, que no obstante habrían carecido de éxito si existiera un férreo control de gestión en el Estado.
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