Análisis

Vaca Muerta: ficción o realidad

Por Rodolfo Schweizer. Especial para El Ancasti- Septiembre, 2018.
miércoles, 05 de septiembre de 2018 · 10:09

Este domingo pasado, 2 de septiembre, el New York Times dedica la página frontal de la sección Sunday Review al fiasco financiero con la extracción de gas usando el método de fractura de roca (Fracking), de moda especialmente en EE.UU.en los últimos 20 años.

Como se sabe, este método es el mismo que se usa, esencialmente, en Vaca Muerta, con algunas variantes. Justamente, hace pocos días el presidente Macri habló del tema en una visita al yacimiento y repitió las narrativas triunfalistas que vienen acompañando al proyecto, anunciando entre otras cosas que, una vez en marcha, le producirá al país unos 30.000 millones de dólares de ingreso. 

Sin embargo, el título mismo del artículo del famoso diario neoyorquino, que aquí sirve de base al comentario, no podría ser más desesperanzador al respecto. El título del mismo es: “The Next Financial Crisis Lurks Underground“ (La próxima crisis financiera que acecha desde las profundidades), el cual demostraría la falacia financiera en la cual se asienta el supuesto “boom” de la extracción de gas basado en la fractura de roca en los EE.UU. Creemos que, dada la experiencia discutible del país del norte en el tema del “fracking”, no estaría de más preguntarnos si Vaca Muerta no estará destinada a correr el mismo riesgo a la larga. De leer estas líneas, por lo menos no se podrá aducir que no se sabía. 

Para un argentino que lee el artículo mencionado en el exterior, el efecto es contraproducente por varias razones. Primero, porque las pruebas aportadas demostrarían que las posibilidades de contar con ese recurso natural para mitigar nuestra situación económica a largo plazo, no serían reales. 
Segundo, porque demuestra que no tenemos la mínima intención de cumplir con los Acuerdos de París en torno al calentamiento global, a pesar de que los desastres naturales nos están “pegando de frente”. La caída de la producción de soja del 30% esta última temporada no les dice nada. 
Tercero, porque a pesar de que la historia de las naciones demuestra que, si bien el tener recursos naturales ayuda mucho, desarrollar una economía asentada exclusivamente en la explotación y exportación de ellos, no ofrece un seguro ante el futuro. 

Esto no debe confundirse, sin embargo, con una condena lisa y llana de la minería. De lo que se trata es de aportar un poco de racionalidad al tema y de dejar de llevarse por infantilismos en torno a la minería. Lo dice, modestamente, uno que nació y creció en el ambiente minero.

Para entenderlo, recalemos como ejemplo en lo poco que dejó La Alumbrera en la estructura económica de Catamarca. Terminado el esplendor de su explotación, Catamarca no puede decir que se haya librado de la dependencia del gobierno nacional para subsistir. Salvo alguna obra pública aislada y financiada con los recursos de la minería, seguimos atados a la decisión de quien ocupe el “sillón de Rivadavia”. 

Ahora, al igual que en los 90 con el oro, el Litio es el receptor de nuestras esperanzas, un tanto vacías e infundadas dada la rara incertidumbre que rodea su explotación y comercialización a nivel mundial y la mínima adición de valor agregado que se le practica a lo que se extrae en nuestro país.

La realidad es que la esperanza desmedida que rodea a los emprendimientos gasíferos basado en la fractura de roca como Vaca Muerta, demuestra que seguimos creyendo en que la exportación de recursos naturales encierra la clave para el desarrollo de nuestra nación. Algunos afirmarán, sin embargo, que “algo” dejará a la larga, pero eso no es lo que en el periódico neoyorquino se dice, como veremos a continuación 

Bethany McLean, autora del libro “Saudi America: The Truth About Fracking and How It’s Changing the World” (Saudi América: La verdad acerca del método de fractura de roca y cómo está cambiando el mundo), cuenta cómo, hace 20 años, un tal George Mitchel demostró cómo se podía extraer petróleo y gas del suelo aparentemente seco, mediante la inyección de líquidos a alta presión (mejor no enterarse en qué consiste ese “líquido”) en perforaciones horizontales a 2.000 o 3.000 metros de profundidad. Quince años atrás, ante la amenaza de una caída de la producción petrolera mundial, el Congreso en EE.UU. autorizó el método y en 2015 el Presidente Obama autorizó finalmente la exportación de gas y petróleo porque EE.UU había llegado al autoabastecimiento.

Obviamente, como se dice en la nota, esto cambió la geopolítica mundial al haberse superado las limitaciones que la inestabilidad del Medio Oriente imponía e impone a la producción de petróleo y gas. No dudamos que esta idea también alimentó y nutre las fantasías de nuestros políticos en torno a Vaca Muerta. En EE.UU. al menos, atrás se dejaron las preocupaciones por la contaminación del medio ambiente, del agua de las napas y los temblores causados por la desestabilización del terreno en las profundidades. Nos imaginamos que ha de ser lo mismo en nuestro país. 

Sin embargo, según la opinión de “Wall Street”, o sea de los inversores que conforman ese mundillo, ni la contaminación ni los temblores son los peligros mayores, sino la temblorosa base financiera que rodea a la actividad del “fracking”. 

Según Jim Chanos, manager de una firma inversora (Edge Funds), las 60 mayores firmas dedicadas a esa industria no están generando suficiente flujo de dinero para cubrir sus operaciones y los gastos de capital. ¿Por qué siguen entonces? Porque en Wall Street hay gente que se gana la vida consiguiéndoles inversiones, por lo que cobran un estipendio. En suma, entre 2012 y 2017, el flujo de dinero en esas 60 firmas fue negativo en 9.000 millones de dólares cada cuarto de periodo. 

La compañía Chesapeake, por ejemplo, pionera en la operación usando ese método, entre 2001 y 2012 ha vendido 16,4 mil millones de dólares en acciones, 15,5 mil millones de dólares en deuda y ha pagado 1,1 mil millones de dólares a los agentes de Wall Street que le consiguieron el dinero, según la agencia Thomson Reuters Deals Intelligence. No sin sorna, el diario dice que “esto es lo que se conoce”, porque, por otro lado, lo que hizo fue juntar otros 30.000 millones de dólares vendiendo bienes y consiguiendo préstamos a pagar en el futuro con la venta de gas. La realidad es que Chesapeake, según el informe, entre 2002 y el final de 2012 nunca pudo reportar un flujo positivo de dinero a no ser lo que recibió por la venta de parte de sus bienes. 

Otro famoso manager de inversiones (Edge Funds), David Einhorn dijo, dominado por el escepticismo en una conferencia, que en 16 compañías dedicadas a la extracción por fractura de roca entre 2006 y 2014 se gastaron  80.000 millones de dólares por encima de lo que les entró por la venta de combustible.

Las razones de esta debacle encubierta en parte es que los pozos para extraer gas o petróleo mediante fractura de roca no rinden lo que se esperaba. Hasta ahora, estos pozos pierden en el segundo año de su puesta en operación hasta un 60% de su rendimiento. En la cuenca Bakken en Dakota del Norte, los pozos pierden el 69% de rendimiento en el segundo año y el 85% el tercer año. Para superar esta calamidad, lo que hacen es abrir nuevos pozos constantemente, lo cual requiere un constante flujo de inversiones. 

La pregunta es cómo fue posible que se cubrieran pérdidas de rendimiento de pozos con una frenética construcción de otros nuevos para aparentar una producción normal. Muy simple: los bajos intereses después de la crisis financiera de 2008. Como bien dice el articulista, la Reserva Federal de EE.UU. es la que hizo posible, con sus bajos intereses, el “boom” de la industria del “fracking”. Obviamente, como Amir Azar, un asociado a Columbia University, sugiere, el milagro no hubiera sido posible sin esas circunstancias financieras. 

Por otro lado, Azar ilustra la vulnerabilidad de esa industria afirmando que en el mundo competitivo en torno al negocio del petróleo, no es difícil desestabilizar a una industria como la mencionada. Saudi Arabia casi lo logra en 2014 cuando decidieron no bajar la producción de petróleo a pesar de que el mercado petrolero estaba saturado. Los “frackistas” norteamericanos no pudieron competir y para 2016 la producción en EE.UU cayó un millón de barriles por día. Consecuencias: 150.000 firmas llenaron los papeles de bancarrota!

Lo difícil de la situación de esta industria la expuso en 2016 el mayor ejecutivo de Chasepeake, Aubrey McClendon, cuando se mató en un accidente en Oklahoma City. Según se cuenta, chocó a toda velocidad contra la pared de un puente. Se dice que aceleró inexplicablemente su coche y no tenía cinturón de seguridad cuando lo encontraron. Un día antes había sido acusado por un juez por violar las leyes “antitrust”. Todos creyeron que era el fin del “boom” del “fracking”. Después se comprobó que había garantizado con sus bienes infinidad de préstamos, incluyendo 465 millones de los “amigos” de Wall Street. Repitiendo una historia familiar en nuestro país, unos fondos buitres compraron la deuda por el 50% del valor. 

Sin embargo, demostrando una voluntad de supervivencia, esa industria encontró su tabla salvadora ahora en Texas y Nueva México, en la cuenca Permian, que ofrece 75.000 millones de barriles de petróleo, segunda en relación a los campos de Ghawar en Saudi Arabia. 

Por ahora se cree que el avance de la tecnología va a abaratar el costo de la extracción allí, como para ganar dinero o compensar los gastos. Se ha verificado que los pozos tienen mayor rendimiento que en Dakota. Rinden tres veces más en su primer mes de explotación desde 2008. Sin embargo, solamente 20 compañías han logrado generar más dinero del que invirtieron en el primer cuarto de 2018. Pero, a ese ritmo y nivel, consideran que no pueden influir en el mercado mundial. 

En 2017, la industria del “fracking” juntó 60.000 millones de dólares en préstamo en Wall Street, o sea un 30% más que en 2016. Por suerte, según reconocen, los intereses siguen bajos. Los inversores son fondos de inversión en fondos energéticos que, usando fondos de pensiones, invierten en esa industria. Otras son las compañías comunes que invierten en base a la venta de acciones. Otras firmas operando en la categoría de explotación de recursos naturales han dedicado 70.000 millones de dólares en 2015 al sector según Sailing Stone Capital Partners, y otros 10.000 Millones de dólares en 2016. Hoy por hoy, el 35% de ese método de extracción es practicado por firmas privadas. 

Sin embargo, no todo es como parece. Las compañías dedicadas a la extracción siguen operando en el límite, apenas cubriendo sus gastos, según el informe del New York Times. Sin embargo, las compañías inversoras han hecho fortunas comprando y vendiendo compañías entre ellas o bien haciendo públicas a las compañías, o sea venciendo acciones al público. Esta es la realidad de la industria del “fracking”. Obviamente, va a llegar el punto en que esas compañías van a tener que mostrar que su realidad no pasa de una ficción.

Con mucha razón muchos recuerdan que esto que pasa con este tipo de industria ahora, ya pasó en los 90 con las “punto.com”, cuando las compañías de internet se valuaron en base a la atracción que generaban y no a lo que producían. Con el método de fractura de rocas está pasando lo mismo. Como bien dice la autora del artículo en el Times, lo que pasa armoniza muy bien con las ideas políticas que dominan la Casa Blanca, la de “hacer a América grande otra vez” de Donald Trump, pero, como advierte la autora del artículo, la retórica no genera ganancias y “la mayoría de las cosas que son económicamente insustentables, eventualmente caen ante la amarga realidad de la economía”.

¡Que Vaca Muerta no se transforme en otro espejismo!

No podrán decir que no se les advirtió.


 

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