Se ató una soga, se vistió de héroe y rescató a los pequeños del río
La situación conmueve. El joven pasaba de casualidad por el puente, cuando vio a una mujer pidiendo ayuda desesperada. No lo pensó mucho, improvisaron una soga y bajó al agua para socorrer a una familia que había quedado atrapada.
Miguel Ángel Giménez, un joven oriundo de Famaillá, se transformó en héroe al colaborar con el rescate de una familia que quedó atrapada ayer por la tarde por la crecida del Río Colorado. La situación se viralizó a través de las redes, donde la noticia también trascendió por el atuendo de este hombre, que vestía la camiseta de San Martín de Tucumán al momento del rescate.
Apenas atado con una soga en la cintura, Giménez arriesgó su vida para poner a salvo a los niños mientras aguardaban la llegada de los equipos de rescate.
Se trata de un hombre que pasaba por el lugar y decidió ayudar antes de que todo terminara en una tragedia. Primero se desconocía su identidad, sin embargo, luego se pudo saber de quién se trataba. Los hinchas del Ciruja incluso hicieron una campaña para dar con él, orgullosos de semejante acción.
Pasadas las horas, se pudo encontrar a Giménez, quien se encontraba planeando el cumpleaños Nº 5 de su hijo, cuando se encontró con esa situación.
"Una señora se nos viene contra el auto, corría para todos lados, iba y venía, y gritaba: '¡Mi tío! ¡Mi hermana! ¡Mi esposo! ¡Los chicos! ¡Están los chicos!'", le dijo al sitio El Tucumano.
Miguel Ángel, el changarín de 32 años que pasaba por ahí, se bajó del auto, se metió entre la multitud y vio las imágenes que hoy, que ahora, mientras habla, le pasan por la mente una y otra vez: "Me acerco al puente, miro para abajo y veo la crecida del río Colorado. Era muy fuerte y en el medio del río había quedado toda una familia que estaba pescando. No tuvieron tiempo de salir. El río venía arrastrando troncos y se agarraron de uno: había personas grandes y estaban los chiquitos, dos nenitos y dos bebitos. El tronco fue subiendo con la crecida del agua y quedaron atrapados bajo el hueco del puente. Algo había que hacer".
El río Colorado no paraba de crecer y los gritos de auxilio se perdían entre los de los vecinos que habían estacionado sus autos. "¡Sogas! ¡Juntemos pedazos sogas de los autos! ¡Hagamos una soga y aténmela! ¡Yo soy el más flaco, yo me tiro!", les ordenó Miguel Ángel a todos. "El problema es que la soga seguía siendo cortita y como eran de distintos autos, el nudo que me ataba no era muy seguro, hasta que le vi la cara al angelito de dos meses", relata el héroe de esta historia, que ahora pide perdón porque no puede seguir hablando, porque se le hace otro nudo en la garganta, y se quiebra, y llora.
"Me emociono cuando hablo porque no sabía que había chiquitos tan chiquitos. Cuando los ví, pensé en mis hijos, les ví la carita. Me bajaron al río y empecé a alzarlos en mis brazos: los dos primeros eran pesaditos. Estaban muy asustados porque el agua no paraba de golpearnos. El río nos quería llevar, pero sentí que Dios estaba ahí conmigo. Yo creo en Dios, amigo. Pero nunca sentí lo que sentí cuando tenía a los chiquitos conmigo: ellos dejaban de llorar, se calmaban y entre todos me levantaban para seguir con el rescate".
El rescate continuó con el último bebé, de dos meses, el que Miguel Ángel Giménez carga en las fotos que recorrieron el país. "Yo ya no podía respirar. Me estaba quedando sin fuerzas. La soga me apretaba. La tenía atada por la cintura, bien atada al principio, pero me subía hasta la panza, después hasta el pecho, me raspaba y me apretaba mucho. Ahí sentí miedo por primera vez. Pensé que se podía romper y el agua nos llevaría a todos. Ahí pensé en mis chicos, le pedí a Dios que me ayude, me dio coraje y llegó el último tirón de la gente. Así salimos".
Las fotos del rescate no muestran la cara del héroe hasta ayer anónimo, pero sí la camiseta de San Martín que se había puesto Miguel para ir al centro de Famaillá a comprar el cotillón de Tadeo. Ante la escena de película, los hinchas del Santo inflaron el pecho particularmente y desde las páginas señalaron: "Los héroes no usan capa, usan la camiseta del Santo". Claro que esta historia trasciende a los colores y generó la unión que sólo estas situaciones son capaces de generar. "Me quedó un agujero en la camiseta, pero eso es lo de menos, las vidas de las criaturas valen todo", aclara el fanático del Santo que irá el domingo a Ciudadela a ver el partido y tal vez se lleve una sorpresa: "Escuché que me andan buscando, que querían regalarme una camiseta con la firma de los jugadores. Sería un sueño, pero lo que yo más necesito es un trabajo fijo", pide y deja su teléfono para quien quiera llamarlo y pueda darle una mano: 381-666-5365.
Cuando Miguel Ángel salió de las aguas crecidas del río Colorado, cuando tomó aire después de rescatar a cuatro niños, se sentó y recibió el abrazo de su mujer y el calor de los vecinos: "Me daban palabras de aliento, me agradecían lo hecho, todos querían abrazarme. Mi señora estaba muy emocionada. Yo les decía lo que sentí y lo que siento ahora que ya pasó: Dios me había puesto ahí y si esperábamos a los bomberos, ellos no iban a poder salvar a las criaturas, se las llevaba el agua".
Luego de ser atendido por la ambulancia y mientras los bomberos se hicieron cargo de la situación y completaron el rescate de los grandes, Miguel Ángel saludó a los padres de los niños, se despidió de los chiquitos y sintió la necesidad de ir a abrazarse con sus propios hijos, de volver a su propia casa que también se llena de agua cuando llueve: "Estamos a la orilla del río y el agua se mete en todas las casas. La semana pasada mejoró la situación porque llegaron las máquinas de la intendencia, pero yo les pediría que trabajen más en las calles para que no se llenen de agua".
Después del abrazo con sus cinco hijos, Miguel Ángel se sacó la camiseta empapada de San Martín, se cambió la ropa y retomó su día por donde había quedado: llamó a un auto particular y junto a su señora viajaron hasta el centro de Famaillá para meterse en los locales donde venden cotillón para cumpleaños, preguntando por globos, guirnaldas, piñatas y los juguetes para poner en las bolsitas de cumpleaños. "Siempre trato de ayudar a la gente, pero esto es lo más grande que me pasó", se despide Miguel Ángel, con la voz de los héroes silenciosos, para volver a las calles de Famaillá a buscar las cosas que falten para el cumpleaños, a preguntar precios, después de salvar la vida de cuatro chicos, esas cosas, como si fuera uno más.