Tras un breve recorrido por chile y Perú

El Papa condenó la corrupción en el cierre de su viaje

Consideró que quienes habitan las periferias urbanas son tratados como 'sobrantes humanos'.
lunes, 22 de enero de 2018 · 04:03

El Papa Francisco cerró ayer su visita a Chile y Perú con una durísima condena a la corrupción que "enferma" a la política de América Latina y una denuncia a los "sobrantes humanos" que se agolpan en las periferias de las ciudades.

El Papa argentino pudo sentir en Perú el calor de una población que salió en masa a las calles para arroparlo, a diferencia de la fría acogida que recibió en Chile. Su sexto viaje a la región se vio empañado -en particular la etapa chilena-, por el escándalo que persigue a la Iglesia por los abusos sexuales del clero a menores. Visiblemente cansado, después de una semana en la que recorrió miles de kilómetros para visitar seis ciudades en los dos países con una agenda cargada de actos y denuncias, el Papa volvió a alzar la voz contra la corrupción.

Ante este "virus" que "lo infecta todo", el viernes ya había instado al presidente Pedro Pablo Kuczynski, en la cuerda floja también por corrupción, a luchar contra esta lacra que penaliza sobre todo a los más pobres. En un encuentro con los obispos peruanos, el Papa volvió a la carga con su alegato el domingo. En Perú, "(Ollanta) Humala, está preso, (Alejandro) Toledo está preso (vive en Estados Unidos y sobre él pesa una orden de extradición), (Alberto) Fujimori estuvo preso hasta ahora, Alan García, que está que entro o no entro ¿Qué pasa?", preguntó el pontífice a los obispos.
"Hay excepciones pero, en general, (la política en América Latina) está más enferma que sana", dijo. "Gana una oposición y acusa al corruptor anterior", señaló Francisco. "Vuelve la otra parte y acusa al corruptor previo, y los dos tienen algo de razón.

El juego político es muy difícil". "No descuidemos eso --advirtió el Papa argentino-- porque si caemos en manos de personas que sólo entienden el lenguaje de la corrupción, estamos fritos".

Ofició cinco misas, subió y bajó de los aviones que le llevaron a seis ciudades en los dos países, repartió abrazos y bendiciones a un pueblo necesitado de aferrarse a un símbolo para esperar un cambio de suerte, y no dejó de dar titulares en este viaje, el primero de un pontífice a esos países en más de treinta años.

En la homilía de su última y más multitudinaria misa -cerca de 1,3 millones de personas, según las autoridades- el Papa de las "periferias" denunció la miseria de las ciudades pobladas de "sobrantes humanos".