lunes 23 de marzo de 2026
Tras un breve recorrido por chile y Perú

El Papa condenó la corrupción en el cierre de su viaje

Consideró que quienes habitan las periferias urbanas son tratados como "sobrantes humanos".

Por Redacción El Ancasti

El Papa Francisco cerró ayer su visita a Chile y Perú con una durísima condena a la corrupción que "enferma" a la política de América Latina y una denuncia a los "sobrantes humanos" que se agolpan en las periferias de las ciudades.

El Papa argentino pudo sentir en Perú el calor de una población que salió en masa a las calles para arroparlo, a diferencia de la fría acogida que recibió en Chile. Su sexto viaje a la región se vio empañado -en particular la etapa chilena-, por el escándalo que persigue a la Iglesia por los abusos sexuales del clero a menores. Visiblemente cansado, después de una semana en la que recorrió miles de kilómetros para visitar seis ciudades en los dos países con una agenda cargada de actos y denuncias, el Papa volvió a alzar la voz contra la corrupción.

Ante este "virus" que "lo infecta todo", el viernes ya había instado al presidente Pedro Pablo Kuczynski, en la cuerda floja también por corrupción, a luchar contra esta lacra que penaliza sobre todo a los más pobres. En un encuentro con los obispos peruanos, el Papa volvió a la carga con su alegato el domingo. En Perú, "(Ollanta) Humala, está preso, (Alejandro) Toledo está preso (vive en Estados Unidos y sobre él pesa una orden de extradición), (Alberto) Fujimori estuvo preso hasta ahora, Alan García, que está que entro o no entro ¿Qué pasa?", preguntó el pontífice a los obispos.
"Hay excepciones pero, en general, (la política en América Latina) está más enferma que sana", dijo. "Gana una oposición y acusa al corruptor anterior", señaló Francisco. "Vuelve la otra parte y acusa al corruptor previo, y los dos tienen algo de razón.

El juego político es muy difícil". "No descuidemos eso --advirtió el Papa argentino-- porque si caemos en manos de personas que sólo entienden el lenguaje de la corrupción, estamos fritos".

Ofició cinco misas, subió y bajó de los aviones que le llevaron a seis ciudades en los dos países, repartió abrazos y bendiciones a un pueblo necesitado de aferrarse a un símbolo para esperar un cambio de suerte, y no dejó de dar titulares en este viaje, el primero de un pontífice a esos países en más de treinta años.

En la homilía de su última y más multitudinaria misa -cerca de 1,3 millones de personas, según las autoridades- el Papa de las "periferias" denunció la miseria de las ciudades pobladas de "sobrantes humanos".

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