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Cara y Cruz

Morosidad en metástasis

25 de julio de 2026 - 00:58

En el marco de un crecimiento de la morosidad que ya lleva 19 meses, Catamarca pasó en mayo del tercer al segundo lugar en el ranking nacional. Casi 480 de cada 1.000 catamarqueños tiene algún tipo de deuda, y el 34,2% de esos deudores lleva entre tres y cuatro meses sin poder pagar. En un solo mes, entre abril y mayo, la deuda media de los hogares de la provincia se duplicó, de 683.000 a 1.354.500 pesos. El problema que avanza como una metástasis, desde el bolsillo golpeado por la inflación y las tarifas hacia el consumo, el comercio, el empleo y, finalmente, la salud financiera.

Las cifras confirman que la incidencia de la caída del poder adquisitivo en el fenómeno, pero hay otros factores que lo estimulan, como el costo real del crédito, la falta de herramientas para decidir con información endeudarse y hasta el crecimiento de la ludopatía entre los menores de 30 años, el grupo etario con peor desempeño de pago.

"De alguna manera hay que lograr refinanciar las deudas que la gente tiene con las tarjetas de crédito. Dicen que, en general, en el país la gente está endeudada en un 16%. Si no bajamos esos índices, evidentemente que la reactivación del consumo va a ser mucho más lenta", señaló el presidente de la Unión Comercial, José Martínez.

El Estado provincial no puede permanecer indiferente ante un problema cuyos perjuicios se cierne sobre toda la actividad económica.

El “Marcatón” atiende con un mecanismo directo y de alcance provincial el síntoma más visible, que es la pérdida de poder de compra, pero los números de morosidad son la prueba de que no alcanza. Se puede incentivar el consumo con descuentos puntuales, pero persiste un stock de deuda impaga que sigue creciendo.

El combate contra la usura y la educación financiera son indispensables para atemperar el fenómeno de la morosidad El combate contra la usura y la educación financiera son indispensables para atemperar el fenómeno de la morosidad

Hacen falta, entonces, otro tipo de intervenciones, que complementen el “Marcatón” y los cíclicos bonos extraordinarios para la administración pública con los que el Gobierno busca estimular el consumo.

Uno es el control sobre la usura, en cuyas garras caen obviamente quienes no pueden ser sujetos de crédito en el sistema formal debido a sus incumplimientos. Las tasas que se aplican en Catamarca pueden llegar hasta el 960% anual.

El Banco Central fija topes a las tasas de tarjetas bancarias y no bancarias, y la Ley de Defensa del Consumidor tipifica la usura, pero ese marco no cubre bien prácticas de casas financieras y comerciales que sí están al alcance de un control más cercano, como el que puede ejercer la Provincia a través de Defensa del Consumidor. Un ejemplo típico es el de las microcuotas "sin interés" en la venta de electrodomésticos, donde el recargo no aparece en la tasa, sino escondido en el precio de lista, de modo que paga más quien menos margen tiene para financiarse. Fiscalizar que el Costo Financiero Total se informe con claridad, y sancionar cuando no ocurre, es una tarea que la provincia puede asumir sin esperar una reforma nacional.

Otro terreno sobre el que podría avanzarse es el de la educación financiera. Si bien existen programas nacionales que ya llegaron a miles de docentes catamarqueños, el problema es el foco y la escala. Tales programas apuntan sobre todo a la escuela secundaria, mientras que el sector más comprometido con la mora, que son los adultos jóvenes, ya no está en las aulas. Ahí la provincia tiene una oportunidad de diseñar una política propia, específica, que combine educación financiera para población económicamente activa.

Ninguna de estas dos medidas resuelve por sí sola un problema que tiene su raíz más profunda en la macroeconomía nacional, pero tampoco hace falta esperar esa solución de fondo para actuar sobre lo que sí está al alcance de la gestión provincial.

Es improbable que el incremento de la morosidad vaya a solucionarse con un solo tratamiento. Como toda metástasis, exige un abordaje simultáneo en varios frentes.

El “Marcatón” es un primer paso. El próximo es reconocer que atender solo el ingreso, sin tocar el costo del crédito ni la formación de quienes lo usan, es tratar un síntoma mientras la enfermedad de fondo sigue propagándose.

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