sábado 13 de julio de 2024
Análisis

Elecciones en EE.UU.: entre el abismo y la esperanza

Por Rodolfo Schweizer- Especial para El Ancasti- Noviembre 3, 2020

Por Redacción El Ancasti

Ha llegado por fin el momento en que EE.UU. definirá su destino entre dos posiciones completamente antagónicas. Una elección que muchos califican de surreal por tener que definirse en una situación de emergencia extra política, como es el caso creado por una pandemia, transformada en referencia para definir calidad política y personal. 

Como sabemos, la elección se desarrollará en medio de una pandemia que crece en su virulencia y falta de control, como le demuestran los 231.000 muertos hasta ahora, los más de 9,3 millones de contagiados y los muertos diarios, a razón de 1.000 por día.

Como si esto fuera poco, a ello se suma la abierta contradicción entre el presidente y sus asesores especialistas en epidemiología, a quienes llegó a tratar de idiotas por defender el uso de la máscara, por insistir en el mantenimientode distancia entre las personas y por aconsejar la higienización, especialmente de las manos, para evitar el contagio. 

Biden llega a la elección con ventaja en todos los estados, excepto en dos. Incluso se cree que ganará en estados tradicionalmente difíciles para los demócratas, como Arizona, Florida, Georgia y Carolina del Norte. 

Pero, el problema principal en este martes electoral es el conteo de votos en estados claves para ganar la elección. Esos estados son Pennsylvania, Míchigan y Wisconsin, que las estadísticas dan como seguro ganador a Biden, pero donde el conteo de votos que llegaron por correo puede tomar algunos días. El problema no sería importante en tiempos normales, pero dado que Trump ha cuestionado la validez de los conteos acusándolos de ser la base para un eventual fraude, el tema es serio. 

Justamente, una de sus estrategias para forzar la situación es proclamar con prepotencia su triunfo el mismo martes a la noche, en caso de que la diferencia entre los candidatos no pase del 1%. Se debe tener en cuenta que hasta ahora 61.579.789 personas ya han votado por correo y 32.947.564 lo han hecho en persona, o sea 93.527.000 personas. 

El hecho de que ya en las últimas 24 horas sus partidarios salieran a la calle en caravanas intimidatorias revela hasta donde se van exacerbando los ánimos para forzar un resultado electoral, por encima de la voluntad en las urnas. Lo demuestra un caso como el de Texas, donde unos cien vehículos con partidarios de Trump en camionetas arrinconaron en una ruta internacional a un autobús lleno de partidarios de Biden que iban a un mitin político. El hecho, inaudito en su naturaleza y repetido en Nueva York y Nueva Jersey, donde cortaron puentes interestatales, revela hasta dónde llega la virulencia irracional en estas elecciones, donde EE.UU. se juega su reputación como modelo democrático. 

Como decimos más arriba, la pandemia del coronavirus, sus consecuencias y la incapacidad o displicencia de Trump para proponer una estrategia de combate al virus, puede que ya hayan decidido su suerte en esta elección. Pero, agrava aún más su posición como contendiente electoral el hecho de que en estos últimos días se haya dedicado a atacar injustamente al Director del Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas, el legendario Dr. Anthony Fauci, que dirige esa institución desde 1984 y ha servido a varios presidentes, republicanos y demócratas. El Dr. Fauci es una autoridad mundial, reconocido por su combate y éxito profesional como epidemiologista frente a pandemias pasadas como la del Sida y epidemias como el ébola.

En la última disputa entre ellos, el Dr. Faucino solo ha dicho que los EE.UU. esta pobremente preparado para pasar el invierno ante la pandemia, sino que criticó la decisión de Trump de nombrar como coordinador médico en la lucha contra el coronavirus a un tal Dr. Scott Atlas, un radiólogo sin ninguna experiencia en epidemias. Como corresponde a su sentido particular de ejercer el poder, su disenso no ha sido aceptado y el presidente ya ha anticipado ante sus seguidores que el destino de este mundialmente reconocido médico ya está decidido para después de las elecciones. Este es el nivel al que ha llegado la calidad democrática en la primera potencia mundial. 

La desesperación de los dos candidatos por ganar la elección los ha puesto en una maratón política, sobre todo para recorrer los 4 o 5 estados claves que decidirán el ganador. El presidente Trump ha atravesado los EE.UU. de sur a norte varias veces en los últimos días. Desde el ya frío Míchigan hasta el soleado Florida, donde ha sostenido mitines políticos con infinidad de gente desprotegida ante la pandemia. En ellos ha proclamado falsamente que el país ya ha “doblado la esquina’ en la lucha contra el virus y que las vacunas estarán listas para antes de hoy, de esta elección. A esto lo ha condimentado con falacias políticas que buscan enardecer a sus seguidores, como aquella que advierte de la toma del poder por izquierdistas radicales que eliminarán la policía y los expondrán a la delincuencia. 

Pero, como decimos más arriba, la mayor ansiedad en torno a la elección es la posibilidad de cuestionarla legalmente por el tema de los votos emitidos a través del correo. La demora en el procesamiento de esos votos quiere ser usada para cuestionar la integridad de las elecciones en estados claves. En última instancia, el tema puede llegar a la Corte Suprema, donde la presencia de una nueva jueza elegida a toda prisa por el senado republicano, puede ayudar a inclinar la balanza hacia su reelección. Dado que esta acción sería complementada con la declaración prematura este mismo martes a la noche de una victoria, se estima que la situación entraría en una fase caótica de imprevisibles consecuencias.

La elección y sus opciones

Como se sabe, en la elección, ambos candidatos, Biden y Trump, compiten por los votos del colegio electoral. En EE.UU. cada estado tiene cierta cantidad de votos, basado en su población. Hay 538 votos disponibles. El ganador es el que saca por lo menos 270 o más. Por lo tanto, el votante decide a nivel de sus estados de residencia quien gana, no del país. Esto hace posible que un candidato, a pesar de que saque la mayor cantidad de votos a nivel nacional, no gane la elección si no gana el Colegio Electoral.

Es lo que le pasó a Hillary Clinton en 2016, que sacó 3 millones más que Trump, pero perdió en el Colegio Electoral.
Ahora bien, todos los estados, excepto dos, tienen la regla de que quien gane se lleva todos los electores de ese estado ante el Colegio Electoral. No hay representación proporcional. California, por ejemplo, tiene 55 electores, mientras que Wyoming solo tiene 3.

Dado que casi todos los estados manifiestan una inclinación histórica por uno u otro partido, la atención se centra en menos de diez, que son aquellos que fluctúan hacia uno u otro partido en cada elección. Ellos son los estados de Michigan, Wisconsin, Ohio, Pennsylvania, Carolina del Norte, Florida, Arizona, Texas y Georgia, que son los que decidirán la elección, no los otros 41 que,por tradición, son demócratas o republicanos. Dentro de este grupo, los más críticos para Trump son Michigan, Pennsylvania y Wisconsin, estados donde Trump ganó por menos del 1% en 2016.

Hasta este viernes, las encuestas favorecen a Biden, que ganaría con el 53% de los votos, frente al 41% de Trump. Según ese estudio, las diferencias a favor de Biden son las siguientes, hasta el viernes pasado.

AZ D +2.1
FL D +2.3
MI D +9.1
NC D +1.6
PA D +5.2
WI D +9.3

Los resultados finales se conocen normalmente en la madrugada del día siguiente. Sin embargo, dado que, como nunca, hubo millones de personas que ya votaron por correo, el resultado final puede tomar días. 

El nuevo presidente asume el 20 de enero. Las elecciones también alcanzan a miembros del Senado, otro espacio que puede cambiar de manos a favor de los demócratas.

Validez de las estadísticas

Naturalmente, teniendo en cuenta el error de las estadísticas en 2016, que anticiparon el triunfo de Hillary Clinton y fallaron, se puede creer que ahora también se equivocarán en las predicciones. Sin embargo, parece que no es así esta vez. Las compañías encuestadoras descubrieron dónde estuvo el error. En 2016 los estudios de tendencia entre los sectores menos educados, llamados “cuellos azules”, que agrupa a todos los trabajadores de raza blanca, sin estudios universitarios, habían sido dejados de lado, dada la reticencia de este sector en participar en los estudios, no respondiendo a los encuestadores. Según el Centro de Investigaciones PEW (Pew, apellido de la familia que lo creo en los años 40) ese sector representaba nada menos que el 44% de los votantes, los cuales no entraron en la estadística. Para subsanar el problema, esta vez se ha dado un peso superior a los pocos datos de ese sector, que sigue siendo renuente a contestar. Corregido matemáticamente el problema, las estadísticas hoy favorecen a Biden.

Pero, había otro problema en 2016 que malversó los estudios. Hace 4 años la sociedad tenía problemas que le impedía tomar una decisión. Ni Trump ni Clinton eran de su gusto y las investigaciones mostraban un 20% de población indecisa, aun algunas semanas antes de aquella elección. El día de la elección esa gente se decidió y se inclinó por Trump cuando llegó el momento de votar. Ahora, en cambio, la situación no es la misma. Según estudios de Reuters/Ipsos, los indecisos representan menos del 7% y, entre los decididos, Biden se lleva más del 50% de apoyo. Precisamente, 52% contra 42% de Trump. Esta diferencia neutraliza una eventual decisión de los votantes aun indecisos, que pueden llegar a votar por Trump.
Otra corrección que se hizo para esta nueva elección, de acuerdo a la información de la agencia de informaciones Reuters, fue estudiar la situación dentro de los estados que conforman el país. Así, desde el 7 de septiembre se han llevado a cabo unos 36 relevamientos de datos en seis de los estados que van a decidir la elección: Pennsylvania, Wisconsin, Míchigan, Florida, Arizona y Carolina del Norte.

Los resultados varían según el tópico abordado, ya sea la economía o la atención al virus. En cuatro de los estados críticos que decidirán la elección, Arizona, Carolina del Norte, Wisconsin y Michigan,Biden lleva ventaja decisiva en dos de ellos:Michigan, 53% a 41% y Wisconsin, 52% a 44%. En los otros dos, Arizona y Carolina del Norte, la ventaja es menor para Biden: Arizona 50% a 46% y Carolina del Norte 51% a 45%, resultados que no aseguran la ventaja de Biden, por estar dentro del margen de error del 4%. 

Un dato interesante respecto a la diferencia entre votantes con educación superior es que en Wisconsin y Michigan los votantes más educados se inclinan en un 64% a favor de Biden, mientras en Arizona y Carolina del norte se inclinan en un 50%. 
Entre la gente sin educación superior, la inclinación hacia Trump es del 64%.

Otras variables medidas indican que el 55% de las mujeres en estos 4 estados están por Biden; que desde el punto de vista de capacidad para el manejo de la pandemia, Biden aventaja en 7 puntos a Trump, pero que desde el punto de vista económico, en Arizona y Carolina del norte se inclinan por Trump, pero empatan en preferencias en los otros dos. 

La era Trump

Trump se ha vanagloriado diciendo que él ha construido, históricamente, la mejor economía de este país antes del virus. Lo afirma diciendo que el crecimiento económico nunca fue mejor; que el desempleo nunca fue más bajo; que la pobreza nunca fue más baja. 

Según la BBC de Londres, la realidad demuestra que la economía venía bien desde antes de su gobierno, desde la época de Obama, y que hubo periodos antes de él que fueron mucho mejor. Como se sabe, esa economía pre-pandemia fue golpeada por el virus y ahora el desempleo es el mas alto de los últimos 80 años. Veamos algunos datos.

Crecimiento económico
Durante los tres primeros años de Trump (2016-2019), el crecimiento anual fue de 2,5%,casi igual al de los últimos 3 años de Obama (2014-2016) en que creció un 2,3% anualmente, con un pico en 2014 que fue del 5,5%.Ahora, con el coronavirus, la economía se contrajo un 30 %, tres veces más que en 1958. Pero, contrario a lo que dice Trump, hubo tiempos en que la economía fue superior: al comienzo de los años 50,EE.UU.creció al 10% anual.

Desempleo
Antes de la pandemia Trump dijo que con sus políticas el desempleo bajó a números nunca vistos. La afirmación es cierta en parte, porque en febrero de 2020 llego al 3,5, la más baja en 50 años. Pero, la administración de Obama adicionó mas trabajos a la economíaque él en tres años.Obama creo 4 millones de nuevos empleos en tres años.  Si con Trump se crearon 6,4 millones de nuevos empleos en tres años, con Obama se crearon 7 millones. Pero, con la pandemia, el desempleo creció hasta el 14,7% en abril de este año, el más alto desde la Gran Depresión de 1929. Según el Dep de Trabajo, unos 20 millones de personas perdieron su empleo. Hoy el desempleo es del 7,9%.

Pobreza
Trump dice que nunca como con él se redujo la pobreza. En 2019, cerca de 4,2 millones dejaron atrás la pobreza comparado con 2018. Es importante, pero no lo máximo en la historia. Según el Censo, 1966 fue el año en que mas se redujo la pobreza, en 4,7 millones con Lindon Johnson. Las crisis de 2007.2008 vio grandes incrementos en pobreza, pero empezó a declinar con Obama al crecer la economía y aumentar el empleo. 

Sin embargo, esto no refleja lo que pasa entre los grupos étnicos y las regiones. En 2019 el 10,5% de pobreza general ocultaba la realidad de que el 18,8% de los afro americanos vivía por debajo del ese nivel de pobreza. 

Según la BBC, algunas de las promesas cumplidas y falladas por Trump son las siguientes:


1. Bajar impuestos.Lo logró bajando los impuestos a las corporaciones del 35 al 21%, con el objeto de que volvieran al país. No volvieron, aunque invirtieron algo en su desarrollo para disimular. En realidad, sus finanzas siguen administrándose desde algunos países de Europa, como Irlanda, donde las corporaciones no pagan prácticamente impuestos. 

2. Salir de tratados sobre el clima. Lo logró, declarando que el Acuerdo de París era una farsa a favor de China. Apenas subió al poder sacó a EE.UU. de ese tratado firmado por unos 200 países.

3. Eliminar Obamacare, el plan de salud que cubre a unos 28 millones de personas. No lo logró, pero lo saboteó. Aducía que dañaba a las empresas, que era una interferencia ilegal en los negocios privados y aumentaba costos. Para sabotearlo redujo la cantidad de tiempo para enrolarse, le quito subsidios, eliminó multas para quienes no se enrolen. En 2021 se decidirá si sigue. Está en manos de la Corte Suprema.

4.Muro con México. Nunca pudo hacerlo. El honor de los mexicanos pudo más que la retórica insultante de su vecino del norte.

5. En 2016 prometió eliminar el 70% de las regulaciones. Lo ha hecho en parte y sigue desmantelando las leyes y oficinas encargadas de controlar el medio ambiente y los productos industriales. Un ejemplo es la eliminación del aumento requerido por Obama de la eficiencia de los vehículos. Según Trump, esas nuevas regulaciones nuevas entorpecen los negocios. 
También eliminó regulaciones de protección del medio ambiente. Impuso a su administración la norma de derogar dos regulaciones existentes cada vez que se quería aplicar una.En 2020 anuló las protecciones de pantanos y corrientes de agua y en julio anunció cambios en el Acta de Protección nacional del medio ambiente. Más antes había liberado parte del Ártico a las petroleras.

6. Desinformación y tergiversación. Dice que China dobló la emisión de gases a la atmosfera. Es cierto. En 2019, China produjo 10.000 millones de toneladas de CO2 y EE.UU. 4.500 millones de toneladas. Pero si se mide por persona, EE.UU. contamina el doble de China.

7. Negación de la ciencia. Trump es bien conocido por su negación de la ciencia. Lo demuestra su actitud ante el coronavirus, al politizar el uso de la máscara de protección con fines demagógicos, por ejemplo. Su negación del calentamiento global es otro ejemplo. La NASA dice que el 97% del calentamiento global es debido a la actividad humana, pero Trump lo niega. Ha llegado a negar que los incendios recientes se deban al cambio climático, para echarle la culpa al pobre manejo de los bosques. 

Otros números

Según Paul Brandus del diario USA TODAY, corresponsal en la Casa Blanca, una encuesta de la compañía analizadora de datos Gallup informa que 56% de sus entrevistados se sienten mejor económicamente ahora que hace 4 años, pero que creen que Donald Trump no merece ser reelecto por razones morales y éticas. Veamos los datos.

1. Trump ha dicho 22.247 mentiras en 1316 días de gobierno según el Washington Post. El periódico aclara que todavía no han contabilizado las últimas 8 semanas.

2. Las autoridades de inmigración, siguiendo sus políticas anti inmigrantes, todavía retienen a 545 niños separados de sus padres en la frontera con México. Esos padres, que huían de la miseria y de la violencia generalizada por las pandillas y los narcos de sus países de origen, no saben si alguna vez se volverán a ver con sus hijos y viceversa. El caso es calificado de crisis humanitaria. 

3.Según GoodRx, una compañía de salud norteamericana, 857 medicamentos genéricos aumentaron 6.8%durante los primeros seis meses de 2020. El discurso de Trump alegando que durante su gobierno estos precios bajaron son, por lo tanto, mentiras. Los votantes entrados en años lo saben de sobra y son muchos.

4. Sus promesas de revertir el déficit en el intercambio, nunca se materializaron. Desde hace 14 años que no se tiene un déficit tan alto como ahora, de acuerdo al Bureau of Economic Data Analysis. 

5. El déficit fiscal bajo su gobierno nunca bajó y la pandemia lo empeoró. Hoy llega a $3.1 trillones.

6. La deuda nacional se ha incrementado en más de 7 trillones de dólares desde que asumió y llega a 27 trillones de dólares. Había prometido eliminarla en 8 años. 

7. Hay 19 mujeres que lo acusaron de abuso sexual a lo largo de los años. El dijo que es mentira, pero admitió en el ya famoso video “Access Hollywood”que pudo hacer con ellas lo que quisiera, dada la atracción que inspiraba el hecho de ser famoso. 
8. Solo el 16% de los ciudadanos en 13 países investigados por el PEW Research creen en la capacidad de Trump para hacer las cosas bien en relación a los temas mundiales. Esos ciudadanos le creen menos a Trump que a Vladimir Putin de Rusia y Xi Jinping de China. 

9. El apoyo rural a Trump está en el 15% según SURVEY USA en octubre pasado, o sea un 28% menos que en igual periodo en 2016. 

10. Un 77% de los CEO de las corporaciones dicen que se están preparando para votar por Biden según una encuesta de Yale Schoolof Management. Ellos lo culpan a Trump por la inhabilidad en el manejo de la pandemia y de los problemas que sus políticas han causado en las relaciones con China. 

11. Un 22%de las explotaciones agrícolas quebró bajo su administración en los últimos 2 años a causa de las inútiles guerras tarifarias, la caída de precios de las commodities y la pandemia..

12. Trump no nombró ningún juez afro americano en todo su mandato. 

La dura realidad: el efecto de la pandemia

El 65% de los votantes afirma que desaprueba la forma como Trump manejó la pandemia. El 72% cree que no tomó las precauciones necesarias para evitar su propio contagio y otra encuesta da el mismo número al culparlo de no practicar la distancia social para evitar contagiarse. Este dato quizás sea el mayor componente de un desenlace negativo para su reelección.

Conclusión

Para EE.UU. y el mundo, las elecciones norteamericanas este martes 3 de noviembre tienen, al margen de nuestro interés personal, una importancia particular por varios motivos. El primero y más importante es que este país que, en cierta forma custodia con su poderío la seguridad del sistema económico y político en que vivimos y vive el mundo occidental, parece haber llegado al máximo de lo que puede ofrecer como modelo. 

Este hecho tiene su importancia cuando se estudia el devenir de las civilizaciones, imperios del pasado y, en este caso, creemos, los EE.UU., dado su poderío e influencia mundial. Los estudiosos de la historia dicen que toda civilización progresa mientras tiene por delante desafíos que superar, pero que llega a un punto máximo en que comienza el declive inexorable al no ofrecer nada nuevo. Ese momento coincide con la universalización de su cultura y sus valores.

Por el momento, como ocurre en todos los casos en donde la desesperación manda, la reacción del pueblo norteamericano ha sido la de todos los otros pueblos cuando se sienten amenazados por lo desconocido: entregarse a personajes mesiánicos que, apelando a la demagogia, prometen el retorno a una gloria que ya fue. Les pasó a los romanos con su imperio y el triste final que tuvieron hace dos mil años, donde ni siquiera Roma se salvó; a los ingleses luego de la Primera Guerra Mundial, de cuyo imperio no queda nada; a los alemanes cuando se entregaron al nacismo; a los japoneses con su imperio del sol naciente. 

A EE.UU le toca ahora, este 3 de noviembre, demostrar si tiene la suficiente claridad política como para salvarse o no de esos designios de la historia.
 

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