Rousseff fue acusada de emitir decretos que alteraron el presupuesto a espaldas del Congreso y de tomar préstamos de la banca pública para el gobierno también sin autorización parlamentaria, con la presunta intención de esconder el déficit de los últimos años y asegurarse la reelección en 2014. Después de quedar prácticamente paralizada ese año, la economía brasileña se contrajo un 3,8% el año pasado, en medio de una fuerte alza de la inflación (superó el 10%), del desempleo (trepó al 11%) y del rojo en las cuentas públicas (115.000 millones de reales). La situación, a la que se sumaron las escandalosas revelaciones del esquema de sobornos que existió en la estatal Petrobras, generó una oleada de descontento popular que produjo las manifestaciones callejeras más grandes de la historia de Brasil.
En medio de acusaciones de "traidor" y "golpista" de los sectores de izquierda por la forma de su llegada al poder, Temer asume el difícil desafío de sacar a Brasil de la peor recesión desde la década de 1930; se espera que la economía se retraiga este año un 3,2%. El gobernante ha prometido poner en marcha medidas de austeridad para tapar el déficit presupuestario y sanear la economía, así como reformas laborales y al sistema de jubilaciones que encontrarán una fuerte resistencia en los sindicatos y movimientos sociales alineados con el PT.
Ya hoy, como sucedió en los últimos días, manifestantes de izquierda bloquearon los principales accesos a San Pablo, luego de que anoche protagonizaron enfrentamientos con la policía en la Avenida Paulista.
"Lo que quiero es dejar la economía mejor, el Estado pacificado, sin la división que encontré", resaltó Temer en sus declaraciones al diario O Globo.