La mandataria pidió luego que se respete la presunción de inocencia y el derecho a la defensa de las decenas de funcionarios y legisladores investigados por la red de corrupción que ha desviado unos 2.000 millones de dólares en sobornos pagados en Petrobras.
"La Justicia debe respetar las garantías constitucionales y el derecho de defensa de los ciudadanos", advirtió Rousseff. "No hay Justicia cuando las acciones se vuelven públicas en forma selectiva y cuando sus ordenes se convierten en hechos espectaculares", dijo Rousseff, una referencia directa a las investigaciones impulsadas por el juez Sergio Moro contra Lula y otros funcionarios.
"El diálogo entre Lula y yo fue publicado con cambios y difundido para toda la prensa", dijo más adelante sobre la conversación que difundió el juez Moro minutos después de que se conociera la noticia de que Lula sería jefe de la Casa Civil. "Queremos saber quién lo autorizó", disparó Rousseff contra Moro.
"Estas cosas no favorecen a la democracia en este país. Cuando esto sucede hay una tentativa de cruzar la frontera que tanto nos costó construir, la frontera de un Estado de derecho. Estamos delante de un hecho grave contra la democracia", dijo. En esa grabación, se escuchó a la presidente que avisa a Lula que está en camino el papel con su nombramiento para que lo use "por si lo necesita", en referencia a los fueros que obtendría con el nuevo cargo.
El discurso de Rousseff subió el tono a medida que se adentraba en el nudo del enfrentamiento que mantiene con los jueces anticorrupción. "No les interesan a los brasileños las actitudes que paralizan el crecimiento y la generación de empleos. Creo en la Justicia de nuestro país. Sé que muchos magistrados y ministros de tribunales serán correctos en la defensa de la protección de nuestros derechos. Continuarán juzgando con base en las pruebas presentadas de acuerdo con la ley", manifestó.
Para sorpresa de todos, Rousseff ha sido la única oradora del acto. Cuando todos esperaban la palabra de Lula da Silva, la presidente dio por terminado el acto.
Rechazo popular
El nombramiento de Lula ha despertado una ola de protestas en las principales ciudades del gigante sudamericano, porque el nuevo cargo otorgará a Lula fueros judiciales. Esto es, que las causas por corrupción que llevaba en su contra el juez de Curitiba Sergio Moro pasarán ahora al Tribunal Supremo, donde, sin duda, encontrará mayor benevolencia.
Lula será ahora un verdadero poder en las sombras, al punto que Rousseff podría quedar reducida a una simple figura decorativa. Desde su puesto en la Casa Civil, Lula tendrá voz y voto en todas las decisiones de su sucesora, tanto en materia política como económica.
Se convertirá, además, en el principal interlocutor del Ejecutivo con el Parlamento, donde los partidos aliados son cada vez más reticentes a sostener la alianza urdida en 2003 para dar vida a la administración del Partido de los Trabajadores (PT).
El poder en las sombras
La oposición ha advertido que, en la práctica, Rousseff "abdicó" a favor de su mentor político. Han denunciado también que Lula sólo busca blindarse en la causa Petrobras, que investiga una monumental red de pago de sobornos montada por funcionarios, legisladores de la alianza oficialista y empresarios.
Rousseff defendió que su relación con su antecesor es "sólida" y se fundamenta en los cimientos del "proyecto común" que ambos comparten. La llegada de Lula al gabinete ha sido, según su versión, necesaria "para ayudar a Brasil".
De hecho, el presidente del Senado, Renan Calheiros, dijo que Lula "indiscutiblemente" tiene buenas relaciones con las dos cámaras, con lo que puede ayudar a negociar la permanencia del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) en el Gobierno.
El PMDB es el partido más importante de Brasil, y el pasado fin de semana, durante una convención de su directiva, se dio un plazo de 30 días para evaluar si sale del Ejecutivo por sus desavenencias con Rousseff, lo que podría alimentar el juicio político que la oposición trata de impulsar contra la mandataria.
Escuchas
El nombramiento de Lula ya había provocado las quejas opositoras, que lo consideraron una "afrenta al Estado Democrático de Derecho" por los intentos, evidentes, de evadir a la Justicia. Pero ha sido una serie de escuchas telefónicas lo que finalmente indignó a los brasileños.
El juez Sergio Moro, a cargo de la investigación contra Lula, difundió una conversación en la que Rousseff informa a Lula que ya está en camino el papel con su nombramiento, listo para que lo use "en caso de necesidad".